Agricultores preservan las cuencas de Jamaica

Agricultores preservan las cuencas de Jamaica

La naturaleza reina en las Montañas Azules y la cordillera John Crow de Jamaica. Estas tierras altas albergan cientos de plantas y numerosos animales autóctonos: aves, reptiles, anfibios, caracoles e incluso mariposas en peligro de extinción. En medio de esta rica biodiversidad se encuentran las cuencas de los ríos Hope y Yallahs, que suministran más del 40 por ciento del agua utilizada en hogares, negocios y granjas en el área metropolitana de Kingston, la capital del país.

Proteger estas dos cuencas de la degradación ecológica se ha convertido en una prioridad; enfrentan amenazas derivadas de la agricultura, la extracción de madera y leña, la minería, la explotación de canteras y el desbroce de tierras para construir viviendas.

montañas azules

“El problema es que la cubierta forestal se ha reducido”, dice Loúreene Jones, gerente de integración de la gestión del agua, la tierra y los ecosistemas en la Agencia Nacional de Medio Ambiente y Planificación (NEPA, por sus siglas en inglés) de Jamaica. “A menor cobertura forestal, más áreas expuestas, lo que provoca mayor erosión y sedimentación. Cuando llueve mucho, una gran cantidad de sedimento se arrastra hacia las áreas de captación de donde proviene el agua para suministrar agua potable a Kingston”.

“Esto provoca que la empresa de servicios de agua tenga que cerrar el sistema, lo que provoca cortes de agua”, añade.

Para contrarrestar estas amenazas, NEPA implementa desde 2014 el proyecto Manejo Integrado del Área de Manejo de la Cuenca Yallahs-Hope, con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En Jamaica, el camino para preservar las cuencas pasa por implementar técnicas y prácticas de gestión de la tierra que impulsen la agricultura y la silvicultura sostenibles. Para lograrlo, NEPA ha apostado por la participación de las comunidades aledañas a las cuencas, creando incentivos económicos y financieros que protejan la biodiversidad y promuevan el manejo sostenible de las áreas afectadas.

Los agricultores en particular son fundamentales en la restauración y protección de los recursos hídricos. “Dirigirse a los agricultores a través de capacitación, demostraciones prácticas e incentivos para mejorar sus técnicas y prácticas de cultivo y manejo del suelo es fundamental para cualquier esfuerzo por reducir la erosión dentro de la cuenca”, dice Yuri Chakalall, especialista senior para la gestión de riesgos y desastres naturales del Sector de Cambio Climático y Desarrollo Sostenible del (CSD) del BID. "Sin esta inversión en reforestación, capacitación de los agricultores y el control de la erosión, los volúmenes y la calidad del suministro de agua probablemente enfrentarán una mayor variabilidad y disminución".

Un beneficiario de esta capacitación, Garfield Willis, regresó a Jamaica en 2015 tras años de vivir en el extranjero. De vuelta a su tierra natal, este padre soltero optó por dedicarse a la agricultura para mantener a sus tres hijos.

"Mi padre era agricultor, así que no me resultó extraño", dice Willis. "Fui a la ciudad un día con solo mi pasaje de autobús y 100 dólares jamaicanos (menos de 1 dólar americano)".

Entró en una tienda que vendía semillas de cultivos y se enteró por el propietario de que el perejil le daría buenos rendimientos. “Tomé mis cien dólares, compré las semillas de perejil y no comí. Luego, me fui a casa, las sembré en mi jardín [en las Montañas Azules] y todas las mañanas las regué”.

Para sorpresa de Willis, en poco tiempo las semillas se convirtieron en una cosecha abundante. Después de ir al mercado a vender todos los jueves, hizo cuentas y se percató de que había ganado 75,000 dólares jamaicanos (aproximadamente 510 dólares americanos).. Con estos ingresos, le era posible cubrir la escolarización de sus hijos y sus necesidades. También podría invertir más en su granja.

Entre las razones de su éxito menciona la formación que recibió por parte del proyecto Yallahs-Hope. "Aproveché la oportunidad en cuanto me enteré, ya que no se trataba solo de agricultura, se trataba de un aprendizaje mucho más completo", dice Willis. Desde entonces, ha plantado col rizada, apio y café, y prevé seguir cultivando su granja y ahorrar lo suficiente para enviar a su hija mayor a la universidad.

La capacitación de Willis le enseñó cómo podía contribuir a la preservación del área, utilizando partes de su tierra sin sembrar para crear barreras en las laderas que evitan la erosión del suelo. También le permitió crecer sus cultivos de una forma no solo sostenible, sino más económica, reutilizando residuos en la finca a través de técnicas como el compostaje y gastando menos en fertilizantes y pesticidas.

“A veces usábamos muchos químicos, quemábamos la tierra para limpiarla. Gracias a las clases ya no usamos tantos productos, lo que disminuye la erosión del suelo”, dice Willis, quien valora su propia contribución a la protección del medio ambiente y el suministro de agua del país.

La meta es que, mediante la inversión en las capacidades de los agricultores, se alcance el equilibrio necesario entre su sustento y el impacto ecológico de sus actividades.

"A todos nos gusta el café de Jamaica y elogiamos su calidad, pero cuando viajas hasta la fuente de este café el impacto no intencionado de la limpieza de tierras por parte de los agricultores se vuelve muy evidente", dice Andre Reid, gerente interino del proyecto. “Les decimos, 'sí, entendemos que necesitan ganarse la vida, pero de esta manera podemos ayudarnos unos a otros'. Decimos, 'planta estos árboles entre tus cafetos y verás que se escurre menos tierra y obtendremos más agua.'"

La educación fue clave para superar la reticencia inicial de los agricultores y así poder proporcionarles herramientas para preservar la tierra de la que dependen. Con apoyo de una agencia asociada, la Autoridad de Desarrollo Agrícola Rural (RADA, por sus siglas en inglés), 402 alumnos se graduaron de la escuela de campo para agricultores. Su aprendizaje garantiza difusión de prácticas sostenibles, y ya ha dado sus primeros frutos: la reforestación de 500 hectáreas de tierra.

La prevención y el manejo de incendios forestales fueron otras habilidades críticas que desarrollaron los agricultores para ayudar a proteger el área de la cuenca.

“El área es propensa a grandes incendios. Con la ayuda de RADA, el Departamento Forestal y el Cuerpo de Bomberos, una de las cosas que se les enseñó a los agricultores fue cómo crear una línea de fuego, limpiando una sección alrededor de su granja para evitar que el fuego se propague. También se creó un grupo de vigilancia contra incendios y se apoyó con herramientas y equipos, para que tengan la capacidad de apagar un inicio de incendio”, dice Shanice Bedward, exdirectora técnica del componente de capacitación de agricultores del proyecto.

Bedward ve los resultados de la capacitación como un éxito: “A largo plazo, habremos logrado una buena cantidad de cobertura forestal. Es muy gratificante escuchar a los agricultores hablar sobre lo que aprendieron, cómo los benefició y la satisfacción que obtuvieron al ser parte de esto”, dice.

"No creo que quieran dañar el medio ambiente a propósito o no adherirse a las mejores prácticas, pero a veces simplemente las desconocen. Poder enseñarles y exponerlos a las mejores prácticas genera conciencia. Además, probablemente educarán a alguien más. Algunos de ellos incluso dicen que esta es la primera vez que se gradúan de algo y están orgullosos de tener ese certificado”, dice Bedward.

Con el apoyo de los agricultores para preservar las cuencas, se da un paso para garantizar que el acceso al agua pueda continuar sin interrupciones.

“Con la mejora en la gestión de la tierra, deberíamos ver una reducción en la erosión y la cantidad de sedimento que llega río abajo, que las presas se carguen con sedimentos y se creen más cortes en el suministro de agua”, dice Chakalall del BID.

“Así como se realizan inversiones públicas para recolectar, tratar y distribuir agua a los consumidores, se deben realizar inversiones públicas para asegurar que las cuencas puedan mantener su integridad. Así garantizaremos un suministro sostenible en el futuro”, dice.

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