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| Enero - Febrero 2000
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Chamanes con futuro
Si desaparecen los chamanes podrían perderse conocimientos y tradiciones milenarias. |
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Por ROGER HAMILTON En junio ocurrió un encuentro inusual en Yurayaco, una aldea en los faldeos de la Amazonia colombiana. Por primera vez, los chamanes de grupos indígenas tradicionalmente rivales se reunieron durante una semana para discutir formas de preservar su cultura y las prácticas curativas que son su elemento central. Los chamanes, conocidos en Colombia como taitas, reconocieron que las distancias ya no aislarían a sus comunidades de las influencias externas. Como otros pueblos indígenas, su destino estará ligado a sucesos y factores más allá de sus fronteras. Por ello, antes de regresar a sus comunidades, los 42 taitas formaron una unión y firmaron una declaración conjunta de propósitos para lograr sus objetivos. Munidos de su declaración, representantes de los taitas salieron al mundo a la búsqueda de apoyo. Una escala en su itinerario fue la sede del bid en Washington, la que visitaron en octubre acompañados por Mark Plotkin, etnobotánico y presidente del Amazon Conservation Team, y por Germán Zuluaga, director de esa organización en Colombia. Una de sus principales inquietudes es cómo lidiar con los impostores que se hacen pasar por chamanes y venden yagé, una planta alucinógena que desempeña un papel central en ceremonias religiosas de los indígenas. Cuando el yagé es consumido fuera de un entorno controlado puede producir efectos nocivos. De hecho, algunos gobiernos están tratando de declararla un narcótico y prohibir su consumo. Los taitas reclaman que se les permita seguir usando yagé como parte de sus ritos religiosos. Además, piden al gobierno que reconozca oficialmente los servicios curativos que proveen en sus comunidades. Otro problema es la prospección que realizan científicos, empresarios y antropólogos en la selva para cosechar plantas medicinales con el propósito de obtener sustancias curativas con potencial comercial. Según los taitas, las patentes de esos remedios derivados de plantas selváticas violan sus derechos de propiedad y se oponen a que eso ocurra a menos que se garanticen contractualmente los derechos de los indígenas. Una tercera amenaza es la pérdida de tierras indígenas y sitios sagrados. “Si desaparece el bosque, desaparecerá la vida y la medicina”, sostiene la declaración. Plotkin, quien ha advertido repetidamente que la desaparición de los chamanes significa una pérdida irremplazable de conocimientos de botánica, admite que estos taitas no tienen respuestas a todo, pero sostiene que la medicina occidental puede aprender mucho de ellos. “No hace falta ser un romántico o un hippie para llegar a esa conclusión“, afirma. Más aún, apunta, los progresos tecnológicos están tornando a la naturaleza en una fuente cada vez más promisoria de nuevas drogas porque se están desarrollando nuevas formas de encontrar sustancias útiles, analizarlas y manipular sus componentes. Más allá de los beneficios culturales y medicinales, el apoyo a los chamanes ofrece beneficios económicos, argumenta Anne Deruyttere, jefa de la Unidad de Pueblos Indígenas y Desarrollo Comunitario del bid. En algunos casos, la medicina tradicional puede ser más ventajosa en términos de costos que la medicina moderna y varios países latinoamericanos han mostrado interés en usarla en el marco de sus servicios de salud pública. Más aún, agrega Deruyttere, en tiempos de rápidos y a menudo dolorosos cambios, la gente que tiene una clara identidad cultural basada en la tradición de su pueblo se puede adaptar mejor. Encuentro de culturas. Aunque mucha gente no indígena rechaza la medicina tradicional, otros pronto se vuelven creyentes. Zuluaga recuerda su propia experiencia durante un viaje a la Amazonia, a poco de finalizar sus estudios de medicina. Quedó tan impresionado con los poderes curativos de los taitas que declaró su propósito de ataviarse con plumas, pero los taitas le aconsejaron no abandonar su indumentaria occidental. Pero aunque persistan las diferencias culturales, Zuluaga exhorta a un encuentro entre la medicina moderna y las tradiciones curativas de los indígenas basado en la investigación científica y el asesoramiento legal. Los taitas podrían ser incorporados a los sistemas de salud pública y el uso de yagé y otras tradicionales plantas medicinales podría ser regulado, explica. Las áreas protegidas podrían ser administradas conjuntamente con el estado. Zuluaga pide asimismo tomar medidas para frenar las incursiones en tierras indígenas por parte de colonos que las deforestan para plantar coca, como también la recuperación de Yurayaco, un enorme monolito negro venerado por los pueblos nativos. La medicina tradicional debería ser exportada de la selva al mundo exterior, sostiene Zuluaga. Por ejemplo, se está considerando la construcción de dos hospitales con jardines botánicos donde se enseñaría medicina tradicional a estudiantes no indígenas e indígenas para que aprendan botánica y las artes curativas ancestrales.
Para obtener más información sobre la declaración de los chamanes colombianos y el Amazon Conservation Team, vea www.ethnobotany.org.htm. |
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