
Agradecimientos
El evento “Liderazgo e
Igualdad: Cambiando el Perfil de la Política en América Latina” fue organizado
por SDS/SOC en colaboración con SDS/GED, PROLID, el Grupo de Diversidad del
Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo de Inclusión Social.
Los organizadores del
evento quisieran agradecer a las siguientes organizaciones por su apoyo
generoso en esta iniciativa y su compromiso en hacer de este evento un diálogo
exitoso:
§ La Fundación Interamericana
§ Iniciativa Global Afro-Latina y Caribeña
(GALCI)
§ Consejo Nacional de Mujeres Negras (National
Council of Negro Women)
§ La Consulta Inter-Agencial sobre Raza
Asimismo, quisiéramos
reconocer el apoyo del Presidente del BID, Luis Alberto Moreno, así como de
Alicia Ritchie, Michael Jacobs, Marco Ferroni, Wanda Engel, Gabriela Vega,
Laura Ripani, Claire Nelson, Linda Kolko, Dra. Marta Moreno Vega,
Cynthia Colas, Khalil Kuykendall y Nikole Killion.
Nuestro
agradecimiento especial a las panelistas Zulia Mena, Dorotea Wilson, Judith
Morrison, Sergia Galván, Beatriz Ramírez, Epsy Campbell Barr, Melanie Campbell,
la Honorable Dorothy Bailey y Luci Murphy, cuyas biografías se encuentran
anexas a este documento, por su tiempo, candor y compromiso en la lucha por la
igualdad racial, la igualdad de género y la promoción de una nueva forma de
liderazgo en América Latina y el Caribe.
La
Secretaría del Fondo de Inclusión Social
1.
Introducción
6
2.
Antecedentes
7
3.
Panel I – Rompiendo Tradiciones: Marcando un Cambio
desde dentro del Sistema
8
4.
Panel II – Nuevos Horizontes en el
Liderazgo:
Redes Nacionales y la Cuestión de la Identidad 11
5.
Intercambio de Experiencias de Liderazgo: Mujeres
Cambiando el Perfil de la Política
en las Américas 15
6.
Recomendaciones 19
7.
Comentarios Finales 19
8.
Anexo I: Biografía de los Participantes 21
Banco Interamericano de Desarrollo
Conferencia “Liderazgo e Igualdad: Cambiando el Perfil de la Política en
América Latina”
20 de marzo de 2006
“Cuando una persona
se sitúa en el dolor o la piel de otra persona para transformar la sociedad en
la que vive, es ahí cuando ella está construyendo una verdadera democracia.”
Congresista Epsy
Campbell, Costa Rica
(parte de un discurso dado el 20 de marzo de
2006 en el BID en Washington, D.C.)
El seminario sobre Género, Identidad y
Liderazgo, llevado a cabo el 20 de marzo de 2006, fue organizado en
reconocimiento de dos fechas importantes en marzo: el Día Internacional de la
Mujer (8 de marzo) y el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación
Racial. El objetivo de este encuentro era estimular el diálogo y crear
conciencia sobre los logros y desafíos en el desarrollo del liderazgo con
relación a género, etnia y raza, al mismo tiempo que mujeres Afrodescendientes
asumen nuevos papeles en los procesos de toma de decisiones en América Latina.
El evento estuvo
dividido en dos paneles y un debate en formato mesa redonda para motivar la
participación de la audiencia y el intercambio con los panelistas. El primer
panel se enfocó en el liderazgo electo con énfasis en el análisis de los
desafíos y los avances que las mujeres en general, y muy recientemente las
Afrodescendientes, están experimentando en ésta área. El segundo panel se
concentró en el papel de las redes nacionales e internacionales en la formación
de liderazgo entre las mujeres y, específicamente, como medios de entrenamiento
para el liderazgo de las mujeres negras. La última sesión de diálogo contó con
un intercambio animado sobre experiencias de liderazgo entre mujeres
Afrodescendientes provenientes de seis países de América Latina, así como
Afrodescendientes y Afrolatinas de los Estados Unidos y del Caribe. La
discusión se centró en la necesidad de fortalecer las redes nacionales y la
colaboración para proveer espacios tanto formales como informales para el
desarrollo de liderazgo entre mujeres de descendencia africana.
Además de la delegación de mujeres líderes y de
los funcionarios del Banco Interamericano de Desarrollo, más de 50
representantes de oficinas y agencias del gobierno los Estados Unidos,
organizaciones de la sociedad civil, universidades locales, la Organización de
los Estados Americanos y el Banco Mundial participaron de los diferentes
actividades del día. Asimismo, estas actividades fueron transmitidas a
representaciones del BID en once países.
Uno de los objetivos claves del Fondo de
Inclusión Social, en conjunto con SDS/SOC, es el de aumentar la concientización
de estos temas a través del desarrollo de actividades de aprendizaje como esta
serie de diálogos, y la distribución de lecciones aprendidas o “best practices”
en inclusión social dentro del BID. A través de su estrategia de diseminación,
el Fondo de Inclusión Social distribuye ampliamente la información sobre
eventos publicaciones, guías y herramientas relevantes, en un intento de
introducir el concepto y las prácticas efectivas de inclusión social en la
región.
Se estima que hay 150 millones de personas
Afrodescendientes en América Latina y el Caribe.[1]
Este número representa, aproximadamente, al 40% de la población total de la
región. La población Afrodescendiente sufre enormes brechas en los indicadores
más básicos de desarrollo. Ilustrativamente se mostraron datos de las
formidables diferencias raciales que se perciben en Brasil y Colombia en lo que
se refiere a pobreza, analfabetismo, y acceso a agua (potable) y servicios
sanitarios. Asimismo, estos grupos enfrentan importantes desafíos para la
acumulación de capital humano y la obtención de empleo. Por ejemplo, los/las
Afroecuatorianos representan el 70% del total de los pobres en el país y el
13.5% de los desempleados[2].
Del total de la población Afrodescendiente en
América Latina, al menos la mitad son mujeres. La situación de la mujer, en
promedio, ha mejorado significativamente en la región.[3]
Sin embargo, el análisis de los datos desagregados que existen muestra que las
mujeres Afrodescendientes, indígenas y pertenecientes a otros grupos excluidos,
han sido dejadas de lado, sufriendo una discriminación cumulativa: son
excluidas de trabajos tradicionalmente para mujeres por su raza, y son
excluidas de los trabajos para hombres por ser mujeres. Hay varias estadísticas
que demostraban esta situación de desventaja. Por ejemplo, las mujeres
Afrodescendientes se encuentran en la base de la pirámide salarial en Brasil
mientras que los hombres blancos están ubicados en la cúspide y en términos de
remuneración ellas reciban ocho veces menos con la misma formación y años de
experiencia.[4]
En la intersección entre raza/etnia y género se
encuentran cuatro factores determinantes de la exclusión política y social que
deben ser combatidos en América Latina: 1) invisibilidad en las estadísticas y
estudios nacionales; 2) mayor pobreza y carencia estructural; 3)
estigmatización; 4) discriminación y
5)carencias cumulativas.[5]
Las diferencias económicas y sociales también se
traducen en diferencias políticas. En el 2002 sólo el 4.4% de los congresistas
brasileños eran Afrodescendientes, a pesar de que los Afrobrasileños
representan a casi la mitad de la población.[6]
En 2003, Colombia, cuya población Afrodescendiente representa aproximadamente
el 26% de total de la población, tenía apenas un senador Afro-Colombiano y tres
Diputados. No existía ningún Ministro
Afrodescendiente en el gabinete o en las cortes.[7]
Todas estas cifras muestran claramente la
existencia de un círculo vicioso en el cual los grupos socialmente excluidos
tampoco cuentan con una voz de influencia en la toma de decisiones, y con poco
poder colectivo para intervenir en el desarrollo de las políticas públicas. Un
proceso democrático con estas características cuenta con una debilidad básica
que detiene el crecimiento económico y las oportunidades de desarrollo. Frente
estos datos, el BID está comprometido con una serie de planes y actividades enfocadas
en los grupos tradicionalmente excluidos, fortaleciendo las instituciones para
que promuevan la inclusión, y apoyando una mejor recolección de datos que
permitan conocer de manera más detallada la realidad de este sector “invisible”
de la población.
Desde su trabajo y participación en la
Conferencia Mundial Contra el Racismo, el Banco Interamericano de Desarrollo ha
realizado varias iniciativas formales en materia de inclusión social para
promover este tema, incluyendo las siguientes actividades:
Panel I
Rompiendo
Tradiciones: Marcando un Cambio desde dentro del Sistema
Una oleada de cambio está tomando lugar en la política y en la formación de
la política pública en América Latina. En esta nueva era de crecientes procesos
globalizadores, vastas desigualdades están amenazando a la democracia, y una
mayor necesidad de sociedades más incluyentes está guiando el cambio en la
región. Un mayor número de mujeres, incluyendo mujeres Afrodescendientes, está
apuntando a y logrando posiciones tradicionalmente ocupadas por hombres durante
una época donde las mujeres, especialmente aquellas con Afrodescendencia,
todavía representan uno de los grupos más excluidos en la región.
En este marco de discusión, se conformó un panel con la participación de
Zulia Mena, Dorotea Wilson y Laura Ripani, moderado por Michael Jacobs, Jefe de
la División de Programas Sociales de la Región 3. El objetivo del panel era
debatir sobre el papel de líderes mujeres en educación y en la promoción de
políticas de inclusión, en particular, sobre las políticas de acción
afirmativas en educación, las cuotas para mujeres y minorías étnicas en la
participación política, y los derechos económicos, sociales y culturales.
Marco
Ferroni. Subgerente, Departamento de Desarrollo Sostenible. Se inauguró el
evento destacando que la conferencia englobaba dos temáticas: la lucha por la
igualdad de género y la lucha por la integración y el fin de la discriminación
racial. Marco Ferroni señaló que América Latina tiene una historia de exclusión
y desigualdad que resulta en la pobreza moderna. La combinación de estos
factores con cuestiones de género, raza y etnia produce un efecto aún más
grave, que urge ser remediado.
Laura
Ripani. Economista, SDS/SOC. El panel comenzó con una revisión general sobre el
cambio en el perfil de la política en América Latina, sus principales
tendencias y desafíos. Dentro de una perspectiva global, se puede decir que a
las líderes de las Américas les está yendo bien, aunque los niveles de
representación son más altos en el Caribe que en América Latina. El nivel de
mujeres en el Parlamento es comparable al de Europa (sin incluir a los países
nórdicos). Asimismo, se ha registrado un crecimiento constante de la presencia
de mujeres en el nivel de toma de decisiones en el ámbito local y nacional en
casi todos los países. No obstante, hay grandes diferencias en la composición
institucional. Asimismo, los países que poseen una ley de cuotas tienen un
mayor porcentaje de mujeres en el poder legislativo, mientras que aquellos sin
esa política tienen un menor porcentaje de representación femenina.
El progreso de la
mujer en la escala social, en los cambios culturales y en la democratización ha
ampliado sus oportunidades para ejercer liderazgo. En primer lugar, se han
expandido sus capacidades y oportunidades. La esperanza de vida ha aumentado de
54 años de edad en la década de 1950 a 72 años en los noventa. El nivel de
fertilidad ha disminuido de seis hijos en los años cincuenta a tres hijos en la
década de 1990. En 1970, las mujeres representaban 20% de la fuerza de trabajo,
mientras que en la actualidad se acercan al 35%. Hoy en día, las mujeres
representan el 50% de los estudiantes de secundaria y de nivel universitario
Todo esto implica que un mayor número de mujeres forma parte de las reservas de
personas calificadas de donde emergen los líderes y de donde se los reclutan.
Sin embargo, las oportunidades para las mujeres, especialmente de ciertos
grupos étnicos/raciales, son menores. Varios indicadores muestran su posición
desfavorable a nivel salarial, laboral y de ingresos.
En segundo lugar, se
han expandido sus posibilidades de ejercer liderazgo porque ha habido un cambio
de la actitud pública hacia el liderazgo de la mujer. En general, la opinión
pública hacia la participación política femenina en América Latina es
favorable. Por ejemplo, el 70% de las personas entrevistadas en Perú en 1998
creen que la participación de la mujer en la toma de decisiones debe
incrementarse. Las mujeres son percibidas como más honestas, más preocupadas
por los pobres y más democráticas. Asimismo, en un estudio realizado en 1998,
la gran mayoría declaró que el sexo de un candidato no era determinante en su
decisión de voto en las elecciones nacionales.
En tercer lugar, se
destacó que los procesos de transición a la democracia en América Latina
estimuló el surgimiento de movimientos sociales de mujeres. Los partidos
políticos incluyeron a estos movimientos, atrayendo muchas mujeres a puestos de
liderazgo. Así, muchas mujeres han entrado al ámbito público desde
organizaciones de derechos humanos, grupos vecinales, ONG’s o sindicatos laborales.
De este modo, la
década de los 90s ha sido testigo de grandes logros en el campo del liderazgo
femenino. Un mayor número de mujeres han alcanzado puestos de poder, las cuales
han abogado por cambios en leyes y políticas para mejorar la vida tanto de hombres
como de mujeres; y el público también ha expresado que la mujer debe ejercer
poder, lo cual beneficiará a la
sociedad. Sin embargo, la situación de exclusión de oportunidades para mujeres,
especialmente Afrodescendientes e indígenas, sigue existiendo como una barrera
a este ascenso político y social.
Luego de esta mirada
general, el panel se enfocó en experiencias particulares de mujeres
Afrodescendientes que ocupan posiciones de liderazgo en América Latina.
Zulia Mena. La ex congresista de Colombia, cuenta con una larga trayectoria en la
promoción de los derechos humanos. Durante su exposición, ella comentó que
desde muy temprana edad vivió y entendió la desigualdad y exclusión en
Colombia. A pesar de vivir en una comunidad predominantemente negra e indígena,
a los 7 años era la única mujer negra en su escuela. Las experiencias vividas
la llevaron a tomar una actitud proactiva y a embarcarse en una campaña de
sensibilización.
Según explicó, el 26%
de la población colombiana está compuesta por Afrodescendientes e indígenas, y
a pesar del significativo número, sufren racismo y exclusión, los cuales son
temas que no son muy reconocidos a nivel nacional. Los niveles de vida de la
comunidad negra son desesperanzadores; tiene una esperanza de vida menor; no
tienen seguridad alimenticia ya que no pueden cultivar su alimento; la
violencia del país los desplazó a las ciudades donde tienen menos
posibilidades.
En la década de 1980 empezaron con un proceso nacional de reivindicación de
los derechos de los negros en Colombia, que comprende dos vertientes. Por un
lado, la necesidad de garantizar los derechos,
y por el otro, la búsqueda de soluciones a la falta de acceso a las
necesidades básicas. El objetivo principal que los empuja es garantizar la
permanencia de la comunidad negra, y su cultura, en Colombia.
La participación de
la mujer negra en los espacios políticos nacionales es muy limitada. A modo de
ejemplo, el Chocón cuenta con un 92% de población Afrodescendiente, de los 31
municipios que lo componen, sólo uno tiene como alcalde a una mujer negra. Y en
el poder legislativo nacional sólo hay dos mujeres Afrodescendientes.
En el movimiento
nacional existen distintos liderazgos. Algunos de base, como campesinos que tal
vez no saben leer y escribir, pero que juegan un rol fundamental. Zulia Mena
acompaña, en particular, en la construcción del proyecto de vida a los
campesinos y sus comunidades, en términos de qué quieren ellos, a dónde quieren
llegar, qué educación quisieran obtener, a qué recursos naturales quieren
acceder, entre otros. Desde su punto de vista, el liderazgo es entendido como
una lucha clara por un proyecto de vida. En ese sentido, comentó que no basta
con llegar al Congreso si no hay compromiso con una lucha colectiva.
La particularidad del
enfoque en Colombia es que se busca la reivindicación de los derechos como
pueblo Afrodescendiente. Se resisten a hablar sólo de las mujeres; hablan de
política, economía, cultura como pueblo. Inclusive los grupos que se
enfocan en los derechos de las mujeres están asociadas a esta idea de pueblo,
sin perder de vista su identidad como mujeres negras de Colombia.
Finalmente,
Zulia comentó que hubo avances importantes para la comunidad negra indígena en
Colombia, pero que es muy importante seguir adelante, porque además de obtener
derechos, estos deben ser garantizados en la vida cotidiana.
Dorotea Wilson. La segunda
experiencia personal que se compartió en el panel fue con Dorotea Wilson de
Nicaragua. Ella es ex gobernadora de Puerto Cabezas y promotora de derechos de
la mujer y de los grupos étnicos.
Nicaragua se
caracteriza por estar consolidando la paz y empezando a construir una sociedad
democrática. En este contexto, y a pesar de la firma de varios convenios y
tratados internacionales, los derechos de las mujeres son los menos abordados
en la agenda pública. En particular, la situación de las mujeres
Afrodescendientes e indígenas suele estar marcada por la discriminación,
pobreza y exclusión.
Según explicó Dorotea Wilson, las mujeres están creando redes, como
iniciativas de participación, en función de sus intereses. A modo de ejemplo,
en 1996 se formó una coalición nacional con mujeres de partidos políticos y
feministas; existe además una red de mujeres contra la violencia con 150 grupos
de la sociedad civil que tienen presencia en 38 territorios, entre muchos otros
mencionados. Asimismo, hay iniciativas a nivel regional como el Grupo AMICA que
engloba a mujeres caribeñas.
La visión de
liderazgo de Dorotea involucra esta idea de creación de redes y alianzas. No
cree en un modelo en el que un individuo pueda generar un cambio por si mismo;
el cambio debe ser generado a través de redes y coaliciones nacionales,
partiendo desde la localidad, con la promoción de la participación y el
acceso al poder. Es por ello que en Nicaragua se está solicitando
fuertemente una ley de cuotas que permita que las mujeres sean ubicadas en
posiciones de liderazgo. Si bien existen cuotas por etnias, estas suelen estar
representadas por hombres.
Por otro lado, la
construcción de redes también debe llevarse al plano regional e internacional
logrando un movimiento de empoderamiento de las redes de mujeres negras, a
través de cumbres, seminarios, y encuentros diversos que promuevan su agenda.
Dorotea considera que el liderazgo se construye y que es
posible construir un liderazgo distinto.
Hacia el final del
panel, durante la sesión de preguntas y respuestas, se habló de la importancia
de mejorar los métodos de conteo estadístico que refleje
de manera más adecuada la presencia de los grupos étnicos y excluidos. Esto
representa varios desafíos, como por ejemplo la definición de identidad y por
otro lado la homogeneización de datos. Ha sido una dificultad persistente en
muchos países pero que lentamente está empezando a cambiar.
Las reflexiones finales se dirigieron a destacar los logros a nivel de
participación política y de educación, que de forma combinada trajeron logros y
reivindicaciones en la política tradicional y en la formulación de políticas
públicas, así como los avances en materia de superación de los prejuicios
raciales. Sin embargo, a pesar de estos avances, todavía hay mucho trabajo por
delante.
Nuevos horizontes en el liderazgo: Redes
Nacionales y la Cuestión de la Identidad
El segundo panel fue moderado por Gabriela
Vega, Jefa de la Unidad de Genero en la División Social del
Departamento de Desarrollo Social en el BID. La exposición contó también con la
introducción del tema por Judith Morrison y presentaciones peritos de Sergia
Galván y Beatriz Ramírez. El mismo se basó en el debate sobre cómo resolver el
problema de la discriminación y construir enfoques pluralistas dentro de redes
establecidas sobre género y los derechos de la mujer. Este debate ha estado
candente por décadas, ya que inicialmente los temas de desigualdad de género no
contemplaban la marginalización de mujeres Afrodescendientes e indígenas en
América Latina. Sin embargo, estas mujeres persistieron en su lucha por la
igualdad de género, construyendo sus propias redes dentro de comunidades
Afrodescendientes e indígenas en el ámbito nacional, regional e internacional.
Sus experiencias representando comunidades específicas, trabajando a la par por
el desarrollo integral de las mujeres, han dado profundidad al debate sobre
género y ha fortalecido sus posiciones como líderes entre las mujeres.
Judith Morrison. La Directora Ejecutiva de la Consulta Inter-Agencia sobre Raza
destacó que uno de los principales puntos que se trata en este panel es que los
grupos enfocados en ayudar a las mujeres negras también ayudan a la comunidad
negra en su totalidad. Su trabajo consiste en promover la democracia y aliviar
la pobreza. Tanto el marco teórico como la retórica de estos grupos es
inclusivo, universalizan la lucha y su liderazgo. Los grupos no sólo representan
a su género, sino también, y fundamentalmente, a ideas democráticas. Es por
ello que es necesario considerar a las líderes Afrodescendientes como líderes
hemisféricos.
Por ejemplo, Zulia Mena no sólo es la primera mujer Afrodescendiente
congresista, sino la primera persona Afrodescendiente que llega al Congreso en
Colombia. En el panel anterior se propuso la importancia de repensar tanto el
lenguaje como la terminología que se utiliza, evitando dicotomías. Vale decir,
ellas son líderes hemisféricas, y no mujeres líderes, o líderes
Afrodescendientes.
Sergia
Galván. Líder de movimientos feministas y Afrodescendientes por
más de 25 años y Directora de la Red Caribeña de Salud confirmó la existencia
del movimiento Afrodescendiente en la
región y en particular la existencia del movimiento fuerte de mujeres
Afrodescendientes.
El liderazgo, como
mujeres, no está disociado de su responsabilidad con las comunidades y su
gente. Ellas llevan la carga de ser voceras de su pueblo. Asimismo, tienen
múltiples responsabilidades, incluyendo su familia y sus hijos, y es por ello
que es necesario brindarles un fuerte apoyo.
El tema de la identidad está presente constantemente al reflexionar estas
temáticas. En la década de 1970, emergió tal fuerza social de lucha contra el
racismo al interior de las comunidades Afrodescendientes que llegó a
constituirse en un pujante movimiento contra el racismo, la marginación y
exclusión, y por la ampliación de derechos, apuntando a una transformación
cultural.
Asimismo, ideas
feministas irrumpieron en la sociedad, con propuestas innovadoras, cuestionando
el poder, orden social, y los paradigmas existentes y criticando fuertemente al
patriarcado como eje de la subordinación de las mujeres. Este movimiento
produjo una revolución sobre la autonomía de las mujeres, la resignación del
cuerpo y la sexualidad.
Estos dos
movimientos, a pesar de coincidir en aspectos como la ampliación de derechos,
la autonomía, la crítica al Estado y la manera de concebir el “conocimiento
científico”, el interés por transformar la cultura, y cuestionamiento a la
exclusión y marginación social, se fueron construyendo en paralelo y, en
ocasiones, en oposición.
Estos movimientos
generaron nuevos actores sociales y nuevos liderazgos. En el movimiento Afrodescendiente
había una importante y activa participación de mujeres. En el movimiento
feminista había también una presencia de mujeres Afrodescendientes, pero en
menor proporción, ya que era un movimiento liderado por mujeres de clase media
blanca.
A pesar de contar con
la participación de mujeres Afrodescendientes y de que este sector de la
sociedad se veía fuertemente afectado por su condición etnoracial, la pobreza,
la falta de educación, el escaso acceso a la salud, y la limitada participación
política, ninguno de los dos movimientos logró dar respuestas a sus demandas y
necesidades específicas.
Después de años de
trabajo e involucramiento, mujeres líderes de ambos movimientos empiezan a
desvelar la exclusión, los abordajes homologantes, el supuesto igualitarismo, y
comienzan a reivindicar la diferencia. Así también empiezan a plantearse la
construcción de una respuesta que pueda dar cabida a sus necesidades. Fue así
que las mujeres Afrodescendientes se agruparon y en cada encuentro de los
movimientos sacaban declaraciones y construían una agenda alternativa. En 1992,
se realizó el primer encuentro de mujeres negras y conformaron un mecanismo de
articulación: La Red de Mujeres Negras.
Es decir, con el
tiempo mujeres de ambos movimientos empezaron a reivindicar las diferencias y a
buscar nuevas respuestas. Se construyeron organizaciones en toda la región. Han
proliferado las organizaciones de esas mujeres que están en los movimientos
pero que buscan respuestas más específicas. Se da la doble militancia, en el
movimiento feminista y en las organizaciones Afrodescendientes, tratando de
colocar su discurso y dar visibilidad a sus especificidades.
Han encontrado varios
obstáculos en su trabajo, principalmente porque es un movimiento caracterizado
por múltiples intereses y reivindicaciones, que soporta las presiones de las
prácticas tradicionales y diversas influencias ideológicas. La identidad
etnoracial se construye como individualidad y como colectividad, desde la
historia de vida que contiene opresiones y discriminaciones.