Conservación de ecosistemas de agua dulce: Hacia una estrategia de manejo integrado de recursos hidrícos

Por Enrique Bucher, Gonzalo Castro, Vinio Flores (12/97, ENV-114, En, Es) Vea también Medio Ambiente

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De los estuarios costeros y los deltas de México a los lagos de Centroamérica y de los ríos y antiguos meandros de la Amazonia al Pantanal en el Brasil, la región de América Latina y el Caribe presenta vastos y diversos ecosistemas de agua dulce. La diversidad de especies que se encuentran en esos ecosistemas es también realmente extraordinaria, especialmente en el caso de los peces. Los invertebrados y las plantas son también extremadamente diversos en todo el Amazonas. Vastos sectores de la región se encuentran todavía en el proceso de ocupación y explotación por el ser humano, lo que abre nuevas oportunidades de desarrollo sostenible.

Los ecosistemas de agua dulce, además de servir de hábitat fundamentales para una amplia variedad de especies, proporcionan diversos beneficios a la sociedad. Las marismas, los lagos y los ríos son ecosistemas relacionados entre sí que abastecen de agua a la región, previenen y regulan las inundaciones, previenen la intrusión de agua salada, reducen los efectos de la erosión al mantener sedimentos, retienen sustancias nutritivas y eliminan sustancias tóxicas, estabilizan el microclima, sirven de sumidero de carbono para el mundo, sirven de medio de transporte y constituyen excelentes lugares turísticos.

Los ecosistemas de agua dulce son extremadamente productivos y gran parte de lo que producen puede ser utilizado por el hombre. Los recursos forestales, los recursos naturales y silvestres, la pesca, los recursos de forraje, los recursos agrícolas y los recursos energéticos no son más que unas pocas de las categorías de los productos derivados de los ecosistemas de agua dulce. El valor de estos productos suele medirse en millones de dólares al año en cada lugar y representa una importante fuente de ingresos tanto para las comunidades rurales como para las urbanas.

Los ecosistemas de agua dulce constituyen hábitat fundamentales para un conjunto muy rico de especies amenazadas. La utilización de genes de especies silvestres que se encuentran en marismas constituye un importante medio de mejorar variedades cultivadas de plantas. Algunas marismas tienen también importancia social y cultural y ofrecen valores estéticos, que en algunos casos están relacionados con creencias y actividades religiosas y espirituales. En muchos casos son también lugares de importancia histórica.

A pesar de su importancia crítica, suele considerarse que muchos ecosistemas de agua dulce carecen de utilidad. La ignorancia generalizada sobre su importancia ha contribuido a este concepto y ha promovido la destrucción y degradación de esos ecosistemas. En todo el mundo se ha descuidado gravemente la conservación de la diversidad biológica de las aguas dulces y hay ecosistemas enteros amenazados de extinción. La causa primordial de la pérdida de recursos es la alteración del hábitat, impulsada por el rápido crecimiento de la población y tendencias de desarrollo, planificado y no planificado, poco prudentes. La erosión y la deforestación de los bosques de cuencas de captación ha alcanzado una enorme intensidad en las laderas orientales de los Andes, desde Colombia hasta el norte de la Argentina. El desarrollo rural (en su mayor parte para el cultivo de arroz) está afectando a las marismas en toda América Latina y el Caribe. La contaminación procedente de la minería y la industria, al igual que del desarrollo humano, suscita cada vez mayor preocupación (Comisión de Medio Ambiente y Desarrollo de América Latina y el Caribe, 1996). En la actualidad, los principales recursos hídricos de América Latina están química y biológicamente contaminados en un grado considerable. La construcción de presas y la canalización de ríos redundan también en detrimento de importantes recursos de agua dulce.

Lamentablemente, las cuestiones de sostenibilidad de las aguas dulces no parecen constituir una consideración primordial en la planificación y ejecución de proyectos de aprovechamiento de aguas, como tampoco en la asignación de permisos de utilización. En realidad, en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe los derechos de agua no están subordinados a los efectos que puedan tener en el medio ambiente ni pueden ser modificados para reducir un peligro para el medio ambiente. Las tendencias actuales indican que, a menos que se formule y ponga en práctica efectivamente una política sostenible sobre ordenación de los recursos hídricos, la base de estos recursos se ha de deteriorar con cada vez mayor rapidez (Lee, 1990).

La formulación de una política sostenible y la ordenación de los recursos hídricos para el BID debería basarse en los siguientes principios rectores:

Se necesita un enfoque integral y de ecosistema para asegurar la sostenibilidad a largo plazo de los ecosistemas de América Latina y el Caribe. Por enfoque de ecosistema nos referimos a una política de ordenación que considere que los recursos hídricos constituyen parte de sistemas funcionales (como cuencas completas o sistemas de llanuras aluviales) en que se tengan debidamente en cuenta las complejas interrelaciones entre los componentes físicos y los bióticos.

La ordenación de los recursos de agua dulce debe formar parte de un planteamiento cabal de la planificación y supervisión a largo plazo de la utilización sostenible de recursos naturales, con inclusión de los aspectos ecológicos, económicos y sociales.

Hay que llegar a un nuevo equilibrio entre la tendencia cada vez mayor hacia la privatización y mundialización de la economía y la función, que cabe tanto a la sociedad civil como al Estado, de prevenir la degradación de los recursos de agua.

Poner en práctica estos principios distará de ser fácil. Sin embargo, los perjuicios ambientales, sociales y económicos que cabe prever si no se invierte el ritmo actual de degradación de los recursos de agua dulce en América Latina y el Caribe son enormes.

Ultima actualización: 08/05/07

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