Las 92 millas de costa de Barbados, salpicadas por 80 playas, alimentan su economía centrada en el turismo. Visitantes de todo el mundo acuden a la isla atraídos por el sol, la arena y las brisas cálidas del mar.
Durante más de tres décadas, el gobierno y la comunidad empresarial han reconocido que este recurso natural no se puede dar por seguro. Las playas son como especies en peligro de extinción. Sin protección y mejoras podrían desaparecer, en algunos casos en el plazo de un día, como resultado de un acontecimiento tan drástico como una tormenta o tan sutil como un cambio en las mareas o en las corrientes.
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| Tia Browne: “Una tormenta no tiene que ser necesariamente un huracán para amenazar a una playa. La subida del nivel del océano puede representar un peligro también”. |
“Una playa es un sistema muy dinámico”, explica Tia Browne, ingeniero de proyecto del Programa de Infraestructura Costera de Barbados. “Una tormenta no tiene que ser necesariamente un huracán para amenazar a una playa. La subida del nivel del océano puede representar un peligro también”.
En 1983, el gobierno comenzó a preparar una estrategia y plan sistemáticos para la conservación de las playas del país, un proceso que requirió leyes nuevas y la capacitación y contratación de ingenieros y administradores. Campañas de comunicación concienciaron a los ciudadanos sobre la importancia de conservar e invertir en la estabilización de las playas.
Conocido como Gestión Integrada de Costas, la protección del litoral toma en cuenta el impacto del desarrollo comercial y residencial, el drenaje, las mareas y corrientes oceánicas, el riesgo de tormentas y huracanes, los ecosistemas de las barreras de coral y el ascenso del nivel del mar a causa del calentamiento global. Se consulta con regularidad con los dueños de propiedades costeras y otras partes interesadas y se les estimula a formar parte del sistema de conservación del litoral.
Las medidas para la protección y mejora de las playas seleccionadas utilizan un lenguaje propio: “morros” son promontorios artificiales de roca; “espuelas” son rompeolas rocosos de menor tamaño que los anteriores; “revestimientos” son apilamientos de grandes rocas en la costa, detrás de las playas; “alimentación” es arena nueva traída para reforzar una playa erosionada.
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Vista aérea de la famosa playa
Crane. |
En tan solo un tramo de 1.100 metros de playa de la costa del suroeste, de Rockley a Coconut Grove, la rehabilitación costera requiere la construcción de cinco morros, un revestimiento de grandes dimensiones y cinco espuelas. El revestimiento requiere 30.000 toneladas de rocas de granito importadas de Canadá, y la alimentación de las playas 18.000 metros cúbicos de arena extraída de un puerto de Barbados. El procedimiento se guía por un modelo científico desarrollado por una empresa de tecnología internacional canadiense.
Una vez finalizada la rehabilitación –el programa incluye la construcción de un paseo paralelo a la playa y servicios de baños públicos- el gobierno habrá invertido US$9 millones en un tramo de 1.100 metros de la costa cercana a Bridgetown, capital y ciudad principal del país.
Esta y otras inversiones han logrado la estabilización básica del litoral de Barbados, asegura Browne, pero el proceso de rehabilitación y protección costeras es continuo, y la posibilidad de contratiempos una amenaza constante.
Se ha creado una Unidad de Gestión de la Zona Costera para ejecutar y monitorear el programa de protección del litoral bajo el control del Plan de Gestión de la Zona Costera. Se aprobaron tres leyes para cumplimiento de la Gestión Integrada de Costas: el Decreto de Gestión de Zonas Costeras, el Decreto de Control de la Polución Marina y el Decreto para la Planificación de Ciudades y Zonas Rurales.
El BID ha apoyado la puesta en marcha de la Gestión Integrada de Costas desde su creación en 1983 con ayuda financiera para estudios técnicos e investigación. Recursos adicionales financiaron la capacitación de técnicos y de proyectos modelo. El Banco financió también el anteproyecto de nueva legislación medioambiental y ayudó a la puesta en marcha de la Unidad de Gestión de la Zona Costera y al diseño del Plan de Gestión de la Zona Costera.
En 2002 se aprobó un préstamo del BID de US$17 millones para financiar la rehabilitación y protección de playas seleccionadas prioritarias, incluyendo las famosas Rockley y Crane, y facilitó recursos de capacitación y fortalecimiento de la Unidad de Gestión de la Zona Costera.
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