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Howard (parado a la derecha) negocia con un recalcitrante propietario.

Una democracia cercana y personal

Tras décadas de abandono, las comunidades de la Costa Atlántica de Nicaragua empiezan a controlar su destino.

Por Roger Hamilton, Corn Island, Nicaragua

El hombre se mostraba agitado. Caminaba de un lado a otro de la carretera polvorienta, recorriendo lo que él consideraba como un derecho de paso público. Se detuvo ante una fila de pedruscos y de palmeras recién plantadas. Aquí, señaló, es dónde comienza mi propiedad.

George Howard, alcalde de Corn Island, una isla a 65 kilómetros de la Costa Atlántica de Nicaragua, agradeció al propietario y siguió con su rutina de trabajo de los sábados por la mañana. Se había desplazado para comprobar el progreso en la construcción de una acera proyectada a lo largo de casi toda la carretera que circunda la isla. Charló con el maestro de obras mientras el resto de la cuadrilla extendía el cemento fresco de un nuevo tramo. Más tarde, entró en una tienda de abarrotes donde agradeció al dueño el que hubiera dejado a los trabajadores conectar con su caño de agua. "Envíe la factura al municipio", le dijo al salir. De vez en cuando, una camioneta o un Lada decrépito de la era soviética pasaban levantando una nube de polvo.

La acera en construcción iba a convertir en realidad un viejo sueño de los residentes. Significaría que podrían ir a la iglesia en la estación lluviosa sin enlodar su mejor calzado. Sus niños podrían caminar a la escuela a salvo de camiones y coches. Quizás algún día la carretera sería también asfaltada.

Pero este propietario desafiante, emigrado de una distante ciudad norteña, no quería saber nada de estas historias. Explicó a Howard que había llegado a Corn Island atraído por su clima templado pero, sobre todo, buscando paz y tranquilidad. Con este fin, se había construido una casa modesta frente al mar del Caribe.

Hoy se sentía acorralado. Parte de su propiedad se había desmoronado en el mar en 1998, como consecuencia del huracán Mitch. Y ahora venía el municipio local con planes de construir una acera en "su" propiedad. Esto no iba a ocurrir jamás, prometió.

Pescador convertido en alcalde.

Nuevo cargo, nuevas responsabilidades. Howard se marchó irritado pero inamovible. No era fácil ejercer el papel de primer alcalde electo de Corn Island, un cargo que existe tan solo desde 1996. En el pasado, el gobierno central de Nicaragua nombraba a todos los alcaldes del país, una práctica que se ha dado en la mayor parte de América Latina a lo largo de la historia. Pero hoy, en Nicaragua y en el resto de los países, los gobiernos centrales están soltando las riendas del poder, y los funcionarios electos locales están asumiendo responsabilidad sobre los problemas locales.

Es un cambio histórico que no se produce de manera fácil. En la mayor parte de los casos, las municipalidades de nueva creación están mal equipadas para ejercer su autoridad de manera efectiva. Carecen de los conocimientos básicos sobre administración y finanzas que son la norma para quienes viven en grandes ciudades o en el mundo desarrollado. Tampoco disponen de recursos financieros, sea procedentes de recaudaciones de impuestos locales o de transferencias acreditadas del gobierno central.

Finalmente, los problemas que enfrentan estos municipios suelen ser descomunales: pobreza extrema, desempleo, analfabetismo, mala infraestructura, falta de servicios, un sistema judicial débil y, en algunos casos, violencia descontrolada y malestar ciudadano.

Por este motivo, resulta doblemente increíble que aquí en Corn Island, en la región más pobre de uno de los países más pobres de América Latina, los residentes contemplen a su gobierno municipal con un orgullo justificado.

Una gran parte de la explicación está en el mismo Howard. Nacido en la comunidad de Pearl Lagoon, en el territorio continental de Nicaragua, Howard reúne su natural facilidad de trato con un aire de autoridad que genera respeto. Maneja el gobierno municipal como lo hace con su barco de pesca — con prudencia, eficiencia y un conjunto de objetivos muy claros. Está justificado. Fue elegido para liderar a un grupo que aúna a los alcaldes de toda la Costa Atlántica del país.

Como es natural, hay frustraciones, sobre todo teniendo en cuenta que la alcaldía es un cargo político. En Nicaragua, todo lo relacionado con la política se vive intensamente. Howard tiene sus propios detractores pero su actitud es filosófica, incluso sobre este tópico.

Pero tiene una espina clavada en la persona de Lorrain Bodden, activista y directora indomable de la primera publicación periódica de la isla. Ella misma admite haber dicho "cosas feas sobre el municipio". Pero el punto de vista de Howard es que más vale tener una publicación con la que algunas veces discrepa que no tenerla. Para reforzar esta opinión, adjudica 3.000 córdobas mensuales del presupuesto municipal para ayudar a cubrir gastos de impresión de la publicación. (La distribución del boletín se efectúa por medio de un acto de buena voluntad similar. Un verdulero entrega las copias junto con los tomates, las yucas y los plátanos. En la columna de la derecha verán una muestra del boletín).

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Publicado: Mayo 2001

Parte 1 | 2 | 3

Nuevo cargo, nuevas responsabilidades
Los impuestos marcan la diferencia
La compleja historia de una región ignorada

De la dependencia a la autonomía

Construir un gobierno local desde abajo
La economía de la descentralización

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En el norte de Nicaragua, en plena región miskito de la Costa Atlántica, los cambios que enfrentan los gobiernos locales. Espere la segunda parte de esta serie.

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