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Para saber más, descarga El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe: ¿cómo será el mercado laboral para las mujeres? aquí.

Hay dos grandes tendencias tecnológicas que transformarán drásticamente la manera en la que trabajamos en los próximos años: la automatización y las plataformas de intermediación. Y las mujeres, en general, se encuentran en una situación más precaria frente a ambos cambios. 

La primera de estas tendencias, la automatización, es básicamente el reemplazo de ciertas tareas o labores rutinarias en las oficinas y fábricas por robots, software o máquinas. La segunda, las plataformas de intermediación, representa una cambio en la manera en la que se contrata a trabajadores, donde a través de aplicaciones o sitios web se conecta a usuarios que necesitan un servicio con la gente que puede ofrecerlo; es la llamada economía gig, e incluye a compañías como Airbnb, Uber y Rappi. 

Ambas abren nuevas oportunidades y riesgos para los trabajadores. La automatización hará irrelevantes muchos puestos de trabajo y generará otros nuevos, primordialmente en áreas de programación, análisis de datos o en áreas difíciles de emular por máquinas, como empatía o creatividad. Por otro lado, la economía gig hace más flexible el trabajo, pero también lo hace más precario; estas plataformas no tienden a ofrecer derechos sociales como seguro médico, pensiones o vacaciones. 

En nuestra nueva publicación, El futuro del trabajo en América Latina y el Caribe: ¿cómo será el mercado laboral para las mujeres? , diagnosticamos el impacto que estos cambios tecnológicos tendrán sobre el empleo femenino. En términos generales, hay tres condiciones que hace a las mujeres más vulnerables que los hombres frente a estas grandes tendencias: una es la baja participación laboral; seguido de la segregación horizontal, que es la desigual distribución de hombres y mujeres en ciertas áreas de estudio u ocupaciones; y la segregación vertical, que es la dificultad que enfrentan las mujeres para acceder a puestos directivos. 

Muchos de estos problemas empiezan desde la infancia y continúan rumbo a la juventud. Las normas culturales y sociales fomentan que las mujeres realicen tareas relacionadas con el cuidado como la educación, salud o el servicio doméstico; mientras que a los hombres se les estimula a elegir áreas más matemáticas y técnicas, como la ingeniería o la computación. 

 

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Esto afecta lo que estudian y, eventualmente, dónde trabajan. En América Latina y el Caribe, las mujeres representan el 60% de los graduados universitarios, pero solo representan el 30% de los graduados en carreras STEM, que son aquellas relacionadas con ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Por otro lado, mientras el 30% de las mujeres se vinculan a sectores de cuidado como educación, salud, servicio doméstico, solo el 6% de hombres lo hacen. 

Esto las deja más vulnerables, ya que muchos de los trabajos mejores pagados y menos propensos a ser reemplazados por la automatización se encuentran en las áreas de STEM. Los datos para cuatro países de la región (Argentina, Brasil, Chile y México) muestran que entre las 20 habilidades más demandadas por los empleadores, la mitad están vinculadas directamente con el desarrollo de tecnología. Además, la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos pronostica que los oficios de estadística, desarrollador de software y matemáticas crecerán en un 34%, un 31% y un 30% para 2026, respectivamente.

También, las mujeres enfrentan una mayor dificultad para acceder a puestos directivos en el campo laboral donde se desempeñan, por lo cual desarrollan menos habilidades que les permitan sobrellevar las nuevas tendencias tecnológicas. En la región, apenas el 20% de los cargos de alta gerencia en administración pública y el 4,2% de los directores ejecutivos de empresas que cotizan en bolsa son mujeres. Además, de 14.412 compañías analizadas, solo el 21,4% tiene alguna mujer en puestos de alto rango y, cuando alcanzan algún puesto directivo, tienden a estar involucradas en roles de apoyo como directoras de recursos humanos o directoras financieras.

 

 

“Estas tendencias tecnológicas afectan de distinta manera a los hombres y mujeres. Lo que vemos es que la mujeres no están desarrollando habilidades cuantitativas avanzadas, no están desarrollando habilidades de comunicación y de gestión porque generalmente son los hombres que están en puestos más altos, mientras las mujeres hacen tareas más rutinarias.” dice Monserrat Bustelo, especialista senior de la División de Género y Diversidad del BID. “ Las tareas rutinarias que realizan son mucho más fáciles de reemplazar por robots”, dice.

No todo pronostica para mal. Hay algunas áreas laborales menos vulnerables a la automatización, como la educación o la salud, donde las mujeres están bien representadas, y donde se espera un mayor crecimiento debido al envejecimiento poblacional. Por otro lado, mientras los datos disponibles para seis países de la región (Argentina, Colombia, Ecuador, Guatemala, Paraguay y Perú) señalan que las mujeres hacen un uso más limitado de los dispositivos digitales y de internet, incluida la participación en la economía gig, estas plataformas podrían ser un mecanismo efectivo para fomentar una mayor participación laboral femenina. 

Actualmente, la brecha de género laboral en la región de América Latina y el Caribe es una de las más altas del mundo. A pesar de los avances en la participación laboral femenina en los últimos 50 años, en los que ha llegado al 58%, aún se encuentra muy por debajo de la masculina, que ronda el 82%, y la tasa varía mucho por país; la menor participación laboral femenina de la región está en Guatemala (39%) y la mayor en Uruguay (70%). La mayor flexibilidad y fácil acceso podría beneficiar a aquellas mujeres que cuidan de familiares o hijos a acceder al mercado laboral.  

 

 

¿Qué se puede hacer al respecto?

El estudio plantea tres áreas de acción que beneficiarán tanto a hombres como mujeres, y que podrían fomentar la participación laboral femenina y romper la segregación horizontal y vertical. La primera es promover la educación continua en tecnología, tanto en áreas básicas como avanzadas, y en las llamadas habilidades del siglo XXI, como la creatividad, resolución de conflicto y empatía. La segunda es replantear la infraestructura de protección social para que incluya a aquellos trabajadores que lo hacen desde ubicaciones remotas o entornos más flexibles. Mientras que la tercera es mejorar la calidad de los empleos en los sectores de atención, educación y salud, para que incluyan protección social, brinden estabilidad económica y ofrezcan una movilidad ascendente.

Para ello, el BID está trabajando en varias iniciativas que abarcan toda la vida de las mujeres.

 Por ejemplo, para romper los estereotipos de género negativos sobre las carreras STEM que empiezan en la infancia, el BID se alió con Plaza Sésamo para crear la campaña “Pequeñas Aventureras”, una iniciativa de comunicación masiva que busca estimular el sentido de pertenencia de las niñas con las matemáticas y las ciencias.

 

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También hemos apoyado programas de orientación vocacional juveniles y de educación continua dirigidos a mujeres para facilitar su entrada a las áreas tecnológicas. Un ejemplo es nuestra alianza con Laboratoria, una empresa social dedicada a entrenar en informática a mujeres y niñas de manera intensiva.

Finalmente, para fomentar una mayor participación de mujeres en puestos liderazgo, el BID se alió con el Foro Económico Mundial para crear la Iniciativa de Paridad de Género,  una plataforma público-privada que plantea medidas concretas para cerrar las brechas económicas de género en tres aspectos: participación, brechas salariales y progresión femenina.

“Hay muchas políticas públicas que son necesarias para cambiar esto, no sólo una. Un pedazo es la parte del aprendizaje en tecnología, pero también hay que cambiar muchas estructuras, como las políticas de permisos de maternidad y paternidad pagadas”, dice Bustelo. ”Para que las mujeres tengan mejores condiciones laborales mañana, hay que moldearlo hoy. Porque si no arreglamos el mercado laboral ahora, va a ser muy difícil hacerlo en el futuro”, dice. 
 

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