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Una democracia cercana y personal

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Los impuestos marcan la diferencia. El mandato de Howard finalizaba en noviembre del 2000 y aún le quedaba mucho por hacer. Su siguiente visita aquella mañana era a otra obra en construcción, en este caso una nueva escuela. Mientras su camioneta trataba de remontar una colina, Howard explicó que los terrenos de la nueva escuela habían sido adquiridos por el municipio con el dinero recaudado por los impuestos.

Corn Island es uno de los pocos municipios de la costa atlántica que invierte recursos recaudados localmente, en este caso un 1 por ciento de la actividad comercial. Las cantidades recaudadas provienen principalmente de la pesca, y casi exclusivamente de los pescadores de langosta a pequeña escala. Las grandes compañías no están dispuestas a pagar, según Howard, y se ha iniciado un recurso legal contra ellas.

El dinero recaudado por los impuestos, algunos fondos de los gobiernos centrales y regionales y donaciones —como por ejemplo de la ciudad holandesa de Gouda, hermanada con Corn Island— totalizan un presupuesto municipal cerca de $560.000 dólares al año. Con estos fondos, Corn Island ha adquirido maquinaria para el mantenimiento de carreteras, así como otros tipos de equipamiento.

En la escuela que visitaba Howard se empleará profesorado pagado con los impuestos locales. La mayoría de ellos vendrá del continente, sea de la cercana ciudad de Bluefields o de la distante Managua. Su lugar de alojamiento correrá también por cuenta del municipio.

Al llegar a la obra en construcción, Howard presentó a su acompañante al encargado, originario de Managua. De hecho, todos los trabajadores eran mestizos de la región del Pacífico de Nicaragua, y no criollos locales, que siendo de orígen africano se identifican con la cultura caribeña.

Este era otro de los rasgos culturales de la vida de la isla, según Howard. Hubiera preferido ver a la gente local hacer el trabajo, pero los habitantes de la isla tienen otras ideas en su cabeza; por ejemplo, la pesca. Por unos días pueden dedicarse a este tipo de trabajo, pero pronto se marchan en busca de langostas. "Incluso en la temporada baja", añadió, "pueden pensar 'hoy podría ser mi día' ". Como a la gente local tampoco le atraen los negocios, las tiendas son también propiedad de gente extranjera. Los locales siguen mostrando resentimiento hacia esta realidad, pero siguen prefiriendo pescar que llevar el negocio ellos mismos.

Cuando la mañana estaba a punto de terminar, Howard se detuvo delante de una chabola de la playa que se utiliza para el acopio de langosta, o sea una estación receptora. Allí se quedó por una hora charlando y jugando al dominó con los pescadores. Con el dale que dale de las fichas azules de plástico sobre la mesa, las patas se pusieron a temblar.

La compleja historia de una región ignorada por mucho tiempo. Para entender los problemas del alcalde Howard y de Corn Island es útil conocer algo sobre la compleja historia de la región. Aunque es conocida como Costa Atlántica de Nicaragua, en realidad comprende una buena mitad del territorio del país, desde las playas y los estuarios serpenteantes, a través de las áridas tierras bajas, hasta los pies de las colinas que llevan al corazón de la zona más poblada del país en la región Pacífica.

Pero algo más que la geografía diferencia a la Costa Atlántica del resto del país. Cuando los residentes se refieren a las gentes "del Pacífico", o españoles, implican que son personas de una mezcla cultural y racial diferente a la propia. La parte del país que recae en el Pacífico es de herencia española y ascendencia mestiza. Sus encantadoras ciudades coloniales, Granada y León, recuerdan el período lejano de dominio español. Tras la independencia de España y durante un breve período, el país formó parte del Imperio Mexicano, y más tarde pasó a ser miembro de una federación de provincias independientes de América Central. Siguió un período en el que fue república independiente marcado por intensas rivalidades políticas, y luego un breve interludio en el que un intruso norteamericano ocupó la presidencia por poco tiempo.

Pero, mientras que la región Pacífica atravesó años tumultuosos de adolescencia en su camino hacia la independencia, la Costa Atlántica siguió siendo protectorado británico. A lo largo de 300 años, estas comunidades desarrollaron una mezcla particular de raza, idioma y cultura que se conserva hasta nuestros días.

Fue recién en 1894 cuando la región de la Costa Atlántica se incorporó a Nicaragua. Y hasta 1987, la totalidad de esta área se administraba desde la capital, Managua, como un departamento único de grandes dimensiones.

Como producto de su geografía e historia, la población de la Costa Atlántica es muy diferente de la del resto del país. En el sur, y hasta la frontera con Costa Rica, vive un gran número de criollos de ascendencia africana, llegados del Caribe años atrás. Hablan un idioma muy peculiar, prácticamente ininteligible para un forastero, así como inglés y, en muchos casos, también español. Los miembros de las notables comunidades Garifuna hablan un idioma totalmente diferente.

La parte norte de la Costa Atlántica es un bastión de la cultura india miskito que se extiende más allá del río Coco y penetra en Honduras. El hecho de que los miskitos mantengan su idioma, sus creencias e instituciones políticas hace posible que este pueblo continúe manteniendo el derecho a su identidad y a su relación histórica con la tierra.

El pueblo Mayangna (también conocido como Sumu, que en idioma miskito significa "no miskito") vive en zonas aisladas del norte. En el sur, los Ranas completan la diversidad étnica y cultural de la región. Todos ellos están también decididos a conservar sus tradiciones lingüísticas y culturales.

En la Costa Atlántica vive actualmente menos del 15 por ciento de los cinco millones de habitantes de Nicaragua. Pero su población crece con rapidez ya que mestizos del resto del país están llegando en busca de oportunidades económicas, ampliando las fronteras agrícolas a un ritmo veloz. En muchos casos, el resultado es un aumento de las tensiones entre la población y los recién llegados, así como una presión creciente sobre los recursos naturales disponibles.

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Publicado: Mayo 2001

Partes 1 | 2 | 3

Nuevo cargo, nuevas responsabilidades
Los impuestos marcan la diferencia
La compleja historia de una región ignorada

De la dependencia a la autonomía

Construir un gobierno local desde abajo
La economía de la descentralización

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En el norte de Nicaragua, en plena región miskito de la Costa Atlántica, los cambios que enfrentan los gobiernos locales. Espere la segunda parte de esta serie.

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