Roberto Bouzas y Peter Knaack
La creación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en 1959 coincidió con dos hechos simultáneos en el ámbito regional y hemisférico, a saber: la creciente influencia de las ideas y prácticas integracionistas en América Latina y el Caribe (ALC) y el cambio en la posición del gobierno norteamericano hacia la región, reflejada en el apoyo a la creación de una organización financiera regional. Esta confluencia de factores refiere dos rasgos permanentes en la historia del banco, a saber: su íntima vinculación con los avatares del proceso de integración y con la tónica de las relaciones hemisféricas. En este artículo revisamos brevemente la historia del BID en relación al primero de estos temas, teniendo como telón de fondo el contexto hemisférico. Además de esta introducción el trabajo incluye tres secciones. La primera hace un breve balance de cinco décadas de integración regional en ALC. La segunda evalúa el papel de la integración regional en el ideario del BID. La tercera extrae algunas conclusiones.
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Simon J. Evenett
Europa occidental lleva más de sesenta años de paz. El nivel de vida de quienes viven en dicha región se encuentra entre los más altos del mundo. Muchos observadores consideran que la paz y prosperidad que imperan en Europa se debe, en parte, al impulso sostenido en pos de la integración regional y a la disposición de las naciones a arribar a soluciones comunes y, si lo exigen las circunstancias, a compartir la soberanía. Las divergencias que surgen de tiempo en tiempo entre los distintos gobiernos europeos no han llegado a disuadir a veintiún naciones de la idea de sumarse a los seis miembros originales en la conformación de la Unión Europea (UE), que es hoy hogar de 450 millones de habitantes y es el donante e interlocutor comercial internacional más grande del mundo. Es más, otras naciones buscan ser miembros de este club o bien construir relaciones más estrechas con la UE.
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Masahiro Kawai y Ganeshan Wignaraja
En este trabajo se analiza la integración secuencial de Asia Oriental, es decir, una globalización llana seguida por una regionalización más profunda. Asimismo, se examinan los vínculos con los países de América Latina y el Caribe, para los que se ofrecen enseñanzas. Por otra parte, se estudia la reciente evolución del regionalismo emergente de Asia Oriental (incluida la consolidación de la ASEAN como eje de la producción y la firma de acuerdos de libre comercio) y se pone de relieve el fortalecimiento de los vínculos económicos entre Asia Oriental y América Latina y el Caribe derivado de los acuerdos de libre comercio y el comercio bilateral. De cara al futuro, se sostiene que el regionalismo de Asia Oriental puede tener efectos favorables en América Latina y el Caribe si esta región adopta criterios coherentes para obtener los máximos beneficios de una integración profunda y, también, se presentan seis enseñanzas en materia de políticas a partir de la experiencia de Asia Oriental: (i) desarrollar sectores manufactureros que puedan competir en el plano internacional; (ii) reforzar las reformas estructurales nacionales y la orientación al mercado en la estrategia regional; (iii) adaptar la combinación de políticas a las circunstancias nacionales; (iv) profundizar los vínculos interregionales con Asia Oriental; (v) comprometer al sector privado en el desarrollo de una estrategia regional, y (vi) reducir las brechas de desarrollo.
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