Macroeconomía, ajuste estructural y equidad en Colombia. 1978-1996
El análisis de los efectos de las variables macroeconómicas y de las medidas de liberación económica sobre la pobreza y la distribución del ingreso han estado en el centro del debate económico latinoamericano en los últimos años. El trabajo pionero de Morley (1994) encontró que tanto la pobreza como la distribución del ingreso tienden a mejorar con el crecimiento económico y a deteriorarse con la inflación, y que hay evidencia de que la política de salarios mínimos tiene efectos redistributivos. Los efectos de los ajustes estructurales sobre el crecimiento de las exportaciones son, para este autor, claves para determinar los efectos favorables o desfavorables de las medidas de liberación sobre los indicadores sociales.
Trabajos recientes de la CEPAL (1997) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID, 1997; Londoño y Székely, 1997) han tendido a confirmar que la pobreza mejora con el crecimiento económico y se deteriora con la inflación, pero han encontrado resultados más ambiguos sobre los efectos del crecimiento sobre la distribución. Aunque los dos últimos estudios han mostrado impactos levemente positivos, la evidencia empírica regional no parece apoyar dicha hipótesis. En efecto, la recuperación económica de América Latina en la década actual se ha visto reflejada en una reducción de la pobreza, pero no en un mejoramiento de la distribución del ingreso. El gran milagro económico de la última década en la región, Chile, tiende a confirmar los comportamientos disímiles de la pobreza y la distribución del ingreso frente a un comportamiento macroeconómico exitoso.
Londoño y Székely (1997) han encontrado también evidencia según la cual la acumulación de capital físico tiene efectos positivos sobre la equidad. Siguiendo las conclusiones del ensayo paralelo de Birdsall y Londoño (1997), han planteado igualmente que la alta concentración en la distribución de activos físicos es un determinante importante de la inequitativa distribución del ingreso en la región. El primero de estos trabajos, al igual que el informe reciente del BID (1997), han mostrado además que, a través de sus efectos positivos sobre el crecimiento económico, las reformas estructurales tienden a mejorar la distribución del ingreso.
El trabajo comparativo de Berry (1997) ha presentado tal vez la argumentación más contundente en contra de esta última conclusión. En efecto, este autor muestra una evidencia amplia acerca de los efectos distributivos adversos de las reformas estructurales que se han llevado a cabo en América Latina en las dos últimas décadas. El trabajo de la CEPAL (1997) ha mostrado, a su vez, que los procesos de liberación económica han tenido efectos distributivos adversos, asociados a la limitada generación de empleo que caracteriza los procesos de reestructuración productiva y al sesgo que generan estos procesos hacia la demanda de mano de obra calificada. Estas conclusiones se han confirmado a nivel más general en el informe reciente de la UNCTAD (1997), que encuentra, en particular, efectos distributivos desfavorables de la globalización sobre la distribución del ingreso en muchos países, incluso industrializados y algunas de las economías exitosas del sudeste asiático.
Otros trabajos recientes han sugerido diversas hipótesis acerca de por qué las reformas estructurales pueden tener efectos adversos sobre la distribución del ingreso. La más sugestiva es la de Rodrik (1997), según la cual la globalización acentúa la asimetría entre los grupos que pueden cruzar con mayor facilidad las fronteras nacionales -el capital y la mano de obra más calificada- y aquellos que no pueden hacerlo -la mano de obra menos calificada-. La posibilidad de relocalizar la producción hace que la demanda laboral se torne mucho más elástica en todos los países, reduciendo la capacidad de negociación de los trabajadores y aumentando la inestabilidad de sus ingresos frente a choques en la demanda. Berry (1997) y Robbins (1996b) han explorado, a su vez, diversos sesgos tecnológicos que pueden explicar esta relación adversa entre reformas estructurales y equidad: por una parte, economías de escala en el comercio y en el financiamiento internacionales, que se reflejan en la mayor participación en estas actividades de las firmas más grandes dentro de cada sector, las cuales son más intensivas en capital y/o en mano de obra más calificada; por otra, mayores transferencias de tecnología asociadas al propio comercio, incluidas aquellas que se transmiten a través de las importaciones de maquinaria y equipo, las cuales pueden inducir la adaptación rápida de tecnologías intensivas en mano de obra más calificada provenientes de países desarrollados.
En las comparaciones que surgen de estos estudios regionales, Colombia aparece como una historia relativamente exitosa, lo cual resulta especialmente cierto en los años ochenta. Debido a la capacidad del país de evitar los grandes desbalances macroeconómicos que caracterizaron a la región a fines de la década de los setenta y comienzos de los ochenta, la economía colombiana es la más estable de la región y ha experimentado, después de Chile, el ritmo más alto de crecimiento económico durante las dos últimas décadas. Como resultado de ello, Colombia pudo evitar el aumento en la incidencia de la pobreza y el deterioro en la distribución del ingreso que experimentaron la mayoría de los países latinoamericanos durante la "década perdida". Su experiencia durante los años noventa, en cambio, ha sido menos excepcional, tanto en términos de crecimiento económico como de evolución de los indicadores sociales. No obstante, el país ha experimentado una nueva reducción de la pobreza en la década actual. Como veremos, esta mejoría se ha concentrado en gran medida en las grandes ciudades y ha estado acompañada de grandes choques distributivos que han tendido a neutralizarse entre sí.
Este trabajo analiza los efectos del comportamiento macroeconómico y las reformas estructurales sobre la pobreza y la distribución del ingreso en Colombia. Está basado en un procesamiento uniforme y consistente de las encuestas de hogares disponibles para las dos últimas décadas. Usa también en forma extensa el trabajo paralelo de otros autores.
El documento ha sido dividido en seis secciones, la primera de las cuales es esta introducción. La segunda presenta un bosquejo de la evolución general de la economía y de las reformas estructurales en las dos últimas décadas. En la tercera se plantean unas breves consideraciones sobre la evolución de las de condiciones de vida de la población y de la política social. La cuarta hace un análisis detallado de la evolución de los indicadores globales de pobreza y distribución del ingreso y su relación con las tendencias globales de la economía. La quinta expone unos ejercicios formales sobre los determinantes macroeconómicos de la pobreza y la distribución del ingreso. El trabajo termina con una breve sección de conclusiones.
Ultima actualización: 16/01/07