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Obras maestras del norte lejano

Arte refinado de un lugar inclemente

Por Roger Hamilton

Ninguna de las grandes capitales en la historia del arte, ya se trate de París, Florencia, Roma, Nueva York o Amsterdam, alcanzó jamás el número de artistas per cápita que tiene Cabo Dorset.

Expuesta a los fuertes vientos en un saliente de Tierra de Baffin, frente a la embocadura de la Bahía de Hudson, Cabo Dorset es una comunidad de 1.200 habitantes en la que residen centenares de artistas, algunos de ellos de primera línea. Una mayoría de ellos talla en piedra y realiza trabajos sumamente apreciados por coleccionistas, que se exhiben en museos de todo el mundo.

Lo mismo ocurre con muchas otras comunidades del Artico Canadiense, desde las heladas costas del Mar de Beaufort a los fiordos de la parte este de Tierra de Baffin. Los 30.000 inuits que viven allí han creado una tradición artística que hoy es también fuente de ingresos y de reconocimiento internacional.

Algunos de los mejores ejemplos de arte inuit formaron parte de la muestra que se expuso en la Galería de Arte del Centro Cultural del BID desde diciembre hasta febrero. Con una variedad temática que incluía retozones bailarines junto a osos amenazadores, abstracciones sutiles y escenas de gran realismo, la exposición "Masterpieces of Canadian Inuit Sculpture", fue la celebración de una historia de éxito económico y cultural.

De la obscuridad a la fama internacional. Hasta mediados del siglo XX había escasa noción del potencial estético de los habitantes de este remoto rincón del mundo. Si de alguna manera alguien pensaba en ellos era para imaginarlos como prueba viviente de que el hombre puede adaptarse a vivir en las condiciones más rigurosas del planeta.

Pero los inuits hicieron algo más que adaptarse y sobrevivir. Dando prueba de gran ingenio, lograron transformar materiales modestos en objetos de gran utilidad y belleza. Del intestino de las morsas confeccionaron elaborados abrigos translúcidos e impermeables. Sirviéndose de pieles y maderos arrastrados por la marea crearon el kayac, una de las embarcaciones más elegantes y eficientes que jamás invento el hombre. En sus manos, utensilios como peines y estuches de agujas tomaron delicadas formas zoomorfas y antropomórficas.

No obstante, los inuits seguían viviendo una precaria existencia. Por este motivo, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el gobierno canadiense decidió proveerles de una atención médica regular y del suministro ininterrumpido de alimentos. El gobierno animó también a los inuits a que abandonaran su existencia errante como cazadores y pescadores y se asentaran en comunidades permanentes. En esta nueva condición, los inuits disfrutaron de una mayor seguridad material a pesar de que seguían careciendo de los recursos necesarios para generar ingresos.

Una explosión de arte inuit. En medio de este panorama de cambio cultural y pobreza contínua, aparece el joven artista canadiense James Houston. En 1948, y por encargo del Handicrafts Guild Canadiense en Montreal, Houston emprendió una misión para adquirir artesanías inuit y estudiar la posibilidad de iniciar un mercado para ellas.

El plan tuvo más éxito que lo esperado. "Lo que es sorprendente es la rápida aparición no solo de artesanías, sino también de tallas de gran mérito artístico", dice John M. Burdick, curador adjunto de la exposición en el BID, en el catálogo preparado para la muestra. "Hacia comienzos de los años1950, empezaron a emerger del Artico esculturas de extraordinaria creatividad y calidad".

Desde entonces, el arte inuit se ha visto revitalizado gracias al sentido estético de los escultores y a la propia dinámica del mercado. El resultado ha sido fama y relativa fortuna para los mejores artistas, y una bienvenida fuente de ingresos para muchos otros, como por ejemplo, quienes trabajan con recuerdos típicos o imitaciones de las obras ajenas.

El éxito comercial no siempre ha garantizado que el arte sea de gran calidad, dice Burdick. Es frecuente que los coleccionistas se interesen por adquirir obras similares a las que se exhiben en museos o ven reproducidas en libros. Artistas de talento, que en otras circunstancias explorarían nuevos estilos y producirían creaciones artísticas personales, se conforman muchas veces con servir la demanda del mercado.

En última instancia, la vitalidad de las tradiciones artísticas es resultado de la interacción entre el artista y el mercado. "La trayectoria de los estilos artísticos es evolucionar o estancarse, y no existe una fórmula mágica que asegure que esa evolución garantice la producción continuada de obras de excelente calidad", advierte Burdick. En el caso de los inuits, Burdick está seguro de que existe un número suficiente de coleccionistas interesados en una obra auténtica y original, hecho que empuja a los artistas a desarrollar sus propios estilos personales.

Publicado: Marzo 2001

Para una excelente revisión de arte arte inuit, vea aquí el ensayo de John M. Burdick (Sólo en inglés)

Centro Cultural del BID

Conozca al curador del BID

Los esquimales están haciendo muy buen uso del Web para exponer sus obras de arte a potenciales compradores y asesores en mercadeo alrededor del mundo. El resultado es mayor información para los artistas y obras que satisfacen las expectativas de los consumidores.

Vea: www.inuitart.org


FOTOS


"Danzante"


"Odontología Inuit"


"Expulsando Males"


"Pescando desde un Umiak"


"Ave Chamán"


"Leyenda de una Anciana"