Agradecimientos

 

El evento “Liderazgo e Igualdad: Cambiando el Perfil de la Política en América Latina” fue organizado por SDS/SOC en colaboración con SDS/GED, PROLID, el Grupo de Diversidad del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo de Inclusión Social.

 

Los organizadores del evento quisieran agradecer a las siguientes organizaciones por su apoyo generoso en esta iniciativa y su compromiso en hacer de este evento un diálogo exitoso:

 

§ La Fundación Interamericana

§ Iniciativa Global Afro-Latina y Caribeña (GALCI)

§ Consejo Nacional de Mujeres Negras (National Council of Negro Women)

§ La Consulta Inter-Agencial sobre Raza

 

Asimismo, quisiéramos reconocer el apoyo del Presidente del BID, Luis Alberto Moreno, así como de Alicia Ritchie, Michael Jacobs, Marco Ferroni, Wanda Engel, Gabriela Vega, Laura Ripani, Claire Nelson, Linda Kolko, Dra. Marta Moreno Vega, Cynthia Colas, Khalil Kuykendall y Nikole Killion.

 

Nuestro agradecimiento especial a las panelistas Zulia Mena, Dorotea Wilson, Judith Morrison, Sergia Galván, Beatriz Ramírez, Epsy Campbell Barr, Melanie Campbell, la Honorable Dorothy Bailey y Luci Murphy, cuyas biografías se encuentran anexas a este documento, por su tiempo, candor y compromiso en la lucha por la igualdad racial, la igualdad de género y la promoción de una nueva forma de liderazgo en América Latina y el Caribe.

 

 

 

La Secretaría del Fondo de Inclusión Social

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Contenido

 

1. Introducción                                                                                                           6

 

2. Antecedentes                                                                                                          7

 

3. Panel I – Rompiendo Tradiciones: Marcando un Cambio

desde dentro del Sistema                                                                       8

 

4. Panel II – Nuevos Horizontes  en el Liderazgo:

Redes Nacionales y la Cuestión de la Identidad                               11

 

5. Intercambio de Experiencias de Liderazgo: Mujeres

            Cambiando el Perfil de la Política en las Américas                         15

 

6. Recomendaciones                                                                                     19

 

7. Comentarios Finales                                                                                           19

 

8. Anexo I:  Biografía de los Participantes                                                           21

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Banco Interamericano de Desarrollo

Conferencia “Liderazgo e Igualdad: Cambiando el Perfil de la Política en América Latina”

20 de marzo de 2006

 

 

“Cuando una persona se sitúa en el dolor o la piel de otra persona para transformar la sociedad en la que vive, es ahí cuando ella está construyendo una verdadera democracia.”

 

Congresista Epsy Campbell, Costa Rica

 (parte de un discurso dado el 20 de marzo de 2006 en el BID en Washington, D.C.)

 

Introducción

 

El seminario sobre Género, Identidad y Liderazgo, llevado a cabo el 20 de marzo de 2006, fue organizado en reconocimiento de dos fechas importantes en marzo: el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo) y el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial. El objetivo de este encuentro era estimular el diálogo y crear conciencia sobre los logros y desafíos en el desarrollo del liderazgo con relación a género, etnia y raza, al mismo tiempo que mujeres Afrodescendientes asumen nuevos papeles en los procesos de toma de decisiones en América Latina.

 

El evento estuvo dividido en dos paneles y un debate en formato mesa redonda para motivar la participación de la audiencia y el intercambio con los panelistas. El primer panel se enfocó en el liderazgo electo con énfasis en el análisis de los desafíos y los avances que las mujeres en general, y muy recientemente las Afrodescendientes, están experimentando en ésta área. El segundo panel se concentró en el papel de las redes nacionales e internacionales en la formación de liderazgo entre las mujeres y, específicamente, como medios de entrenamiento para el liderazgo de las mujeres negras. La última sesión de diálogo contó con un intercambio animado sobre experiencias de liderazgo entre mujeres Afrodescendientes provenientes de seis países de América Latina, así como Afrodescendientes y Afrolatinas de los Estados Unidos y del Caribe. La discusión se centró en la necesidad de fortalecer las redes nacionales y la colaboración para proveer espacios tanto formales como informales para el desarrollo de liderazgo entre mujeres de descendencia africana.

 

Además de la delegación de mujeres líderes y de los funcionarios del Banco Interamericano de Desarrollo, más de 50 representantes de oficinas y agencias del gobierno los Estados Unidos, organizaciones de la sociedad civil, universidades locales, la Organización de los Estados Americanos y el Banco Mundial participaron de los diferentes actividades del día. Asimismo, estas actividades fueron transmitidas a representaciones del BID en once países.

 

Uno de los objetivos claves del Fondo de Inclusión Social, en conjunto con SDS/SOC, es el de aumentar la concientización de estos temas a través del desarrollo de actividades de aprendizaje como esta serie de diálogos, y la distribución de lecciones aprendidas o “best practices” en inclusión social dentro del BID. A través de su estrategia de diseminación, el Fondo de Inclusión Social distribuye ampliamente la información sobre eventos publicaciones, guías y herramientas relevantes, en un intento de introducir el concepto y las prácticas efectivas de inclusión social en la región.

 

Antecedentes

 

Se estima que hay 150 millones de personas Afrodescendientes en América Latina y el Caribe.[1] Este número representa, aproximadamente, al 40% de la población total de la región. La población Afrodescendiente sufre enormes brechas en los indicadores más básicos de desarrollo. Ilustrativamente se mostraron datos de las formidables diferencias raciales que se perciben en Brasil y Colombia en lo que se refiere a pobreza, analfabetismo, y acceso a agua (potable) y servicios sanitarios. Asimismo, estos grupos enfrentan importantes desafíos para la acumulación de capital humano y la obtención de empleo. Por ejemplo, los/las Afroecuatorianos representan el 70% del total de los pobres en el país y el 13.5% de los desempleados[2].

 

Del total de la población Afrodescendiente en América Latina, al menos la mitad son mujeres. La situación de la mujer, en promedio, ha mejorado significativamente en la región.[3] Sin embargo, el análisis de los datos desagregados que existen muestra que las mujeres Afrodescendientes, indígenas y pertenecientes a otros grupos excluidos, han sido dejadas de lado, sufriendo una discriminación cumulativa: son excluidas de trabajos tradicionalmente para mujeres por su raza, y son excluidas de los trabajos para hombres por ser mujeres. Hay varias estadísticas que demostraban esta situación de desventaja. Por ejemplo, las mujeres Afrodescendientes se encuentran en la base de la pirámide salarial en Brasil mientras que los hombres blancos están ubicados en la cúspide y en términos de remuneración ellas reciban ocho veces menos con la misma formación y años de experiencia.[4]  

En la intersección entre raza/etnia y género se encuentran cuatro factores determinantes de la exclusión política y social que deben ser combatidos en América Latina: 1) invisibilidad en las estadísticas y estudios nacionales; 2) mayor pobreza y carencia estructural; 3) estigmatización; 4)  discriminación y 5)carencias cumulativas.[5]

 

Las diferencias económicas y sociales también se traducen en diferencias políticas. En el 2002 sólo el 4.4% de los congresistas brasileños eran Afrodescendientes, a pesar de que los Afrobrasileños representan a casi la mitad de la población.[6] En 2003, Colombia, cuya población Afrodescendiente representa aproximadamente el 26% de total de la población, tenía apenas un senador Afro-Colombiano y tres Diputados.  No existía ningún Ministro Afrodescendiente en el gabinete o en las cortes.[7]

 

Todas estas cifras muestran claramente la existencia de un círculo vicioso en el cual los grupos socialmente excluidos tampoco cuentan con una voz de influencia en la toma de decisiones, y con poco poder colectivo para intervenir en el desarrollo de las políticas públicas. Un proceso democrático con estas características cuenta con una debilidad básica que detiene el crecimiento económico y las oportunidades de desarrollo. Frente estos datos, el BID está comprometido con una serie de planes y actividades enfocadas en los grupos tradicionalmente excluidos, fortaleciendo las instituciones para que promuevan la inclusión, y apoyando una mejor recolección de datos que permitan conocer de manera más detallada la realidad de este sector “invisible” de la población.

 

Desde su trabajo y participación en la Conferencia Mundial Contra el Racismo, el Banco Interamericano de Desarrollo ha realizado varias iniciativas formales en materia de inclusión social para promover este tema, incluyendo las siguientes actividades:

 

  1. elaboración de un plan de acción para el combate a la exclusión por motivos étnicos y raciales y su informe de progreso;
  2. participación activa en la Consulta Inter.-agencial sobre Raza y Pobreza en América Latina y el Caribe (LAC) y en el Grupo de Trabajo Inter-agencial sobre Cuestiones Indígenas;
  3. creación de un Grupo Técnico de trabajo sobre inclusión social y el Comité Coordinador de Alto Nivel; y
  4. creación del Fondo de Inclusión Social, una fuente de financiamiento para proyectos innovadores que toman en cuenta el impacto de la exclusión de los Afrodescendientes, pueblos indígenas, personas viviendo con el estigma de VIH/SIDA, personas con discapacidades y mujeres pobres.

 

 

Panel I

Rompiendo Tradiciones: Marcando un Cambio desde dentro del Sistema

 

Una oleada de cambio está tomando lugar en la política y en la formación de la política pública en América Latina. En esta nueva era de crecientes procesos globalizadores, vastas desigualdades están amenazando a la democracia, y una mayor necesidad de sociedades más incluyentes está guiando el cambio en la región. Un mayor número de mujeres, incluyendo mujeres Afrodescendientes, está apuntando a y logrando posiciones tradicionalmente ocupadas por hombres durante una época donde las mujeres, especialmente aquellas con Afrodescendencia, todavía representan uno de los grupos más excluidos en la región.

En este marco de discusión, se conformó un panel con la participación de Zulia Mena, Dorotea Wilson y Laura Ripani, moderado por Michael Jacobs, Jefe de la División de Programas Sociales de la Región 3. El objetivo del panel era debatir sobre el papel de líderes mujeres en educación y en la promoción de políticas de inclusión, en particular, sobre las políticas de acción afirmativas en educación, las cuotas para mujeres y minorías étnicas en la participación política, y los derechos económicos, sociales y culturales.

Marco Ferroni. Subgerente, Departamento de Desarrollo Sostenible. Se inauguró el evento destacando que la conferencia englobaba dos temáticas: la lucha por la igualdad de género y la lucha por la integración y el fin de la discriminación racial. Marco Ferroni señaló que América Latina tiene una historia de exclusión y desigualdad que resulta en la pobreza moderna. La combinación de estos factores con cuestiones de género, raza y etnia produce un efecto aún más grave, que urge ser remediado.

Laura Ripani. Economista, SDS/SOC. El panel comenzó con una revisión general sobre el cambio en el perfil de la política en América Latina, sus principales tendencias y desafíos. Dentro de una perspectiva global, se puede decir que a las líderes de las Américas les está yendo bien, aunque los niveles de representación son más altos en el Caribe que en América Latina. El nivel de mujeres en el Parlamento es comparable al de Europa (sin incluir a los países nórdicos). Asimismo, se ha registrado un crecimiento constante de la presencia de mujeres en el nivel de toma de decisiones en el ámbito local y nacional en casi todos los países. No obstante, hay grandes diferencias en la composición institucional. Asimismo, los países que poseen una ley de cuotas tienen un mayor porcentaje de mujeres en el poder legislativo, mientras que aquellos sin esa política tienen un menor porcentaje de representación femenina.

El progreso de la mujer en la escala social, en los cambios culturales y en la democratización ha ampliado sus oportunidades para ejercer liderazgo. En primer lugar, se han expandido sus capacidades y oportunidades. La esperanza de vida ha aumentado de 54 años de edad en la década de 1950 a 72 años en los noventa. El nivel de fertilidad ha disminuido de seis hijos en los años cincuenta a tres hijos en la década de 1990. En 1970, las mujeres representaban 20% de la fuerza de trabajo, mientras que en la actualidad se acercan al 35%. Hoy en día, las mujeres representan el 50% de los estudiantes de secundaria y de nivel universitario Todo esto implica que un mayor número de mujeres forma parte de las reservas de personas calificadas de donde emergen los líderes y de donde se los reclutan. Sin embargo, las oportunidades para las mujeres, especialmente de ciertos grupos étnicos/raciales, son menores. Varios indicadores muestran su posición desfavorable a nivel salarial, laboral y de ingresos.

En segundo lugar, se han expandido sus posibilidades de ejercer liderazgo porque ha habido un cambio de la actitud pública hacia el liderazgo de la mujer. En general, la opinión pública hacia la participación política femenina en América Latina es favorable. Por ejemplo, el 70% de las personas entrevistadas en Perú en 1998 creen que la participación de la mujer en la toma de decisiones debe incrementarse. Las mujeres son percibidas como más honestas, más preocupadas por los pobres y más democráticas. Asimismo, en un estudio realizado en 1998, la gran mayoría declaró que el sexo de un candidato no era determinante en su decisión de voto en las elecciones nacionales.

En tercer lugar, se destacó que los procesos de transición a la democracia en América Latina estimuló el surgimiento de movimientos sociales de mujeres. Los partidos políticos incluyeron a estos movimientos, atrayendo muchas mujeres a puestos de liderazgo. Así, muchas mujeres han entrado al ámbito público desde organizaciones de derechos humanos, grupos vecinales, ONG’s o sindicatos laborales.

De este modo, la década de los 90s ha sido testigo de grandes logros en el campo del liderazgo femenino. Un mayor número de mujeres han alcanzado puestos de poder, las cuales han abogado por cambios en leyes y políticas para mejorar la vida tanto de hombres como de mujeres; y el público también ha expresado que la mujer debe ejercer poder,  lo cual beneficiará a la sociedad. Sin embargo, la situación de exclusión de oportunidades para mujeres, especialmente Afrodescendientes e indígenas, sigue existiendo como una barrera a este ascenso político y social.

Luego de esta mirada general, el panel se enfocó en experiencias particulares de mujeres Afrodescendientes que ocupan posiciones de liderazgo en América Latina.

Zulia Mena. La ex congresista de Colombia, cuenta con una larga trayectoria en la promoción de los derechos humanos. Durante su exposición, ella comentó que desde muy temprana edad vivió y entendió la desigualdad y exclusión en Colombia. A pesar de vivir en una comunidad predominantemente negra e indígena, a los 7 años era la única mujer negra en su escuela. Las experiencias vividas la llevaron a tomar una actitud proactiva y a embarcarse en una campaña de sensibilización.

Según explicó, el 26% de la población colombiana está compuesta por Afrodescendientes e indígenas, y a pesar del significativo número, sufren racismo y exclusión, los cuales son temas que no son muy reconocidos a nivel nacional. Los niveles de vida de la comunidad negra son desesperanzadores; tiene una esperanza de vida menor; no tienen seguridad alimenticia ya que no pueden cultivar su alimento; la violencia del país los desplazó a las ciudades donde tienen menos posibilidades.

En la década de 1980 empezaron con un proceso nacional de reivindicación de los derechos de los negros en Colombia, que comprende dos vertientes. Por un lado, la necesidad de garantizar los derechos,  y por el otro, la búsqueda de soluciones a la falta de acceso a las necesidades básicas. El objetivo principal que los empuja es garantizar la permanencia de la comunidad negra, y su cultura, en Colombia.

La participación de la mujer negra en los espacios políticos nacionales es muy limitada. A modo de ejemplo, el Chocón cuenta con un 92% de población Afrodescendiente, de los 31 municipios que lo componen, sólo uno tiene como alcalde a una mujer negra. Y en el poder legislativo nacional sólo hay dos mujeres Afrodescendientes.

En el movimiento nacional existen distintos liderazgos. Algunos de base, como campesinos que tal vez no saben leer y escribir, pero que juegan un rol fundamental. Zulia Mena acompaña, en particular, en la construcción del proyecto de vida a los campesinos y sus comunidades, en términos de qué quieren ellos, a dónde quieren llegar, qué educación quisieran obtener, a qué recursos naturales quieren acceder, entre otros. Desde su punto de vista, el liderazgo es entendido como una lucha clara por un proyecto de vida. En ese sentido, comentó que no basta con llegar al Congreso si no hay compromiso con una lucha colectiva.

La particularidad del enfoque en Colombia es que se busca la reivindicación de los derechos como pueblo Afrodescendiente. Se resisten a hablar sólo de las mujeres; hablan de política, economía, cultura como pueblo. Inclusive los grupos que se enfocan en los derechos de las mujeres están asociadas a esta idea de pueblo, sin perder de vista su identidad como mujeres negras de Colombia.

Finalmente, Zulia comentó que hubo avances importantes para la comunidad negra indígena en Colombia, pero que es muy importante seguir adelante, porque además de obtener derechos, estos deben ser garantizados en la vida cotidiana.

Dorotea Wilson. La segunda experiencia personal que se compartió en el panel fue con Dorotea Wilson de Nicaragua. Ella es ex gobernadora de Puerto Cabezas y promotora de derechos de la mujer y de los grupos étnicos.

Nicaragua se caracteriza por estar consolidando la paz y empezando a construir una sociedad democrática. En este contexto, y a pesar de la firma de varios convenios y tratados internacionales, los derechos de las mujeres son los menos abordados en la agenda pública. En particular, la situación de las mujeres Afrodescendientes e indígenas suele estar marcada por la discriminación, pobreza y exclusión.

Según explicó Dorotea Wilson, las mujeres están creando redes, como iniciativas de participación, en función de sus intereses. A modo de ejemplo, en 1996 se formó una coalición nacional con mujeres de partidos políticos y feministas; existe además una red de mujeres contra la violencia con 150 grupos de la sociedad civil que tienen presencia en 38 territorios, entre muchos otros mencionados. Asimismo, hay iniciativas a nivel regional como el Grupo AMICA que engloba a mujeres caribeñas.

La visión de liderazgo de Dorotea involucra esta idea de creación de redes y alianzas. No cree en un modelo en el que un individuo pueda generar un cambio por si mismo; el cambio debe ser generado a través de redes y coaliciones nacionales, partiendo desde la localidad, con la promoción de la participación y el acceso al poder. Es por ello que en Nicaragua se está solicitando fuertemente una ley de cuotas que permita que las mujeres sean ubicadas en posiciones de liderazgo. Si bien existen cuotas por etnias, estas suelen estar representadas por hombres.

Por otro lado, la construcción de redes también debe llevarse al plano regional e internacional logrando un movimiento de empoderamiento de las redes de mujeres negras, a través de cumbres, seminarios, y encuentros diversos que promuevan su agenda. Dorotea considera que el liderazgo se construye y que es posible construir un liderazgo distinto.

Hacia el final del panel, durante la sesión de preguntas y respuestas, se habló de la importancia de mejorar los métodos de conteo estadístico que refleje de manera más adecuada la presencia de los grupos étnicos y excluidos. Esto representa varios desafíos, como por ejemplo la definición de identidad y por otro lado la homogeneización de datos. Ha sido una dificultad persistente en muchos países pero que lentamente está empezando a cambiar.

Las reflexiones finales se dirigieron a destacar los logros a nivel de participación política y de educación, que de forma combinada trajeron logros y reivindicaciones en la política tradicional y en la formulación de políticas públicas, así como los avances en materia de superación de los prejuicios raciales. Sin embargo, a pesar de estos avances, todavía hay mucho trabajo por delante.

 

 

Panel II

Nuevos horizontes en el liderazgo: Redes Nacionales y la Cuestión de la Identidad

 

El segundo panel fue moderado por Gabriela Vega, Jefa de la Unidad de Genero en la División Social del Departamento de Desarrollo Social en el BID. La exposición contó también con la introducción del tema por Judith Morrison y presentaciones peritos de Sergia Galván y Beatriz Ramírez. El mismo se basó en el debate sobre cómo resolver el problema de la discriminación y construir enfoques pluralistas dentro de redes establecidas sobre género y los derechos de la mujer. Este debate ha estado candente por décadas, ya que inicialmente los temas de desigualdad de género no contemplaban la marginalización de mujeres Afrodescendientes e indígenas en América Latina. Sin embargo, estas mujeres persistieron en su lucha por la igualdad de género, construyendo sus propias redes dentro de comunidades Afrodescendientes e indígenas en el ámbito nacional, regional e internacional. Sus experiencias representando comunidades específicas, trabajando a la par por el desarrollo integral de las mujeres, han dado profundidad al debate sobre género y ha fortalecido sus posiciones como líderes entre las mujeres.

Judith Morrison.  La Directora Ejecutiva de la Consulta Inter-Agencia sobre Raza destacó que uno de los principales puntos que se trata en este panel es que los grupos enfocados en ayudar a las mujeres negras también ayudan a la comunidad negra en su totalidad. Su trabajo consiste en promover la democracia y aliviar la pobreza. Tanto el marco teórico como la retórica de estos grupos es inclusivo, universalizan la lucha y su liderazgo. Los grupos no sólo representan a su género, sino también, y fundamentalmente, a ideas democráticas. Es por ello que es necesario considerar a las líderes Afrodescendientes como líderes hemisféricos.

Por ejemplo, Zulia Mena no sólo es la primera mujer Afrodescendiente congresista, sino la primera persona Afrodescendiente que llega al Congreso en Colombia. En el panel anterior se propuso la importancia de repensar tanto el lenguaje como la terminología que se utiliza, evitando dicotomías. Vale decir, ellas son líderes hemisféricas, y no mujeres líderes, o líderes Afrodescendientes.

Sergia Galván. Líder de movimientos feministas y Afrodescendientes por más de 25 años y Directora de la Red Caribeña de Salud confirmó la existencia del movimiento  Afrodescendiente en la región y en particular la existencia del movimiento fuerte de mujeres Afrodescendientes. 

El liderazgo, como mujeres, no está disociado de su responsabilidad con las comunidades y su gente. Ellas llevan la carga de ser voceras de su pueblo. Asimismo, tienen múltiples responsabilidades, incluyendo su familia y sus hijos, y es por ello que es necesario brindarles un fuerte apoyo.

El tema de la identidad está presente constantemente al reflexionar estas temáticas. En la década de 1970, emergió tal fuerza social de lucha contra el racismo al interior de las comunidades Afrodescendientes que llegó a constituirse en un pujante movimiento contra el racismo, la marginación y exclusión, y por la ampliación de derechos, apuntando a una transformación cultural.

Asimismo, ideas feministas irrumpieron en la sociedad, con propuestas innovadoras, cuestionando el poder, orden social, y los paradigmas existentes y criticando fuertemente al patriarcado como eje de la subordinación de las mujeres. Este movimiento produjo una revolución sobre la autonomía de las mujeres, la resignación del cuerpo y la sexualidad.

Estos dos movimientos, a pesar de coincidir en aspectos como la ampliación de derechos, la autonomía, la crítica al Estado y la manera de concebir el “conocimiento científico”, el interés por transformar la cultura, y cuestionamiento a la exclusión y marginación social, se fueron construyendo en paralelo y, en ocasiones, en oposición.

Estos movimientos generaron nuevos actores sociales y nuevos liderazgos. En el movimiento Afrodescendiente había una importante y activa participación de mujeres. En el movimiento feminista había también una presencia de mujeres Afrodescendientes, pero en menor proporción, ya que era un movimiento liderado por mujeres de clase media blanca.

A pesar de contar con la participación de mujeres Afrodescendientes y de que este sector de la sociedad se veía fuertemente afectado por su condición etnoracial, la pobreza, la falta de educación, el escaso acceso a la salud, y la limitada participación política, ninguno de los dos movimientos logró dar respuestas a sus demandas y necesidades específicas.

Después de años de trabajo e involucramiento, mujeres líderes de ambos movimientos empiezan a desvelar la exclusión, los abordajes homologantes, el supuesto igualitarismo, y comienzan a reivindicar la diferencia. Así también empiezan a plantearse la construcción de una respuesta que pueda dar cabida a sus necesidades. Fue así que las mujeres Afrodescendientes se agruparon y en cada encuentro de los movimientos sacaban declaraciones y construían una agenda alternativa. En 1992, se realizó el primer encuentro de mujeres negras y conformaron un mecanismo de articulación: La Red de Mujeres Negras.

Es decir, con el tiempo mujeres de ambos movimientos empezaron a reivindicar las diferencias y a buscar nuevas respuestas. Se construyeron organizaciones en toda la región. Han proliferado las organizaciones de esas mujeres que están en los movimientos pero que buscan respuestas más específicas. Se da la doble militancia, en el movimiento feminista y en las organizaciones Afrodescendientes, tratando de colocar su discurso y dar visibilidad a sus especificidades.

Han encontrado varios obstáculos en su trabajo, principalmente porque es un movimiento caracterizado por múltiples intereses y reivindicaciones, que soporta las presiones de las prácticas tradicionales y diversas influencias ideológicas. La identidad etnoracial se construye como individualidad y como colectividad, desde la historia de vida que contiene opresiones y discriminaciones.