Para la familia de Katalina Erlinda Peña de Romero, la puesta del sol significaba el cese abrupto de la actividad. Su vivienda en Caluco, una municipalidad rural del departamento de Sonsonate en El Salvador, no tenía energía eléctrica, y los ingresos familiares eran tan modestos que muchas veces no contaban con el kerosén necesario para encender candiles.
“Antes nos acostábamos bien tempranito,” Romero le declaró a un reportero de La Prensa Gráfica de San Salvador en noviembre del 2005. “Sólo comíamos y a las 6 ya estábamos todos en la cama. Ahora nos acostamos tarde, tipo 10 de la noche y puedo ayudar más mis hijos en las tareas escolares gracias a la luz eléctrica.”
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| Hasta los hogares más modestos se han equipado con paneles solares. |
El cambio se debe a un panel solar fotovoltáico colocado sobre el techo de la casa de los Romero y de otras 70 familias que residen en los cantones de Las Flores y Cerro Alto. Cada panel genera suficiente electricidad para operar 3 focos de luz, un radio y una television pequeña por 4 a 5 horas diarias. Su vida “ha dado un vuelco de 180 grados” desde que instalaron el panel, dijo Romero.
Se trata de un proyecto piloto implementado en el marco de un programa de asistencia técnica del BID al Ministerio de Economía de El Salvador financiado por el Fondo Especial Japonés (ver enlace a la derecha). Se espera que la iniciativa sea expandida a todas las regiones aisladas de El Salvador que no podrán acceder la red eléctrica convencional. Según los estudios realizados para el proyecto, existen más de 20.000 familias en situación similar que podrían ser atendidas satisfactoriamente con este tipo de solución.
El problema de las baterías. No es la primera vez que se aplica la energía solar fotovoltaica para electrificación rural en la región (ver enlace a la derecha “Rompiendo las sombras del Wangki”). Sin embargo, una parte importante de los proyectos anteriores de este tipo fracasaron por fallas en su sostenibilidad. El problema principal suele ser la ausencia de mecanismos para asegurar el mantenimiento de los sistemas en el largo plazo, particularmente en cuanto al proceso de cambio de las baterías que almacenan la energía captada durante el día para que pueda ser utilizada a la noche. Mientras los paneles solares típicamente presentan una vida útil de más de 20 años y sólo necesitan ser limpiados periódicamente, las baterías en general sólo duran 4 a 5 años. Si no son reemplazadas a tiempo, ponen todo el sistema fuera de operación definitivamente.
El proyecto de Caluco aplica un esquema inédito en el país que se basa en la creación de una microempresa de mantenimiento operada por representantes de la misma comunidad. La empresa se responsabiliza por el reemplazo de las baterías y demás partes que requieran sustitución (como es el caso del regulador y fusibles), a cambio de un pago mensual fijo equivalente a 5 dólares por cada vivienda. Según los estudios realizados para el proyecto, este costo mensual equivale a la mitad de los gastos por velas, querosén para candiles y pilas para linternas que las familias debían asumir antes de la instalación de los paneles solares.
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| Elías Saca (izq.), presidente de El Salvador y otros dignatarios en la ceremonia de inauguración de Caluco. |
La inauguración del servicio en Las Flores y Cerro Alto, celebrada el 19 de noviembre del 2005, fue un evento inolvidable para la comunidad. El evento fue prestigiado con la participación del Presidente de la República, Elías Antonio Saca, la Ministra de Economía Yolanda de Gavidia, el Embajador de Japón Akio Hosono y varias otras autoridades nacionales y del BID.
Después del evento, el alcalde de Caluco, Fernando Medina, bromeó que “la gente está contenta porque va dejar de ahumarse con los candiles, ya no van a tener que ahumarse la nariz.” Dijo además que varias familias ya piensan en aprovechar la luz para extender tareas productivas como la costura y así aumentar el ingreso familiar.
Además del financiamientro no reembolsable del Fondo Especial Japonés (ver enlace a la derecha), el proyecto contó también para su diseño con el apoyo de un acuerdo de cooperación sobre energía renovable entre el BID y la Agencia de Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (USAID).
*Vieira de Carvalho es un especialista ambienta en el Departamento de Desarrollo Sostenible del BID.
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