Gestión de riesgo de desastres


La región de América Latina y el Caribe conoce muy bien la devastación ocasionada por inundaciones, terremotos, huracanes, erupciones volcánicas, deslizamientos de tierra y sequías. En los últimos diez años, las amenazas naturales han dejado un saldo de más de 45.000 muertos, 40 millones de damnificados y daños que superan los US$ 32.000 millones.

Los países de América Latina y el Caribe están gradualmente adoptando el concepto de gestión proactiva para la reducción de desastres. Esto ha sido evidente también en el aumento paulatino de la demanda de financiamiento del Banco; los recursos comprometidos para dicho fin alcanzaron US$ 3.200 millones entre 1996 y 2002. El portafolio de préstamos nos muestra que el 41 por ciento del costo de los proyectos ha sido dirigido a la prevención y mitigación, el 6 por ciento a la respuesta de emergencia a través del mecanismo de Facilidad de Respuesta Inmediata y el 53 por ciento a la rehabilitación y reconstrucción.

El aumento de la frecuencia de los desastres y los daños conexos en la región forman parte de una tendencia mundial causada por una mayor vulnerabilidad y que posiblemente refleje también cambios en las condiciones climáticas. Mientras que los riesgos mundiales parecen estar aumentando, la asistencia global para situaciones de emergencia en el mundo continúa disminuyendo, siguiendo la tendencia iniciada en 1992. Debido a estas tendencias, es indispensable que la región salga del círculo vicioso de destrucción y reconstrucción y aborde las causas fundamentales de su vulnerabilidad, en vez de limitarse a tratar los síntomas y esperar hasta que se produzca un desastre.

Un análisis más detenido de los factores que transforman un fenómeno natural en un desastre humano y económico revela que los problemas fundamentales del desarrollo de la región son los mismos que contribuyen a su vulnerabilidad hacia los efectos catastróficos de las amenazas naturales. Las causas principales de la vulnerabilidad de la región son la urbanización rápida y no regulada, la persistencia de la pobreza urbana y rural generalizada, la degradación del medio ambiente causada por el mal manejo de los recursos naturales, la política pública ineficiente y los rezagos y desaciertos de las inversiones en infraestructura. En la región se invierte muy poco en la mitigación de amenazas naturales, puesto que la política en materia de desastres se ha centrado principalmente en la respuesta a situaciones de emergencia.

Para anticiparse a los desastres en la región y reducir sus efectos, se necesita un enfoque más integral que abarque tanto la reducción de los riesgos antes de los desastres como la recuperación posterior, encuadrado en nuevas políticas y mecanismos institucionales que propicien una acción eficaz. Este enfoque abarca los siguientes tipos de actividades:

El Banco Interamericano de Desarrollo hace un llamamiento para una acción concertada que aborde las causas fundamentales de la vulnerabilidad de la región. Su nuevo enfoque coloca la prevención y la mitigación de desastres a la cabeza de la agenda para el desarrollo de la región. Basándose en su mandato de promover el desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe, el Banco ayudará a los países a integrar la reducción de riesgos en la planificación y las inversiones en el ámbito del desarrollo y crear una capacidad técnica y operacional permanente para manejar la reducción de riesgos más eficazmente.