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Discurso Pronunciado por Carlos Roberto Flores,
Presidente de la Republica de Honduras
Inter-American Development Bank Consultative Group
Meeting for the Reconstruction and Transformation of Central America.
Stockholm 25 May 1999
Tengo al honor y el orgullo de hablarles y de saludarles en nombre del pueblo de la
República de Honduras, un pueblo sacudido y destrozado por uno de los fenómenos
naturales más terribles de esta agonizante centuria.
Una nación que se encaminaba optimista al encuentro con su destino en el próximo
milenio y que, sin embargo, en menos de 72 horas de sorpresiva tragedia perdió lo quo en
dos o tres generaciones habíamos logrado construir, con grandes sacrificios y agobiantes
endeudamientos.
Los Relojes del Mundo
Un pueblo pacífico y hospitalario, que había logrado sortear el gran drama de
violencia civil que sacudió a Centro América en la década perdida, pero cuyas
legítimas aspiraciones de formar un verdadero Estado de Derecho y de enraizar en su suelo
una auténtica democracia participativa, tenían que edificarse a grandes zancadas
históricas, como efectivamente lo hemos hecho en menos de tres lustros, para ponernos a
tiempo con los relojes del mundo.
Conquistas
Los hondureños tenemos tanto de que enorgullecernos en ese tránsito por el camino
azaroso de nuestra evolución política de estos úItimos añs, acreditando entre
nuestros apreciables logros, el fortalecimiento más acelerado de nuestras instituciones
republicanas, el haber dado ejemplos al mundo de nuestro compromiso permanente con la
consulta popular, base esencial del sisterna democrático de gobierno, cuando en jornadas
repetidas y sucesivas ya por varios períodos constitucionales, acudimos a actos
espectaculares de participación ciudadana, y más del 85% de los hondureños inscritos en
los censos, concurren a las urnas, para dar un timbre de la más alta legitimidad a sus
gobiemos y la más clara expresión de su voluntad.
En tan corto tiempo creamos el Ministerio Público para la defensa social, fortalecimos
los organismos de control y auditoría estatal en un decidido esfuerzo por dar una lucha
sin cuartel contra la corrupción y la práctica de manejos viciados en la administración
pública.
En una clara evidencia de nuestro compromiso con el respeto a los derechos esenciales
del hombre, elevamos al Comisionado Nacional de los Derechos Humanos a la categoría de
funcionario constitucional.
Abrimos y ampliamos los espacios a la sociedad civil y civilizamos las instituciones,
transformando el servicio militar abligatorio en "voluntario y educativo";
creamos y ya está en funcionamiento bajo la dirección de una mujer, una policía
eminentemente civil, con un Consejo Ciudadano que le sirve de principal orientador.
En este proceso civilista y democrático, abolimos la figura del Jefe de las Fuerzas
Armadas y la sustituímos por un funcionario civil, subordinado al Presidente de la
República.
Todo esto que enumeramos rápidamente, fue el fruto de la madurez política de nuestros
partidos, de la participación cada vez más decisiva de la sociedad en sus diversas
representaciones de obreros, campesinos, mujeres y empresarios, ha sido todo un proceso
paciente pero incesante y fluído, buscando constantemente las aproximaciones y las
convergencias, antes que las confrontaciones, con una conciencia cada vez más fuerte en
que no es posible el crecimiento económico sin desarrollo social sostenible, ni es
plausible In actividad lucrativa de progreso industrial, descuidando los aspectos vitales
de la ecología y del medio ambiente.
El Huracán Mitch
Un pueblo como el nuestro, caminando de esta manera transparente, haciendo de esta
manera las cosas correctamente, con optimismo, con ilusión y con fe, tenía razones para
confiar en que traspasaríamos los puentes de uno a otro milenio, con una perspectiva más
risueña, más prometedora, menos dura y menos injusta en términos económicos y
sociales. Nuestros enemigos estaban claramente identificados como la pobreza, la
desnutrición, la mortalidad infantil, la ignorancia y la insalubridad. Sabíamos que
teníamos retos que vencer en la economía en los intercambios comerciales, en la deuda
externa y en los desajustes sociales. Pero habíamos avanzado hasta lograr la estabilidad
macroeconómica y la disminución del déficit fiscal, más un control razonable de la
inflación. Las banderas de la esperanza estaban desplegadas y nuestro pueblo trabajaba
duramente para convertir muchas aspiraciones de largo tiempo en realizaciones de corto y
mediano plazo. No estábamos en el puerto de la felicidad, ciertamente, pero navegábamos
resueltos a encontrarla, bajo cualquier sacrificio y con un alto concepto de unidad
nacional. Pero vino el huracán, esa tormenta tropical devastadora que trastocó muchos
sueños, destruyó muchos años de sacrificio, arrebató la vida de miles de compatriotas,
dispersó familias, enlutó hogares, destruyó viviendas y aniquiló miles de puestos de
trabajo; arrasó los campos de cultivo y erosionó las tierras y nos convirtió todo el
territorio en un rompecabezas fragmentado, incomunicado, impotente y ruinoso. Puentes,
edificios, instalaciones físicas, arrebatados como si hubieran sido construídos de
papel; las carreteras pavimentadas, las mejores de Centro América y los caminos de tierra
recibieron las señales de la brutalidad de las aguas y de los derrumbes. No hubo sitio
del país que no conociera el dolor, ni hogar hondureño que no fuera conmocionado por la
pérdida, la muerte y las lágrimas.
Emergencia y Rehabilitación
De ese país venimos con el orgullo de todo lo conquistado pero con la vergüenza de
aceptar que no tenemos los suficientes recursos para hacerle frente a tanta necesidad que
nos deja una desgracia natural brutalmente devastadora, sin paralelo en la historia de las
grandes tragedias que registra la centuria. Por encargo de ese pueblo estamos aquí, para
presentarnos ante ustedes con el rostro limpio y la frente en alto, sabiendo que
representamos a hombres y mujeres curtidos por el sufrimiento y el trabajo, pero decididos
a no dejarnos vencer por la fatalidad, ni permitir que las huellas del desastre nos laven
el alma, nos destiemplen el ánimo, nos debiliten las energías y nos vuelvan pesimistas y
derrotados.
Hemos estado haciendo los más grandes esfuerzos que pueblo alguno puede ofrecer, para
atender a nuestros centenares de miles de damnificados, con nuestros pequeños y ya
agotados recursos y la ayuda magnánima de la comunidad internacional, fraterna y
solidaria, a la cual agradecemos y nunca nos cansaremos de agradecer.
Con nuestras precarias disponibilidades enfrentados a una obra de salvamento,
asistencia humanitaria y rehabilitación de magnitudes colosales, logramos restablecer las
principales vías de comunicación terrestre, tender puentes provisionales, levantar
totalmente el tendido eléctrico y las Iíneas telefónicas, reconstruir casi por completo
nuestros sistemas de agua potable y saneamiento; levantar de nuevo o reparar miles de
escuelas sin que los niños faltasen a sus clases al inaugurarse este año el ciclo
escolar. Reparamos o reconstruimos las centros de asistencia médica en casi la totalidad
del país y, gracias a Dios y a la movilización nacional de brigadas de vacunación, de
descontaminación, de limpieza, de fumigación, de previsión sanitaria y los inagotables
trabajos dedicados a la rehabilitación, no hemos tenido hasta hoy una epidemia grave,
como muchos temían y era previsible esperar, ni ha muerto ningún hondureño por falta de
alimentos.
Los hondureños nos hemos comportado con ejemplar coraje y un espíritu de estoicismo y
de lucha que sólo en desastres de esta magnitud es posible apreciar y valorar en toda su
extensión. Sin duda esta conducta heroica de nuestro pueblo, fue estimulada y enriquecida
con la presencia de tantos voluntarios de distintos países del mundo, compadecidos y
solícitos, para ayudarnos a enjugar nuestras lágrimas y ponernos de pie.
Solidaridad
Altos dignatarios de diferentes naciones, algunos de los cuales están aquí presentes,
llegaron para ver por sus propios ojos lo que la televisión y los periódicos no
alcanzaban ni alcanzarán a describir plenamente. Y nos dieron su respaldo. Y lo
patentizaron de diferentes maneras; en el envío de sus aportaciones de emergencia, en la
condonación con alguna parte de nuestra deuda bilateral, en el respaldo excepcional de
alivio de la deuda en el Club de París, en la confianza que el Fondo Monetario acreditó
a nuestro esfuerzo con la suscripción del acuerdo, ESAF y en el comportarniento ágil y
pragmático de los organismos; internacionales de crédito, algunos de los cuales hoy
auspician y hacen posible esta Reunión del Grupo Consultivo de Estocolmo.
Plan Maestro de Reconstrucción y Transformación Nacional
Ahora entramos a otra etapa importante y decisoria para el destino de Honduras. Vamos a
la reconstrucción y a la transformación del país, bajo un modelo que la propia sociedad
hondureña quiere que sea superior al que hemos tenido y forjado con el concurso de todos
los sectores más representativos de la nación. Un país de consenso, no el mismo
reconstruido, sino uno mejor, porque Io merecemos, hemos sufrido por él y estamos
trabajando por él.
Gran parte de esa visión de nuevo país está plasmada en el documento que aquí
presentaremos bajo el nombre de Plan Maestro de Reconstrucción y Transformación.
Señoras y Señores:
Desastres de la Naturaleza
En términos de relación mundial, los hondureños nos encontramos en esta dramática
situación de hoy, no porque estemos siendo sacudidos por graves conmociones domésticas,o
porque estemos en guerra, o porque estemos polarizados por problemas internos, o por
confrontaciones raciales, étnicas o religiosas. Estamos en dificultades muy serias no
porque hayamos especulado con nuestros instrumentos financieros, o porque tengamos
problemas limítrofes insalvables con nuestros vecinos; tampoco porque no hayamos
afianzado nuestros procesos políticos, o porque no hayamos avanzado suficientemente
rápido en la protección y respeto de los derechos humanos o porque nuestras
instituciones no se han adaptado a las velocidades de los cambios necesarios e
inaplazables que el curso del mundo y de los tiempos nos están exigiendo a todos. Estamos
en esta condición y frente a Ustedes porque la desgracia quiso que cuando íbamos
marchando bien y con clara conciencia de nuestros retos y posibilidades, no sorprendió la
tragedia y nos golpeó de una manera que aun países de mayor desarrollo económico no
podrían enfrentar con sus propios medios. Y aun con lo que para cualquiera hubiera sido
motivo de gran desarticulación social, de desequilibrio y de conmoción, los hondureños
no hemos perdido la estabilidad, ni la gobernabilidad, ni la paz social que con especial
atención tutelamos.
Historia de Exito
Los hondureños hemos tomado nuestra situación corno un nuevo comienzo, como la
oportunidad para que de la tragedia podamos ir de la mano a cruzar el puente de los
milenios, con las demás naciones del mundo, con mayores probabilidades de éxito, con
mayores oportunidades, que con todo merecimiento nos hemos ganado. Los hondureños y
nuestros hermanos centroamericanos estamos listos para ser en el mundo una Historia
de Exito, un éxito que la humanidad de fin de siglo necesita y que la podemos
lograr, escribirla juntos, compartida con los gobiemos y las instituciones que tengan la
visión de acompañarmos con su respaldo y su confianza.
Señoras y Señores:
Honduras espera nuestro regreso con grandes expectativas por los resultados de esta
Reunión. Nosotros abrigamos la plena conflanza de que este encuentro con los países y
organismos cooperantes será un paso muy importante en el camino de nuestra recuperación
y transformación.
Horizontes del Nuevo Milenio
Estamos conscientes que aquí no podrán hacer para nosotros un nuevo país, a la
medida de nuestros deseos y esperanzas. Ese país del futuro y esa nueva región en el
corazón de la América, los seguiremos construyendo nosotros, porque es nuestro deber y
nuestra responsabilidad, no tanto por nosotros los de esta generación, pero por aquellos
niños nacidos y por nacer, que juzgarán si los que vivimos hoy estuvimos a la altura de
sus expectativas y derechos y a tono con las circunstancias de fin de Siglo.
Nuestra Delegaclón, compuesta por un corte transversal de nuestra sociedad y el equipo
técnico del Gobierno, están en la mejor capacidad de satisfacer todas las inquietudes
que en esta Reunión se deseen plantear en torno a nuestro Plan Maestro de Reconstrucción
y Transformación Nacional.
Agradezco a nombre de todos y de Honduras, la generosa hospitalidad del Real Gobierno
de Suecia, para cuyas Soberanas Majestades reinantes y su digno Gobierno pedimos la
protección y la bendición de Dios. Igualmente, deseo agradecer los auspicios del
Banco Interamericano de Desarrollo y el particular interés y gran trabajo que han
empeñado su Excelente Presidente Don Enrique Iglesias y su competente cuerpo de
colaboradores, para la realización de este evento. A cuantos lo han hecho posible, aquí
en Suecia y de otros países e instituciones cooperantes, reciban el más alto
reconocimiento y la más sincera gratitud del pueblo y gobierno de Honduras.
A regresar a nuestro país, les diremos que estuvimos rodeados de amigos y de ilustres
personas, genuinamente interesadas en nuestro enorme problema nacional, en la suerte
próxima que correrá nuestro pueblo y en las posibles soluciones que mitiguen su largo
sufrimiento y alienten sus múltiples esperanzas.
Dios nos bendiga y nos ilumine a todos.
Muchas gracias. |
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