"reconstruction must not be at the expense of transformation" Huracán Mitch: Necesidades y Contribuciones de las MujeresStockholm, Sweden 25-28 May 1999 Preparado por un equipo del Banco Interamericano de Desarrollo, Departamento de Desarrollo Sostenible, Unidad de la Mujer en el Desarrollo compuesto por los siguientes miembros del personal y consultores: Mayra Buvinic, Jefa, Gabriela Vega, Mauricio Bertrand, Anne-Marie Urban; y las otras consultoras Rebeca Grynspan y Ginya Truitt. Está basado en una reunión técnica a la que asistieron organismos internacionales y gubernamentales, y ONG (ver el anexo para la lista de participantes), celebrada en Tegucigalpa, Honduras, los días 6-7 de mayo de 1999, con el título "Huracán Mitch: efectos sobre las mujeres y su participación en la reconstrucción y transformación de Centroamérica", como en documentos de trabajo preparados por Enrique Gomáriz (consultor), Shubh Kumar-Range (consultora) y Jane Mocellin (Organización Mundial de la Salud). Introducción En los primeros momentos después del huracán, los impactos directos del Mitch (medido por el número de muertos) no fueron peores para las mujeres que para los hombres. Sin embargo, como lo muestra este informe, a largo plazo las mujeres que sobrevivieron y sus hijos pueden sufrir mayores consecuencias negativas que los hombres, a menos que se implementen medidas de apoyo. Los hombres y las mujeres, debido tanto a diferencias biológicas como de género entre los sexos, se vieron afectados de manera diferente (Veáse Casilla 1, en el Anexo 1). Por ejemplo, el número de hombres fallecidos fue ligeramente superior, pero más mujeres dijeron sufrir enfermedades físicas y psicológicas. Las vulnerabilidades específicas definidas por sexo y género determinaron los impactos diferenciales de la tragedia en hombres y mujeres. Comparablemente, las capacidades específicas definidas por la variable de género condicionaron las diferentes respuestas y contribuciones de hombres y mujeres a los esfuerzos de ayuda y mitigación. Por ejemplo, más mujeres se dedicaron a preparar comida en los albergues mientras que más hombres transportaron víctimas a los albergues. Sin embargo, la respuesta institucional a la tragedia en la primera etapa de ayuda de emergencia parece haber pasado por alto las vulnerabilidades y las necesidades específicas de las mujeres y restado importancia a su contribución potencial a la ayuda y la reconstrucción. A medida que los países han pasado de la ayuda a la rehabilitación y reconstrucción, los temas de género han aparecido con más claridad y algunos planes de reconstrucción incluyen este tipo de preocupaciones. Pero puede que estos esfuerzos sean demasiado escasos y lleguen demasiado tarde. Con el tiempo, el énfasis insuficiente en las vulnerabilidades y capacidades de las mujeres puede acarrear consecuencias costosas para la reconstrucción, y socavar los esfuerzos de transformación. Este informe utiliza estudios sobre los efectos del Mitch y de desastres pasados en las mujeres y las aportaciones de una reunión técnica con representantes del gobierno y las ONG de los cuatro países directamente afectados por el Mitch --El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua-- y Costa Rica, que sufrió impactos indirectos. Él presenta lineamientos generales y sugerencias específicas para integrar las vulnerabilidades y capacidades de las mujeres en la ayuda, rehabilitación y reconstrucción, haciendo así que estos esfuerzos sean más eficaces. Primero, se resumen brevemente los indicadores sociales que señalan la naturaleza de la vulnerabilidad de las mujeres frente a los desastres. Luego se describen los efectos diferenciales del Mitch sobre las vulnerabilidades y capacidades de las mujeres con respecto a la ayuda y la rehabilitación. Utilizando evidencia empírica sobre la relación entre género y desastres en otras partes del mundo, el informe también intenta preveer diferentes impactos en la fase de reconstrucción. En base a esta evidencia, se trazan lineamientos generales para que estos esfuerzos puedan ajustarse mejor a las necesidades de las mujeres y utilizar mejor sus contribuciones. En la última sección del informe, se examina el programa de préstamos del Banco para los países afectados así como la manera en que los proyectos del Banco pueden responder a las necesidades y capacidades de las mujeres, y se identifican nuevas líneas de actividad deseables que surgen a partir de la evidencia y los lineamientos generales. Aun cuando el informe reconoce que los efectos del Mitch variaron significativamente en cada país, se hace hincapié más en las tendencias, necesidades y respuestas regionales, que en aquellas específicas a cada país. A lo largo del informe, se presume que la participación activa de las mujeres en la reconstrucción es necesaria para la transformación de la región. ANTECEDENTES Los desastres se nutren de las vulnerabilidades de la población y las magnifican. Indicadores sociales seleccionados revelan vulnerabilidades críticas de las mujeres en los países afectados, lo que explica los efectos diferenciales de género del Mitch. En el Cuadro 1 se resumen estos indicadores. Antes del Mitch, las tasas de esperanza de vida de los países afectados se encontraban entre las más bajas de la región y las tasas de fecundidad y mortalidad materna estaban entre las más altas, especialmente en las áreas rurales, lo que ya revelaba una mala situación sanitaria de las mujeres y serios problemas de salud reproductiva. Además, los índices comparativamente elevados de jefas de hogar en los cuatro países sugieren que las mujeres llevan fuertes cargas económicas. En Honduras y El Salvador, datos recientes indican tanto el número elevado de jefas de hogar como su relación con la pobreza. En 1992, el 29% de todos los hogares urbanos de Honduras estaban encabezados por mujeres, pero la cifra alcanzaba el 35% en los hogares más pobres (indigentes) (CEPAL 1995). En 1995, estos porcentajes eran del 31% y 35%, respectivamente, en El Salvador urbano. En este país, tras controlar otros factores determinantes de la pobreza, el hecho de tener una jefa mujer aumentaba en un 11,5% las probabilidades de que una familia fuese pobre (Gammage 1998). Cuadro 1: Indicadores de la Situación de la Mujer
*índices por cada 100.000 nacimientos vivos. Fuente: Los datos sobre jefas de hogar proceden de Las Mujeres del Mundo: 1995 Tendencias y Estadísticas; datos sobre Mujeres en el Parlamento de la Unión Interparlamentaria. El resto de la información procede del PNUD, Informe del Desarrollo Humano, 1998. La combinación de su mala situación sanitaria, la pobreza que sufre y las fuertes cargas económicas que sobrelleva la mujer tiene implicaciones en el bienestar de la infancia. Los niños tienden a salir mejor parados en los hogares pobres encabezados por mujeres debido a que éstas prefieren dedicar los escasos recursos al bienestar del niño. Por debajo de cierto nivel mínimo de ingresos, sin embargo, las jefas de hogar reproducen la pobreza en lugar de proteger contra ella, provocando la transmisión intergeneracional de la pobreza entre madres e hijos (Buvinic y Gupta 1997). Las mujeres que dirigen hogares con niños constituyen quizá el ejemplo extremo de la vulnerabilidad de la mayoría de mujeres con niños en la población pobre, solas o con compañero, que tienen que trabajar tanto en la casa como en la economía de subsistencia o de mercado. Dado que las mujeres son las principales promotoras de la salud y el bienestar infantil entre los pobres, la vulnerabilidad de los niños frente a los desastres, entre ellos el Mitch, está condicionada y se puede evaluar en función de la vulnerabilidad de las mujeres. Los altos índices de jefas de hogar están ligados, en parte, al conflicto civil y armado con una década de historia en la región y las altas tasas resultantes de mortalidad y emigración masculina. Otro probable legado de estas guerras son los altos índices de violencia doméstica que aumentan la vulnerabilidad de las mujeres y los niños. Los datos de León, Nicaragua (1995) y Sacatepequez, Guatemala (1990), revelan que el 40% de mujeres con compañero en el primer caso y el 49% en el último habían sido sometidas al abuso físico (Buvinic, Morrison y Shifter 1999). Estos índices son de hecho muy elevados, incluso para una región conocida por la alta incidencia de la violencia social y doméstica. En las últimas dos filas del Cuadro 1 se muestra la participación de las mujeres en la toma de decisiones políticas lo que indica que, al igual que en el resto de América Latina, las mujeres tienen muy poca voz en la política pública. Su falta de participación en el proceso político garantiza que, a no ser que se adopten iniciativas concretas, los esfuerzos de ayuda y reconstrucción reproducirán, en lugar de reducir, la vulnerabilidad de las mujeres. RESULTADOS Es un hecho generalmente aceptado que los desastres son el resultado de una combinación de riesgos y vulnerabilidades, tanto humanos como ecológicos. La población pobre y el medio ambiente empobrecido son los más duramente afectados por los desastres. Las comunidades fortalecidas y las ecologías bien equilibradas resisten mejor los impactos. Esta perspectiva guía los resultados que se presentan a continuación, dividido en impactos diferenciales y respuestas diferenciales por género al Mitch, enfatizando la situación específica de las mujeres. El Impacto del Mitch El costo humano del Mitch Jefas de hogar Cuadro 2: El costo humano del huracán Mitch
En el caso de Honduras, Gomáriz (1999) señala que es posible que parte del aumento del número de jefas de hogar se deba a una percepción de que estas familias pueden recibir una asistencia prioritaria, dado que muchas de las jefas de hogar en los albergues tienen un compañero estable. Sin embargo, también puede ser que se trate de familias dirigidas económicamente o mantenidas por mujeres una proporción bastante importante de las familias de la región en nuestros días. En un análisis reciente se demuestra que, en El Salvador, el porcentaje de hogares encabezados por mujeres aumenta del 31% al 37% cuando se tiene en cuenta también la jefatura de hogar económica de las mujeres (Gammage 1998). Pérdidas de empleo femeninoLa información sobre las pérdidas de empleo e ingresos no es sistemática. No obstante, un patrón común que surge en los cuatro países afectados incluye pérdidas sustanciales de empleo para ambos sexos en diferentes sectores para las mujeres, especialmente en la industria y la agroindustriay prevee una recuperación más lenta del empleo para las mujeres en comparación con los hombres. Esto se debe a que los empleos que genera habitualmente la reconstrucción, entre ellos los de construcción, absorben principalmente mano de obra masculina. En Honduras, las pérdidas de empleo en el sector de la agroexportación pueden haber afectado a ocho mil mujeres (sobre todo en el embalaje de banana y melón y en los viveros de camarón). Es posible que otras 12 mil mujeres se hayan quedado sin empleo en la industria y los servicios. En la mayoría del sector frutero para exportación, los hombres han seguido trabajando en la reconstrucción de las plantaciones, mientras que los trabajos de lavado y embalaje de las mujeres han cesado. En el sector manufacturero, los informes sólo mencionan despidos de trabajadoras, lo que puede responder a la percepción inadecuada de que los ingresos de las mujeres son sólo secundarios frente al papel de sostén familiar de los hombres. Una estimación conservadora para Honduras hecha por Enrique Gomáriz indica que durante 1999 las cifras oficiales de desempleo femenino se duplicarán (por encima del 9%), mientras que el subempleo aumentará por encima del 60%, frente al 47% de 1998. Sin embargo, advierte que se registrarán como desempleo oficial sólo algunas de las pérdidas de empleo femenino mientras que otras se incluirán en el subempleo o pasarán a ser invisibles cuando las mujeres sean censadas como amas de casa y se sumen a la población inactiva. El empleo informal se ha visto fuertemente afectado. Los informes citan pérdidas de bienes e infraestructura debido al impacto del desastre natural así como robos y asaltos. Las mujeres se han visto especialmente afectadas. Un problema delicado es su capacidad para renegociar, refinanciar y repagar micropréstamos y conseguir nuevos créditos. Los programas de alimento por trabajo forman parte de las nuevas oportunidades de ingresos posteriores al desastre. En Nicaragua, una encuesta demuestra que el 40% de los participantes en estos programas son mujeres, lo que corrobora la información del Programa Mundial de Alimentos que indica que el 43% de los beneficiarios son mujeres. Otros casos apuntan al hecho de que los hombres se ven favorecidos por los programas salariales mientras que el trabajo voluntario se asigna a las mujeres. Por ejemplo, en Guatemala, la mayoría de los 7.000 salarios diarios pagados de acuerdo con la iniciativa "Agenda de 100 Días" fueron al parecer a manos de hombres. Ello es preocupante teniendo en cuenta que los ingresos de las mujeres son importantes para el bienestar y la situación nutricional y sanitaria de sus hijos. Ésto es especialmente cierto en Centroamérica, donde en más de un tercio de los hogares el papel de principal sostén económico familiar lo ocupa la mujer. Salud y violencia La información disponible sugiere que el Mitch reprodujo diferencias de género en las condiciones de salud que aparecen en todo el mundo. La mortalidad fue mayor entre los hombres pero las mujeres presentaron más problemas de salud, tanto físicos como psicológicos. En El Salvador, las mujeres constituyeron el 52,7% del total de 8.423 personas en busca de atención prehospitalaria y el 54,5% del total de 448 en busca de atención hospitalaria. Se produjo un aumento significativo de infecciones de tipo ginecológico (Gomáriz 1999). Además, bastante más mujeres que hombres han reportado y buscado atención para la depresión y otras enfermedades relacionadas con el estrés, replicando tanto diferencias de género en la incidencia de problemas depresivos como un patrón que ha sido observado en otros desastres. El material publicado sobre desastres demuestra que las mujeres son más propensas que los hombres a padecer depresión y ansiedad e identifica como un factor de riesgo relevante la falta relativa de poder de las mujeres en la toma de decisiones posteriores al desastre (Mocellin 1999). Los impactos del estrés prolongado en las mujeres puede tener consecuencias especialmente adversas en la salud y el crecimiento de sus hijos (Kumar-Range 1999). En una evaluación emprendida por el Grupo de Coordinación Civil de Nicaragua se demuestra que las mujeres, mucho más que los hombres, solicitan atención psicológica posterior al desastre (Gomáriz 1999). Además, aunque no existen pruebas concluyentes, hay informes contradictorios que apuntan tanto a un aumento de la violencia contra las mujeres en los albergues, incluida la violación (y el embarazo de adolescentes), como a una disminución de este problema debido a la falta de privacidad en el ambiente de los albergues (Gomáriz 1999). Con el avance de las secuelas del desastre, es probable que se produzcan ambos efectos. En el Sur de la Florida, el examen de las órdenes judiciales sobre violencia doméstica dictadas en el período 1990-1995 revelaron tanto una disminución inmediatamente después de que el huracán Andrew azotara la costa en agosto de 1992 como un aumento marcado durante los primeros meses de 1993, cuando se produjo una acumulación del estrés relacionado con las consecuencias del desastre (Enarson y Morrow 1997). La Respuesta al Mitch Respuesta institucional Salvo en el caso de Nicaragua, la información sobre la población afectada en la fase inicial de respuesta al desastre no fue desagregada por sexo y los esfuerzos de ayuda de las agencias internacionales y nacionales, los gobiernos y las ONG, no incorporaron una perspectiva de género. Esto se hizo evidente por lo inadecuado de la ayuda de emergencia para atender las necesidad propias de la salud ginecológica de las mujeres (no se preveyó el tratamiento de la menstruación y otras necesidad de la salud reproductiva en los albergues); la no inclusión de directrices de género en la respuesta al desastre; y la falta de participación de organizaciones de mujeres en la toma de decisiones relativas al desastre. Las organizaciones de mujeres sólo participaron de manera ocasional en las tareas de ayuda en el ámbito local y comunitario (Gomáriz 1999). Gomáriz (1999), que informa de estas conclusiones, también reconoce que los gobiernos y las ONG no demandaron información desagregada por género en la fase de emergencia. La opinión predominante, de que el género no era un criterio relevante en la respuesta de emergencia, condujo a que se pasaran por alto las necesidades de las mujeres y dejó un vacio importante de conocimientos sobre los efectos desagregados por género del Mitch. La falta de perspectiva de género en los esfuerzos de ayuda es especialmente preocupante debido a que la ayuda constituye una parte cada vez más importante de los presupuestos internacionales de asistencia al desarrollo (véase Hoddinot 1999). Los criteros de género se han incorporado mejor más tarde, en las fases de recuperación posterior a la emergencia. Honduras y Nicaragua recopilaron censos desagregados por género de la población en los albergues, y Nicaragua llevó a cabo una encuesta de hogar en la población afectada. Las propuestas nacionales para la reconstrucción incluyen dimensiones de género en varios grados. En El Salvador, las organizaciones de mujeres participaron en un diálogo entre el gobierno y la sociedad civil para elaborar una propuesta conjunta de reconstrucción. Guatemala y Nicaragua han establecido Coordinadoras de la Sociedad Civil que incorporan los criterios de género propuestos por las organizaciones de mujeres participantes. Honduras ha incluido dimensiones de género tanto en los planes gubernamentales de reconstrucción nacional como en las propuestas preparadas por la sociedad civil (Gomáriz 1999). Una cuestión por resolver es la viabilidad de la implementación de las dimensiones de género en estos planes, especialmente en ausencia de propuestas y compromisos presupuestarios. Respuesta de la población afectada En América Central, al igual que en otras zonas de desastre, la participación de la población afectada fue crítica en los primeros momentos tras el desastre y sigue siendo fundamental para la reconstrucción. Las diferencias de género han moldeado la naturaleza de esta respuesta al Mitch. Durante la emergencia, las tareas masculinas fueron más visibles y heroícas. Realizaron misiones de búsqueda y rescate y transportaron a los heridos. Las mujeres, en cambio, estuvieron involucradas en tareas menos visibles que eran la extensión de sus funciones domésticas, tales como la preparación y distribución de comida y la atención a los heridos. Pero aunque menos visibles, y por lo tanto puede que menos valoradas, las mujeres emprendieron toda una serie de tareas en respuesta al Mitch que fueron críticas para la recuperación de familias y comunidades. Las mujeres han tenido un papel especialmente importante, no sólo en la provisión de alimentos en los albergues, sino también en su establecimiento y funcionamiento. En Honduras, una tercera parte de los albergues del país son coordinados por mujeres, y esta cifra se eleva al 42% en la capital (Gomáriz 1999). También están desempeñando un papel líder en la construcción y reconstrucción de viviendas. Reconociendo el interés de las mujeres en el título de propiedad de viviendas, El Salvador y Nicaragua tienden a favorecer a las mujeres como beneficiarias de títulos de propiedad de casas. Este no es el caso en Guatemala y Honduras, donde los criterios benefician a los propietarios anteriores (Gomáriz 1999). La naturaleza y la variedad de las contribuciones de las mujeres en las fases de recuperación sugieren que una utilización más completa y equitativa de sus experiencias y recursos por parte de las instituciones dedicadas a la ayuda y la reconstrucción podría aumentar la rapidez y la eficacia de estos esfuerzos, y sentar una base sólida para la prevención de desastres, como lo demuestra el ejemplo siguiente. La Masica: buenas prácticas en la preparación para la emergencia En Honduras, la municipalidad de La Masica, con una población mayoritariamente rural de 24.336 habitantes, se ha destacado en las postrimerías del Mitch porque, a diferencia de otras municipalidades del departamento norteño de Atlantida, no reportó ninguna muerte. Esto puede atribuirse directamente a un proceso de preparación comunitaria para la emergencia que se inició unos seis meses antes del desastre, como piloto del proyecto FEMID, puesto en marcha por el CEPREDENAC, el centro de prevención de los desastres naturales centroamericano, con el apoyo de la agencia alemana GTZ. El proyecto piloto conllevó el establecimiento de redes de organizaciones locales para el manejo de riesgo y desastre, coordinadas a través de la Municipalidad y de la Comisión de Emergencia Municipal (CODEM). Las redes recibieron capacitación en mapas de amenazas locales y un sistema de alertas temprana, y emprendieron una evaluación de las vulnerabilidades desagregadas por género. Se organizaron charlas sobre género y, como resultado de éstas, la comunidad decidió que los hombres y las mujeres debían participar de manera paritaria en todas las actividades de manejo del riesgo. Cuando llegó el Mitch, la comunidad estaba preparada y evacuaron el área rápidamente, evitando pérdidas de vidas humanas. Las mujeres participaron activamente en todas las operaciones de ayuda. Realizaron misiones de rescate, rehabilitaron infraestructura local, tales como las escuelas, y distribuyeron alimentos junto con los hombres. También sustituyeron a los hombres que habían abandonado la tarea de monitoreo continuo del sistema de alertas tempranas. La experiencia demuestra que la preparación es una medida importante para salvar vidas. La incorporación de las mujeres en igualdad de condiciones con los hombres desde el principio contribuyó a que el proyecto piloto lograra salvar vidas. (Los logros fueron menores en el rescate de bienes físicos. El huracán destruyó la mayoría de la infraestructura social y productiva.) Además, y probablemente debido a su papel activo, las mujeres reportaron una incidencia muy baja de depresión. De hecho, contrariamente a lo que se encuentra reiteradamente en los materiales publicados sobre desastres, la comunidad evaluó la situación psicológica y concluyó que eran los hombres, en lugar de los mujeres, los que necesitaban ayuda para restaurar su capacidad de contribuir a la comunidad. Por último, uno de los logros más importantes en materia de género en La Masica fue el "empoderamiento" de las mujeres y que la comunidad reconociera sus capacidades y contribuciones. Como muestra de reconocimiento, un nuevo cartel en la Alcaldía reza: "Todo es más fácil con la cooperación de la mujer." LINEAMIENTOS Tomando como base los resultados presentados en este informe y las aportaciones de los participantes en la reunión técnica de Tegucigalpa, Honduras, esta sección subraya siete consideraciones básicas que deben subyacer a la formulación de planes de recuperación de desastres con una dimensión de género en América Central. Están destinadas a guiar el diseño y la implementación de respuestas a los desastres de corto y largo plazo, y ayudar a dar respuesta a la cuestión de cómo deben formularse los planes. (La última sección de este informe ayuda a responder a la cuestión de qué iniciativas pueden apoyar mejor a las mujeres en los planes de recuperación de desastres.) Debido a que los desastres son el resultado de la combinación de riesgo y vulnerabilidades, incluir prevención y preparación para el desastre en los planes de desarrollo nacionales con una perspectiva de género incorporada desde el principio. La exitosa historia de La Masica en Honduras demuestra como la participación activa de las mujeres en la preparación para el desastre les otorga poder y salva vidas. Obtener beneficios a largo plazo de las respuestas de emergencia incorporando perspectivas de desarrollo y género en la ayuda de emergencia. Las oportunidades de desarrollo que ofrecen los desastres (entre ellas, la de mejorar la condición de la mujer) suelen perderse o ponerse en compromiso debido a un enfoque limitado que vé a la ayuda sólo a corto plazo. Como demostró el Mitch, la falta de estadísticas desagregadas por género en la ayuda de emergencia dificultó la respuesta a las necesidades de las mujeres y dejó un vacío importante de conocimiento sobre los impactos diferenciados por género del desastre. La ayuda es la primera etapa de un proceso de desarrollo y tiene que ponerse en una perspectiva de desarrollo. En primer lugar, los desastres ponen de relieve aspectos particulares de las vulnerabilidades y capacidades de hombres y mujeres que tendrán que tratarse en el contexto de los objetivos de desarrollo. En segundo lugar, el fortalecimiento de las respuestas institucionales y comunitarias, incluyendo la participación de las mujeres, tiene que mantenerse a largo plazo como una potente medida preventiva. Por último, inmediatamente después del desastre, el ambiente político puede favorecer un nivel mucho más elevado que antes de cambio económico y social en áreas críticas para el bienestar de las mujeres. Los títulos de propiedad de la tierra y la vivienda, la capacitación laboral, las mejoras de la vivienda y los vecindarios, y la participación comunitaria forman parte de la necesidad de transformar las sociedades afectadas por el desastre. Presentan importantes oportunidades que es improbable que surjan en fases posteriores. Buscar un equilibrio entre la rehabilitación y reconstrucción de la infraestructura física y la recuperación y desarrollo de la infraestructura social y comunitaria donde las mujeres desempeñan papeles críticos. Tener en cuenta, sin embargo, las limitaciones de tiempo de la mujer a causa de su doble función de ama de casa y productora en el mercado; la necesidad de darle "tiempo libre" a la mujer para la acción comunitaria de emergencia ofreciendo, por ejemplo, guarderías infantiles de emergencia (como se hizo en Australia tras el ciclón); y la necesidad de generar ingresos de las madres pobres que son el sostén económico de sus familias. Los fondos de inversión social pueden convertirse en un vehículo importante para la reconstrucción de la infraestructura social y comunitaria. Tienen que integrar una perspectiva de género en sus proyectos y ofrecer empleos a la mujer así como al hombre. En términos más generales, diseñar y apoyar iniciativas específicas que ofrezcan empleos y oportunidades de generar ingresos a las mujeres que perdieron sus trabajos a causa del desastre, dado que la mayoría de los trabajos de reconstrucción posteriores al desastre absorben sobre todo a mano de obra masculina. El beneficio social que supone implementar estas acciones es la contención de la transmisión intergeneracional de la pobreza entre madres e hijos que se produce cuando las madres pobres no cuentan con recursos suficientes para invertir en el bienestar del niño. Hacer especiales esfuerzos para responder a las necesidades de salud reproductiva de las mujeres durante las etapas de recuperación e implementar acciones para reducir y prevenir la violencia doméstica en los albergues. Por último, aprovechar las oportunidades de fortalecer el liderazgo de las mujeres y su participación en la toma de decisiones sobre la reconstrucción. Promover la participación comunitaria y la descentralización en ambos la preparación para el desastre y los esfuerzos de recuperación. La descentralización en la asignación de presupuestos para la ejecución de programas de recuperación del desastre y la participación comunitaria, incluida la de las mujeres, mejoran las respuestas a la crisis, promueven la transparencia y la eficiciencia en la utilización de recursos y aceleran la reconstrucción y la llegada de la normalidad después de una crisis. El hecho de que los afectados, entre ellos las organizaciones comunitarias, se sientan propietarios de estos esfuerzos es una ventaja para las actividades de reducción del desastre. Como demuestra el estudio del caso de La Masica, la preparación para la emergencia empieza por las actividades comunitarias. El desarrollo arraigado en la comunidad es la base de la preparación para el desastre y garantiza la continuidad entre las respuestas a corto plazo y los objetivos de desarrollo a largo plazo. Dado su nivel proporcionalmente mayor de pobreza, favorecer la reconstrucción del desarrollo rural. Enfocar en una perspectiva de crecimiento sostenible que diversifique la producción rural mientras protege la ecología rural y que reconozca que las mujeres desempeñan papeles esenciales en la producción y conservación rural. Por último, integrar una perspectiva de género en la preparación para el desastre y los planes e iniciativas de recuperación; definir indicadores que midan el progreso en el logro de la integración de consideraciones de género; dedicar recursos presupuestarios cuando sea pertinente; y establecer mecanismos de monitoreo y evaluación para medir el éxito en la incorporación de preocupaciones de género.PROYECTOS El proceso de preparación e implementación de los planes para la reconstrucción y la transformación ofrece una oportunidad importante de colaboración entre instituciones financieras internacionales, organismos donantes bilaterales, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil para tratar asuntos prioritarios de género en América Central; es decir, identificar acciones específicas para la reducción de las vulnerabilidades de mujeres y niños frente a los desastres naturales y para el fortalecimiento de su capacidad de participar activamente en los esfuerzos de mitigación y gestión de los impactos de futuros desastres naturales. A continuación se revisan estas oportunidades en relación con el programa existente de préstamos del BID para proyectos en ejecucuión o preparación. La sección concluye con la sugerencia de nuevas líneas de actuación que fueron debatidas en la reunión técnica de Honduras. En ejecución y preparación El Banco ha respondido al desastre causado por el Mitch por medio de una variedad de iniciativas. El BID colaboró con gobiernos nacionales para determinar cómo redistribuir recursos de programas en ejecución a las áreas y grupos de la población más duramente afectados, y organizar una reunión consultiva con otros donantes e instituciones financieras internacionales para identificar respuestas más amplias a la emergencia. Al 1 de mayo de 1999, se estimaba que 630 millones de dólares estadounidenses habían sido reasignados para responder a la emergencia; aproximadamente un 55% de esta cantidad fue destinado a los sectores sociales. Una revisión inicial de los programas en ejecución reveló que muchos de los programas del sector social, especialmente los programas de fondos de inversión social, compensación social, educación y salud, están beneficiando directamente a las mujeres y niños afectados por el huracán. Aunque muy pocos programas de sectores productivos e infraestructura incorporan un enfoque específico en asuntos de género, varios proyectos de agricultura y recursos naturales cuentan con actividades de apoyo a las mujeres en los hogares rurales y en sus papeles de productoras de pequeña escala. Además, las mujeres y los niños se benefician significativamente de los proyectos de agua y saneamiento y de las iniciativas para la reconstrucción de carreteras y puentes rurales que los conectan con servicios sociales esenciales, mercados locales y lugares de empleo. El programa de préstamos del BID para proyectos en América Central (cuya aprobación es prioritaria en 1999) presenta muchas oportunidades para tratar concretamente las necesidades de las mujeres afectadas con más dureza por el huracán, y para asegurar su participación activa en la reconstrucción y transformación de sus países. Después de una revisión inicial de los perfiles de los proyectos, las mayores oportunidades para integrar un enfoque de género se encuentran en las áreas siguientes: agua y saneamiento, vivienda, protección social, educación, desarrollo municipal y fortalecimiento de las fundaciones de ahorro. Además, la participación de las mujeres será crítica para el éxito de dos nuevas cooperaciones técnicas regionales: "Recuperación de Microempresas Centroamericanas" y "Prevención de Desastres en América Central". El Cuadro 3 ofrece una revisión preliminar de algunos proyectos actualmente en preparación. Cuadro 3: Algunos Proyectos a Ser Aprobados en 1999 con Oportunidades de Género
Iniciativas sugeridas Fortalecimiento de las oportunidades económicas de la mujer rural. Las mujeres que trabajan dentro del sector agroexportador en la economía rural, en empresas de pequeña escala o industrias artesanales caseras, o que dependen en gran medida de la agricultura de subsistencia, fueron golpeadas con especial dureza por el huracán. Entre el 60 y el 70% del daño total provocado por Mitch se registró en los sectores agrícola y pesquero. En la actualidad, muy pocos programas están tratando las fuertes pérdidas de empleo y de otras fuentes de ingresos de estas mujeres rurales. Se han propuesto dos nuevas iniciativas para tratar estas pérdidas inmediatas de empleo y promover el desarrollo de nuevas oportunidades económicas para la mujer rural: Programa para aumentar la productividad y el ingreso de la mujer rural. La Unidad de la Mujer en el Desarrollo del BID está colaborando actualmente con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) para promocionar un nuevo programa de apoyo a las actividades económicas de las mujeres rurales en la región a través de una línea de crédito para fines productivos. La propuesta inicial surgió de la 7a Conferencia de Esposas de Jefes de Estado y de Gobierno de las Américas, en octubre de 1997, como un fondo regional que ofrecería crédito, asistencia técnica y cabildeo tan necesitados por las productoras y empresarias pobres del sector rural. Se ha propuesto que el programa sea diseñado e implementado por fases, con una primera fase que dé prioridad a las actividades en América Central, para responder a necesidades críticas después del huracán. En este momento, la unidad de WID ha obtenido 100 mil dólares de la Unión Europea para llevar a cabo estudios de apoyo al diseño de dicho programa que estaría a cargo de la Unidad de Microempresa del Banco. Se están iniciando los esfuerzos para conseguir recursos para la primera fase del programa (por un valor estimado de diez millones de dólares). Programa de empleo mínimo. Para compensar las pérdidas significativas de empleo de las mujeres desplazadas del sector de la agroexportación, se ha propuesto que las comunidades y gobiernos nacionales donantes consideren la creación de un programa de empleo mínimo destinado a las mujeres rurales en las áreas afectadas.Fortalecer el Liderazgo de la Mujer. La experiencia de respuesta al desastre que se presenta en este informe ha puesto de manifiesto el importante papel que las mujeres y las organizaciones de mujeres pueden desempeñar en los planes de recuperación. Para que ésto se haga realidad, hay que fortalecer los papeles de liderazgo de las mujeres en toda la región. El BID cuenta con un nuevo vehículo, el Programa de Apoyo al Liderazgo y la Representación de la Mujer (PROLID), que puede utilizarse para lograr este objetivo. PROLID ofrece capacitación en liderazgo y recursos no reembolsables a organizaciones que apoyan la participación activa y el liderazgo de las mujeres en todos los sectores y niveles de la actividad cívica y política de sus países. Durante su primer ciclo de financiación, PROLID financió 40 proyectos a organizaciones de toda América Latina y el Caribe. Actualmente, el Programa está buscando recursos adicionales para realizar una segunda rueda de donaciones. Este ciclo puede estar destinado específicamente a la mujeres en los países devastados por el huracán Mitch. PROLID puede ser empleado como un buen mecanismo para fortalecer la capacidad de las mujeres para desempeñar un papel más eficaz de liderazgo en los programas de reconstrucción y transformación, así como en la prevención y mitigación de futuros desastres. REFERENCIAS Buvinic, Mayra, Andrew Morrison y Michael Shifter. 1999. "Violence in Latin America and the Caribbean: A Framework for Action." Washington, DC: Inter-American Development Bank. Buvinic, Mayra y G. Rao Gupta. 1997. "Female-Headed Households and Female-maintained Families: Are They Worth Targeting to Reduce Poverty in Developing Countries?" Economic Development and Cultural Change, Vol. 45, No. 2, January 1999. CEPAL. 1995. "Social Panorama of Latin America." Santiago de Chile: United Nations Economic Commission for Latin America and the Caribbean. Chavez, A., C. Martinez, B. Soberanes, L. Dominguez y A. Avila. 1994. "Early Nutrition and Physical and Mental Development in Mexican Rural Adolescent Females," Nutrition of Adolescent Girls Research Paper, Series No. 4, Washington, D.C.: ICRW. Dufka, C., 1988. "The Mexico City Earthquake Disaster," Social Casework: The Journal of Contemporary Social Work, Vol. 69: 162-170. Enarson, E. y B. H. Morrow, 1997. "A gendered perspective: The voices of women," in Hurricane Andrew: Ethnicity, Gender, and the Sociology of Disasters, ed. W.G. Peacock, B.H. Morrow, y H. Gladwin. London: Routledge. Gammage, Sarah. 1998. "La dimensión de género en la pobreza, la desigualdad y la reforma macroeconómica en América Latina," en Política Macroeconómica y Pobreza en América Latina y el Caribe, eds. E. Ganuza, L. Taylor y S. Morley. Madrid: Mundi-Prensa Libros; PNUD/CEPAL/BID. Gomáriz Moraga, Enrique. 1999. "Género y Desastres: Introducción Conceptual y Análisis de Situación." IDB work document. Hoddinott, J. 1999. "The Shift from Development to Emergency Assistance and its Impact on Poverty and Nutrition: A Conceptual Framework." IFPRI work document. Kumar-Range, Shubh. 1999. "Gender Issues in Natural Disaster Mitigation and Recovery." IDB work document. Mocellin, Jane S.P. 1999. "Women in Disasters: An Overview of Lessons Learned for Central America." IDB work document.
ANEXO II lista de participantes a la reunión técnica sobre genero y desastres naturales, tegucigalpa, honduras, 6 y 7 de mayo de 1999 REUNION TECNICA: GENERO Y DESASTRES NATURALES Tegucigalpa, Honduras 6 y 7 de Mayo de 1999 REPRESENTACIONES POR PAISES OFICIALES DE GOBIERNO
ONGs
BID y CONSULTORES
INVITADOS ESPECIALES Y OBSERVADORES
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Nicaragua, May 2000 - Honduras, February 2000 - Stockholm, May 1999 |
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