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Prueba de fuegoFundación microfinanciera crece en Colombia a pesar de la violencia y la recesiónPor Peter Bate Si es cierto que toda institución financiera debe enfrentar una crisis para demostrar su temple, la Fundación Mundo Mujer de Popayán ha pasado varias pruebas de fuego. Esta institución microfinanciera no sólo ha logrado crecer en un país marcado por una recesión sino que ha sobrevivido en una ciudad sitiada durante casi cuatro semanas por guerrilleros e indígenas. La fundación tiene su sede en Popayán, una pequeña ciudad colonial emplazada en el valle del Cauca, una región controlada mayormente por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En 1999, en uno de sus frecuentes despliegues de fuerza, los rebeldes comunistas cortaron todas las rutas a la ciudad por 26 días, con el respaldo de grupos indígenas indignados con las autoridades colombianas por presuntas demoras en la entrega de ayuda prometida. "Nadie podía entrar o salir de la ciudad", recuerda la presidenta ejecutiva de FMM de Popayán, Leonor Melo de Velasco. Sin transporte terrestre, no había entregas de mercancías. Sin mercancías, muchos de los prestatarios de la fundación no tenían qué vender. Sin ventas, no había dinero para pagar préstamos. "Reunimos a todo el personal de la fundación para una lluvia de ideas. Nos preguntamos qué hacer con los clientes. Y llegamos a la conclusión de que más vale un mal arreglo que un buen pleito." De hecho, la fundación había venido preparándose para una crisis, aunque no para un trance precipitado por un sitio. Había diseñado estrategias de cobranza para épocas de vacas flacas, entrenando a su personal en técnicas de negociación, ofreciéndo a sus clientes alguna medida de alivio de deuda y ampliando plazos de vencimiento. "Aprendimos a ser flexibles, a escuchar a los clientes para ver qué nos ofrecían", cuenta Velasco. "Naturalmente, siempre hay pícaros que tratan de aprovecharse en estas situaciones, pero por lo general la gente quiere cumplir con sus obligaciones. Saben que si pagan, van a obtener nuevos préstamos. Y también saben que los prestamistas cobran más del doble de los intereses que cobramos nosotros." Inspiración. La prevención parecería ser una característica de esta institución fundada por un grupo de líderes cívicas de Popayán después del terremoto que golpeó a la ciudad en 1983. Inspiradas por la obra de un grupo similar en Cali, las dirigentes payanesas abrazaron los principios de Womens World Banking, una organización internacional que, mediante el acceso al crédito, a la información económica y a los mercados, ayuda a mujeres de bajos ingresos a iniciar y desarrollar sus propios emprendimientos y a mejorar su calidad de vida. Durante dos décadas, la WWB ha creado una red de instituciones afiliadas y asociadas que proveen servicios financieros a más de 10 millones de mujeres en 36 países en todo el mundo. Además de su trabajo con entidades microfinancieras, la WWB ha impulsado reformas a niveles nacional, regional e internacional para forjar sistemas financieros que acomoden los intereses de las grandes mayorías. En Colombia, la red comprende cinco instituciones de la WWB localizadas en Bogotá, Bucaramanga, Cali, Medellín y Popayán. Desde sus primeras operaciones en 1985, solventadas con unos pocos miles de dólares en capital semilla aportado por la embajada del Canadá, FMM de Popayán ha florecido hasta convertirse en una institución con 21.000 clientes, 71 empleados, tres agencias y planes para abrir cinco más, incluyendo una en la capital ecuatoriana, Quito. Su crecimiento acelerado no ha resentido su desempeño financiero. Aun en medio de una recesión, en una región castigada por la guerrilla, la fundación ha mantenido una cartera crediticia notablemente sana, con menos de dos por ciento de mora. Estos logros de FMM de Popayán, alcanzados en circunstancias especialmente difíciles, le valieron en el 2000 un Premio Interamericano a la Excelencia en el Desarrollo de la Microempresa, galardón que otorga el BID a instituciones que descollan en sus servicios a los microemprendedores de América Latina y el Caribe. Sangre y sudor. En sus palabras de agradecimiento por el premio, pronunciadas en una ceremonia celebrada en octubre en Barcelona como parte del III Foro Interamericano de la Microempresa, Velasco comentó que tomaba este reconocimiento como un mensaje de apoyo a Colombia. "Con nuestros servicios", dijo, "sentimos que contribuimos a que no se bañe más con sangre nuestra tierra, sino con el sudor del trabajo, fortaleciendo verdaderos valores, la igualdad de oportunidades, construyendo el camino al desarrollo." Velasco ha participado en esta iniciativa desde el vamos. En un principio, su profesión de odontóloga (que comparte con su marido) y su familia le dejaban suficiente tiempo como para cabildear para conseguir fondos y apoyos para la naciente fundación. Pero a medida que el proyecto fue avanzando, comenzó a involucrarse más y más en sus operaciones. A fin de aumentar sus conocimientos sobre contabilidad y finanzas, obtuvo una maestría en administración y otra en calidad total. Con el tiempo asumió la presidencia ejecutiva. Como suele suceder con las personas dedicadas a las microfinanzas, el entusiasmo de Velasco crece cuando describe los efectos sorprendentes que puede desencadenar un pequeño préstamo. Entre las primeras clientes de FMM de Popayán figuraron las vendedoras de frutas y verduras y comidas de las "galerías", como se conoce a las ferias techadas de la ciudad. Las impulsoras de la fundación les explicaban a sus potenciales clientes que con un préstamo de tan sólo 3.000 pesos (en ese entonces, unos 50 dólares) podían comprar mercadería a precios descontados. Por ejemplo, una vendedora de tamales que solía comprar 10 libras de maíz por semana ahora podría comprar 20 libras a un precio más bajo. La vendedora entonces le pediría a una hermana, o a una sobrina o a una vecina, que muela el maíz. En un principio no sería un trabajo remunerado, apunta Velasco, pero esto constituye el embrión de un empleo. Si la clienta vende más tamales y aumenta sus ganancias, tal vez piense en abrir un segundo puesto y contrate a otra persona para atenderlo. En poco tiempo, y a partir de un modesto crédito, se formará una empresa familiar. La fundación anuncia sus servicios por radio, televisión y volantes. Sin embargo, la mayoría de sus nuevos clientes llega por recomendación de otros clientes. La fundación también despliega ocasionalmente a sus empleados para visitar todos los negocios de una calle o un sector. Sus requisitos para conceder préstamos son pocos y simples: los prestatarios deben tener al menos 18 años de edad, deben ser propietarios de sus negocios y deben tener un año de trayectoria. Los analistas de crédito calculan el flujo de caja de los negocios y tasan los electrodomésticos de los clientes para evaluar qué tipo de garantías pueden ofrecer. Los clientes que pagan puntualmente sus primeros préstamos pueden obtener renovaciones automáticas de crédito y, a medida que crecen sus negocios, pueden pedir mayores montos. Atención individual. El estilo colonial, el clima templado y las tradicionales celebraciones religiosas han convertido a Popayán en un destino turístico regional, aunque la afluencia de visitantes ha mermado en años recientes debido a las "pescas milagrosas", como se denomina en Colombia a los secuestros masivos que perpetra la guerrilla. No obstante esos percances, la fundación ofrece préstamos estacionales para permitirles a sus clientes comprar más mercaderías para épocas como la Navidad, Año Nuevo, Semana Santa y los fines de cursos escolares. Y para los mejores clientes, FMM de Popayán tiene un servicio que denomina "secretaría de crédito", con horarios especiales de atención y renovaciones automáticas de líneas de crédito. Para el futuro, con la ayuda de nuevas tecnologías, Velasco planea introducir servicios como las tarjetas inteligentes, el "fáctoring", los préstamos para mejora de vivienda y la administración de cheques posfechados. Uno de los productos más exitosos es su línea de créditos prendarios, donde los clientes usan sus joyas de oro como garantía. En los pueblos de montaña de Colombia, como en muchos otros lugares del mundo en vías de desarrollo, la gente tradicionalmente ha acumulado alhajas de oro. En sus agencias de Popayán, Pasto y Santander, la fundación ofrece créditos rápidos contra garantías de oro. Si bien las casas de empeño o "prenderías" han estado en este negocio durante siglos, Velasco apunta varias diferencias: todas las joyas que toma en prenda quedan aseguradas contra robo e incendio y las tasas de interés que cobra la fundación son menos de la mitad de las que suelen exigir las prenderías. Por último, en vez de tasar cada alhaja, los préstamos de la fundación representan sólo un 65 por ciento del valor del peso del oro. "La idea es que el cliente diga: me prestaron tan poquito por mi joya que les voy a pagar para recuperarla. Y así la puede volver a usar una y otra vez cuando necesite liquidez en un apuro", agrega. Paralelamente a sus créditos, la FMM de Popayán ofrece una variedad de servicios no financieros que, en gran medida, son subsidiados por donantes externos. Estos servicios ayudan a sus clientes a ser más eficientes en la producción y comercialización. Por ejemplo, para los microempresarios de la confección, la fundación organiza reuniones con proveedores, talleres técnicos y ferias de compras para que conozcan las últimas novedades en máquinas, hilos, agujas y botones. Además alienta a sus clientes a formar alianzas para que puedan conseguir contratos de maquila. Así aprenden a terminar y empacar sus prendas prolijamente, a calcular costos, a participar en exposiciones y a cerrar tratos. "Aprovechamos nuestra base de datos de clientes para ofrecer estos servicios, a fin de que se conozcan y puedan ayudarse unos a otros. Ellos pagan una parte, y la institución pone su infraestructura. Y el día de mañana ellos venderán más, contratarán más gente y tomarán más crédito. Es toda una cadena de desarrollo", afirma Velasco. Ese afán por aumentar la productividad se aplica a la propia fundación. Sus empleados asisten periódicamente a cursos de entrenamiento con la idea de regresar y capacitar a sus colegas. Como en muchas empresas con fines de lucro, FMM de Popayán ofrece bonificaciones por buen desempeño a sus trabajadores. Quienes consiguen más clientes y tienen las carteras crediticias más sanas obtienen bonificaciones. El personal también puede proponer objetivos tales como reducir el porcentaje de cartera morosa, o crear campañas de mercadeo como las rifas con premios para clientes que pagan puntualmente. El próximo paso. Velasco cree que el siguiente paso para la fundación sería convertirse en una institución microfinanciera regulada. El problema es que Colombia aún no tiene un marco regulatorio para tales instituciones. Como fundaciones, FMM de Popayán y sus instituciones colegas pueden ofrecer crédito pero no pueden tomar depósitos. Esto les impide recurrir a los ahorros de sus clientes para fondear sus préstamos, como lo hacen los bancos. En circunstancias normales, esto de por sí constituye un escollo. En un país en crisis como Colombia, las instituciones de microcrédito están en una virtual pelea de "burro atado con tigre". El BID está financiando un estudio de las condiciones necesarias para crear marcos regulatorios apropiados para instituciones microfinancieras en Colombia, Paraguay y Perú. Velasco y sus colegas están siguiendo atentamente ese proyecto, que podría ver la luz a fines del 2001. Entre tanto, FMM de Popayán y las otras instituciones de la red de WWB en Colombia están participando en un programa el Fondo Multilateral de Inversiones del BID que alienta a las instituciones de microcrédito no reguladas a perfeccionar sus operaciones para cumplir con el tipo de normas exigidas a las instituciones reguladas. Esto implica mejorar en términos de indicadores de eficiencia, introducir nuevas tecnologías, adoptar manuales operativos, normas contables, sistemas de información y controles internos estrictos. "La meta es que nos comportemos como un banco, aunque en la puerta el cartel diga fundación", explica Velasco. "Sin olvidar que nuestra misión es ayudar al microempresario, estamos haciendo la gimnasia para el día que se produzca el cambio." Publicado: Enero 2001 |
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