La dimensión de género en la pobreza, la desigualdad y la reforma macroeconómica en América Latina
La reforma de la política macroeconómica afecta un amplio rango de actividades, sectores e instituciones económicas y variables de precios y producción, todas las cuales afectan a su vez a los individuos, sus vínculos con el mercado laboral y su remuneración y, en última instancia, los ingresos del hogar (Psacharopoulos et al 1994; Morley 1994; Bourguignon et al 1989; Altimir 1984). El efecto diferencial de la reforma de la política macroeconómica sobre la mujer aún no ha sido plenamente documentado. Sin embargo, podemos identificar algunas variables intermedias -tales como precios, gastos, tasas de participación de la fuerza laboral, ingresos y salarios relativos y estimativos de la segmentación del mercado laboral- que capten los efectos de la reforma de las políticas sobre la mujer como productora y consumidora, y que puedan tener impacto sobre la desigualdad del ingreso individual y sobre la pobreza de las familias (Joekes and Weston, 1994; Gladwin 1991; Commonwealth Secretariat, 1989; Kakwani et. al. , 1989; Lantican et. al. , 1996).
Lo que usualmente se encuentra en todos los lugares y culturas es un menor acceso de la mujer a activos y recursos productivos tales como la tierra, el crédito, las divisas y el capital financiero, físico y humano. Con frecuencia, la mujer tiene que trabajar mayor número de horas -tanto en el sector productivo como en el reproductivo-, dispone de menores recursos, tiene menos oportunidades, gana salarios más bajos, enfrenta mayores limitaciones de tiempo y consume menos ocio (Blackden y Morris-Hughes, 1993; Moser, Herbert y Makonnen, 1993; Joekes et. al. , 1988). Afirmar entonces que, puesto que constituye una mayor proporción de las personas económicamente desfavorecidas, la mujer sufrirá en forma desproporcional cualquier cambio que exacerbe la pobreza y la desigualdad, podría ser aparentemente fácil.
Pero la evidencia no es tan clara como uno quisiera. En primer lugar, es difícil separar los efectos de las reformas de las condiciones previas que generaron la necesidad de imponer el programa de ajuste. En segundo lugar, los efectos de una crisis económica y los rigores de una reforma no se sienten inmediatamente; y la respuesta rezagada de indicadores sociales básicos tales como fertilidad, mortalidad infantil y expectativa de vida, complican adicionalmente cualquier relación de causalidad. En tercer lugar, es difícil establecer las relaciones micro y macro que nos permitan rastrear las reformas específicas y particulares y sus efectos sobre las variables de precios y producción y, en última instancia, sobre los salarios individuales y sobre los ingresos y consumos familiares per cápita. Adicionalmente, el debate sobre el impacto que tienen los ajustes sobre la mujer se complica según la medida utilizada para explorar la dimensión de género de las reformas. La literatura casi siempre enfatiza los análisis desagregados de género sobre la participación en el mercado laboral, ingresos y salarios (Guerra, 1997; Arriagada, 1994; Francke, 1992). Además, se intenta vincular estas variables intermedias a los ingresos y consumos familiares totales y per cápita, utilizando el sexo de la cabeza de familia como una característica de género que puede influir estas variables de resultado (Barros Fox y Mendonca, 1997; Blackden y Morris Hughes, 1993; Commonwealth Secretariat, 1989).
Este capítulo busca aportar al conocimiento en cuanto a género en los estudios de pobreza y desigualdad, durante el período de reformas recientes en América Latina y el Caribe, apoyándose en la evidencia de los estudios de caso presentados en este volumen. El capítulo resumirá los cambios que se han dado en la participación económica de la mujer y su vinculación al mercado laboral en las últimas tres décadas en América Latina y el Caribe. Los datos aquí presentados resaltan que la participación desigual de la mujer en los diferentes sectores puede ser una de las causa de los diferenciales persistentes entre los salarios de hombres y mujeres, tanto tiempo inexplicados. Son precisamente estas diferencias en la participación, remuneración y vinculación sectorial las que pueden estar explicando el perfil de pobreza por género en América Latina.
Por otra parte, las tendencias en la pobreza pueden descomponerse utilizando el sexo de la cabeza de familia como una característica de género para captar los cambios en la proporción de los pobres. Los estudios de caso revelan que mientras la pobreza está disminuyendo en 8 de los 14 países, los hogares con cabeza de familia femenina están aumentando como proporción de la población pobre en 5 de estos 8 países. Es interesante anotar que los hogares con cabeza de familia femenina sólo tienen una representación más alta en 6 de los 14 países (ver tablas 3 y 4). Los estudios de caso no presentan evidencias convincentes de que el género de la cabeza de familia influya en la probabilidad de que esa familia sea pobre. Sin embargo, extender la definición de cabeza de familia a una de mantenimiento femenino puede producir resultados diferentes.
Este capítulo argumenta que la cabeza de familia femenina no es la medida correcta para identificar los factores de género que pueden predisponer a las familias a la pobreza. El hecho de que la familia sea mantenida con ingresos femeninos resulta ser mejor medida de una característica de género que influye en la probabilidad de que la familia sea pobre. Aplicando la noción de mantenimiento femenino, se ofrece aquí un detallado análisis de los determinantes de pobreza para los casos de Costa Rica y El Salvador. El ensayo concluye con recomendaciones de política que enfatizan la importancia de descomponer las tendencias en la pobreza considerando el mantenimiento femenino y subraya la necesidad de una exploración detallada y desagregada por género de los determinantes de la pobreza, como herramienta para refinar la política y llevar a cabo acciones focalizadas.
Ultima actualización: 16/01/07