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Un asunto de poder...

La frustración de ser gobernador

El poder real depende de una burocracia eficiente y una sólida base impositiva

Por Roger Hamilton, Bluefields, Nicaragua

Randolph Hodgson tiene un amplio despacho en un edificio largo y blanqueado sobre una colina con vistas a un parque. A sus pies se extiende el desprolijo pero vibrante distrito comercial de Bluefields, y más allá el Mar Caribe.

Hodgson es el gobernador de la Región Autónoma del Atlántico Sur de Nicaragua (RAAS), un territorio extenso que abarca casi una cuarta parte del país. Debería ser un cargo con mucho poder, pero Hodgson tiene pocas razones para recrearse en sus laureles. Los habitantes de su región viven abrumados por una creciente pobreza, un 50 por ciento de desempleo, el consumo de drogas, una educación deficiente, una atención médica insuficiente y oportunidades comerciales limitadas. Además, está el problema de que Hodgson carece del poder real necesario para efectuar cambios.

Para el resto de Nicaragua, la Costa Atlántica ha sido históricamente como el hijo paria. Mientras las comunidades locales languidecen, el gobierno nacional toma todas las decisiones importantes y se apropia de la mayoría de los recursos. Esta situación está comenzando a cambiar ahora debido a leyes recientes que dan más autoridad a los gobiernos regionales. Un nuevo programa, que recibe fondos del BID, tiene como objetivo elevar la capacidad técnica de los gobiernos regionales y locales con el fin de que puedan manejar sus propios asuntos.

Sin embargo, a pesar de que la Costa Atlántica disfruta ahora de un cierto grado de autonomía política y administrativa, Hodgson afirma que la autonomía financiera es una realidad todavía muy distante.

El problema más apremiante es tener fondos para programas sociales. "Tenemos que depender de organizaciones no gubernamentales – un gran número de ellas – para proveer servicios sociales", explicó. Pero la RAAS y sus municipios tienen recursos muy limitados.

La clave para obtener fondos suficientes que lleguen a cubrir el gasto social es tener un mayor control sobre los recursos naturales propios. Aunque la RAAS tiene que aprobar las concesiones para la explotación de recursos, carece de los organismos especializados necesarios para administrarlas. En el caso de la pesca, por ejemplo, el ministerio correspondiente del gobierno central ni siquiera tiene una dependencia local.

"Por un lado, nos dan la autoridad para otorgar las concesiones, pero por el otro, la capacidad real de control sobre los recursos naturales continúa centralizada en Managua. Es una completa contradicción", dice Hodgson. "Tenemos que descentralizar no solamente la autoridad política, sino también los recursos técnicos y financieros necesarios para que los gobiernos regionales puedan asumir esas responsabilidades y generar los fondos que necesarios para reducir la pobreza".

Como muchos otros habitantes de la Costa Atlántica, Hodgson considera que gran parte del problema es una trayectoria histórica de discriminación. "En Managua siempre dicen que nosotros en la Costa Atlántica no tenemos la capacidad de manejar nuestros propios asuntos. Pero el gobierno nacional no ha hecho nada para ayudar a la Costa Atlántica a mejorar esa capacidad. Toda la asistencia va a los municipios de la costa del Pacífico".

Como ejemplo está el caso de los programas de desarrollo auspiciados por el gobierno nacional. Desde los años cincuenta y sesenta, asegura Hodgson, se han creado programas para impulsar la industria ganadera, la producción de café, la agroindustria y el cultivo de azúcar, pero unicamente en la región del Pacífico, ignorando las necesidades de la región del Atlántico. "Hemos estado muy aislados y cada día somos más pobres", afirmó.

En 1998, el año en que asumió su cargo de gobernador, Hodgson y un grupo de dirigentes de la región pidieron permiso para participar en una misión de programación del BID. "Nos asignaron muy poco tiempo, cinco minutos. Hicimos nuestra presentación. El BID respondió muy positivamente y, con el apoyo del ministro de Economía, se decidió que en el curso de tres meses el BID enviaría otra misión. Iría a la Costa Atlántica, no a Managua". De esa misión salió el nuevo programa que financia actualmente el BID.

Ahora Hodgson espera la llegada de consultores que ayudarán a planear la creación de una base impositiva y a mejorar la administración y la gestión financiera. Entonces, podrá demostrar que los habitantes de la Costa Atlántica realmente tienen la capacidad de manejar sus propios asuntos y planear un futuro mejor.

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Publicado: Mayo 2001

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