SENDAS •  AÑO 2  |  No. 3   |  JULIO 2007

Territorio, destino y marca
El manejo exitoso de las escalas en el desarrollo turístico

Yves Lesenfants, Asesor Técnico del Cluster de Turismo Sostenible del FOMIN

 
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De modo análogo a otras actividades productivas, todo proceso de desarrollo turístico debe enfocarse como un ejercicio de planificación y de gestión territorial para el cual es fundamental una comprehensión precisa del espacio geográfico y de la distribución espacial de todos sus componentes.

Así, la lógica de actuación para la activación o fortalecimiento de sistemas turísticos debe siempre empezar con una reflexión sobre el territorio como escenario geográfico de aplicación del proyecto. Este territorio puede ser identificado o definido en base a criterios geográfico-paisajísticos (por ej., la Gran Sabana en Venezuela, los Andes ecuatorianos, la costa caribeña de Panamá), de paisajes naturales (las yungas argentinas, los páramos ecuatorianos), elementos culturales (el territorio Yanomami, las misiones jesuíticas, los lácteos de Cajamarca, el café del Quindío, los diamantes de Minas Gerais) o directamente según su funcionalidad turística (termalismo en Salto, buceo en Honduras, birdwatching en Panamá).

Con un acercamiento territorial a escala regional, el planificador debe identificar todos los elementos que pueden diferenciar este territorio de otro, posicionándolo en el mercado turístico. En efecto, es fundamental manejar el concepto de territorio como soporte del patrimonio, entendiendo como patrimonio a todos los elementos culturales y naturales que hacen diferente, y posiblemente atractivo, este territorio de otros y representa una identidad bien marcada.

Al tener identificados el territorio y su respectivo patrimonio, el siguiente paso consiste en darle límites geográficos, lógicos y funcionales para que podamos definir con precisión un espacio concreto de desarrollo turístico de alto potencial donde se concentrarán todos los esfuerzos de planificación detallada e inversión de recursos: el destino turístico. La identificación de estos destinos turísticos, activos o potenciales permitirá, a su vez,  identificar y justificar la selección de actores para su desarrollo.

Como para cualquier proceso de planificación y gestión el desarrollo turístico requiere de elementos de geografía aplicada, que incluyen análisis y la construcción de mapas para orientar lógicamente los esfuerzos, inventariar y localizar los atractivos, identificar y ubicar los servicios necesarios e incentivar las inversiones tanto públicas como privadas. Dicho de otro modo, el destino turístico debe verse como una porción de un determinado territorio en el cual se concentran de forma ordenada atractivos, servicios y productos turísticos.

Se puede afirmar que la eficiencia de un destino turístico y, por ende, su potencial competitividad y éxito depende en gran parte de la eficiencia del ordenamiento espacial y funcional de sus componentes fruto de la importancia que se le ha dado al proceso de planificación.

A la final, un destino bien organizado, planificado con mucho cuidado desde el principio, presentará un conjunto de rasgos particulares que lo diferenciarán de otro e incrementarán sus posibilidades de éxito. Esto es porque es precisamente esta identidad, su marca, es la que debe ser aprovechada para el desarrollo de herramientas de posicionamiento en un mercado cada vez más competido.
En este contexto, identificar y diseñar una marca de destino representa un elemento fundamental para potenciar los esfuerzos de desarrollo turístico en una región. Esta marca, tal una etiqueta colocada sobre un destino,  debe potenciar los elementos diferenciadores del mismo. Bien manejada, crea un nexo comunicacional muy eficiente entre este destino y todos los productos territoriales turísticos o no turísticos. Manejada hábilmente, esta marca puede ayudar a federar iniciativas locales y reforzar la identificación de la población en general con la actividad turística.

Así, desde la escala de territorio, generamos un concepto de destino turístico al cual le asignamos una marca. Esta marca puede representar un elemento “paraguas” que termine avalando o certificando la producción local en vista del crecimiento de la demanda turística.

Así, hoy en día, las estrategias de marketing mix entre marcas de destino y productos del territorio son cada vez más comunes en los grandes destinos turísticos.  En el caso de ciertas regiones de Francia, la producción artesanal es sostenida al 85% por el flujo turístico y el etiquetado de los productos no turísticos artesanales incluye de una u otra forma la marca de destino.

En el marco del Cluster de Turismo Sostenible del FOMIN, la experiencia del proyecto Estrada Real  en el manejo de su marca de destino es considerado como una muy buena práctica y el Instituto Estrada Real produce una línea de productos bajo dicha marca y hasta ha desarrollado un sistema de franquicia comercial.


En conclusión podemos asegurar que el éxito y la sostenibilidad de un proyecto o destino turístico dependen en gran parte de los enfoques geográficos y patrimoniales dados a su fase de diseño y planeación.

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