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A prueba de sismos: Las pendientes en Manizales requieren de métodos de construcción especiales.

Una ciudad precavida

Acechada por sismos, deslizamientos, incendios, erupciones volcánicas y su natural aislamiento geográfico entre los Andes colombianos, la ciudad de Manizales ha desplegado una tenaz y muy eficiente política de prevención y gestión de riesgos

Por Charo Quesaada

La guía turística local describe a esta ciudad de 400,000 habitantes y antigua “capital del café” como un lugar de abrupta topografía, “simbiosis entre lo natural y lo construido y acomodada a la naturaleza”. Eufemismos aparte, y tras un repaso al siglo y medio de historia de Manizales, capital del departamento de Caldas, se podría concluir que la decisión de los colonos de fundar en 1849 una ciudad prendida de las laderas de una cordillera, a 2.150 metros de altura, aislada por décadas del resto del país y azotada por toda suerte de desastres naturales, no ha hecho más que dar dolores de cabeza a la población y a sus dirigentes.

Pero, como de todo mal es posible extraer un bien, la hercúlea labor de mantener en pie esta ciudad “imposible” ha dado sus frutos. Para sobrevivir, Manizales se vio forzada a desarrollar una “cultura sísmica local” que hoy se presenta como modelo a otros lugares que necesitan prevenir y manejar recurrentes desastres naturales.

“No hay otro lugar en el mundo de características similares”, sostiene Omar Darío Cardona, ingeniero en gestión de riesgos, gerente de la firma Ingeniar Ltda. de Bogotá y consultor del BID. “Manizales desarrolló su propio ‘estilo temblorero’ con materiales propios del lugar experimentados por los primeros colonos, como el bahareque [pared de palos entretejidos con guadua (bambú) y barro], que demostraron ser resistentes a los continuos sismos que azotaron el lugar”.

Sismos. Las primeras construcciones de Manizales, de tapia (tierra pisada) y adobe (bloques de tierra), se derrumbaron tras repetidos sismos que la azotaron. A finales del siglo XIX y debido a su alta vulnerabilidad sísmica, este método de construcción fue prohibido. A partir de entonces se desarrolló el método bahareque, el cual se convirtió en la forma de construcción predominante de la ciudad. En 1922 y 1925, tras las primeras instalaciones eléctricas hechas en la ciudad, se produjeron dos pavorosos incendios que destruyeron más de 30 bloques de viviendas, desprestigiando temporalmente este sistema constructivo. Sin embargo, durante su reconstrucción, y ante la imposibilidad de importar materiales debido al aislamiento geográfico de la ciudad, las autoridades locales decidieron promover el uso de un bahareque de guadua más evolucionado, tras observar que las construcciones hechas con este material sobrevivían el impacto de los terremotos. En combinación con otros materiales, este bahareque permitió desarrollar en Manizales un estilo propio de arquitectura urbana. Actualmente este material reforzado se recomienda para la construcción de viviendas subvencionadas de acuerdo a las normas sismo-resistentes vigentes en el país.

Deslizamientos. En 1929, Manizales era la capital mundial del café y sus productos cotizaban en la bolsa de Nueva York. Había llegado el ferrocarril y, gracias al bahareque, la ciudad soportaba frecuentes sismos sin sufrir mayores consecuencias. (En efecto, el fuerte terremoto de 1938 no produjo grandes daños en la ciudad y los de 1962, 1964 y 1979 causaron daños menores). Todo parecía sonreir a sus habitantes. Excepto cuando caía un fuerte aguacero.

Bambú, un material de construcción de primera calidad.

Literalmente colgada de las laderas de las montañas con calles de pendientes inverosímiles, Manizales sufría constantes deslizamientos provocados por la lluvia, los que transformados en desprendimientos de tierra sepultaban numerosas viviendas y costaban la vida de 20 a 30 personas cada vez. Los deslizamientos estaban literalmente desmantelando el suelo de la ciudad, por lo cual se necesitaban innumerables cortes y llenos para compensar los fuertes desniveles.

Especialistas en desastres. “En los años sesenta, la ciudad tomó la determinación de controlar los deslizamientos”, asegura Cardona. “Ayudados con un préstamo de 200 millones de dólares, otorgado por el BID al gobierno nacional, se realizaron espectaculares obras de ingeniería para el control de aguas, terraceos y estabilización de taludes”. Han sido tantas las desgracias naturales que han azotado a Manizales a lo largo de su corta historia —incluyendo la erupción del volcán Nevado del Ruiz en 1985 que causó 20.000 muertos en las vecinas poblaciones de Armero y Chinchiná— que la ciudad es hoy un centro de primer orden de estudios e investigación de desastres causados por fenómenos naturales.

“El Observatorio Vulcanógico se creó a partir de la crisis de 1985”, cuenta Cardona. “Manizales tiene una escuela de ingeniería especializada en el área sísmica y el trabajo de cartografía sobre riesgos es reconocido en todo el mundo”. Desde los años ochenta, la ciudad tiene un Sistema Municipal de Prevención de Desastres que se considera como pionero y modelo a nivel internacional, ya que los planes de desarrollo municipal y de ordenamiento territorial han incorporado la prevención y atención de desastres como eje estratégico y político.

Las actividades de información y educación en prevención se imparten regularmente en las escuelas. Se efectúan ejercicios periódicos de simulación y evacuación para mantener vivo el interés. El alcalde tiene un asesor directo sobre este tema y la ciudad cuenta con un equipo técnico de primer orden procedente de sus centros de investigación científica. Quienes contribuyen a reducir la vulnerabilidad de su hogar reciben un incentivo fiscal. Hay un centro de reservas inter-institucional para la atención de emergencias y un adecuado servicio de bomberos. Se han reforzado las estructuras de edificios públicos, como estaciones de bomberos, escuelas, universidades y hospitales, y se han establecido pólizas de seguros colectivas para un gran número de inmuebles. Inclusive el pueblo está de acuerdo en aportar una contribución fiscal para el mantenimiento del plan municipal de prevención.

Invertir en el futuro. “Manizales está a la vanguardia de la prevención y atención de desastres causados por fenómenos naturales”, comenta Cardona. “La ciudad sigue perfeccionando el sistema, pero se necesitan recursos para que esta labor no se detenga”.

En los últimos 10 años se ha producido una gran inmigración de desplazados a causa de la violencia que asola otras regiones de Colombia. Resulta paradójico que la meca de los desastres naturales se haya convertido en refugio para algunos.

“Se debe evitar el descontrol del desarrollo urbano de la ciudad”, afirma Cardona, “Hay muchos asentamientos marginales de familias pobres e inmigrantes que corren graves riesgos frente a futuros deslizamientos. Los habitantes de Manizales tienen una cultura preventiva adquirida a través de generaciones, pero los inmigrantes aún desconocen su propia vulnerabilidad”, agrega.

Otra ironía es que el gobierno colombiano no considera como prioritarias las peticiones de apoyo de Manizales precisamente porque al haber avanzado tanto en el campo de prevención de desastres naturales, se encuentra mejor que otros lugares del país.

“Actualmente se está gestionando el aval del gobierno central para obtener un préstamo de 5 millones de dólares del BID que ayudaría a efectuar trabajos de urgencia en la ciudad”, dice Cardona. “Las soluciones deben ir tan rápido como los problemas”.

Como símbolo de desafio a las fuerzas de la naturaleza se alza en el centro de la ciudad la catedral de Manizales, edificio neogótico de más de 100 metros de altura, que desde su inauguración en 1939 permanece invulnerable a terremotos e incendios. Y, perfectamente acorde con sus políticas de prevención, Manizales espera reforzar pronto su estructura para que este símbolo de visión y tenacidad continúe en pie y desafiando a los elementos por muchos años.

Publicado: Marzo 2002

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Invertir en el futuro.

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