Brindar un trato adecuado a la policía. En los tórridos estados del nordeste de Brasil
eso implica ofrecerle refrigerios a los efectivos en tareas de patrulla y aire acondicionado en sus puestos.El centro de
comando del programa es el puesto policial “interactivo” en el distrito de Cohab. Desde allí, cuatro agentes de la policía
municipal, sin armas, apoyados por un agente armado de la policía civil de Pernambuco, se turnan para patrullar la comunidad
en un vehículo oficial.
Un agente der la policía municipal en Cabo de Santo Agotinho recoge datos, quejas y sugerencias que los vecinos dejan
en un buzón
En el puesto policial, el agente municipal Reginaldo Francisco Albuquerque dijo que la clave del
éxito del proyecto reside en obtener informes de los residentes sobre actividades sospechosas o amenazas de violencia y en
tomar rápida acción. “La gente llama por teléfono para ofrecer pistas o denuncias, viene a la estación o deja mensajes, a
menudo anónimos, en buzones de sugerencias colocados en escuelas, tiendas y clínicas del vecindario”, explicó. La policía las
recoge y las usa como parte de su red de inteligencia para la prevención del delito.
El proyecto piloto de seguridad es sólo
un aspecto del amplio programa de participación ciudadana.
Como parte del programa, los ciudadanos asisten a asambleas
vecinales en las que eligen delegados encargados de informar a las autoridades municipales sobre las aspiraciones de los vecinos
en materia presupuestaria. Según Gomes, esas prioridades típicamente significan mejoras que afectan inmediatamente la vida
cotidiana de los residentes, como medidas de seguridad pública, la construcción de muros para prevenir deslizamientos de tierra,
caminos, centros de recreación, peldaños de cemento en laderas, zanjas y desagües. “Una persona que vive rodeada de lodo
quiere que le pavimenten la calle”, explica.
Gomes encontró asimismo que la participación ciudadana es una herramienta
útil para aumentar la recaudación fiscal.
El alcalde hizo una campaña casa por casa para exhortar a la gente a pagar los
impuestos a la propiedad, estipulando que las obras públicas en cada vecindario sólo se completarían si 70 por ciento de los
residentes pagan sus impuestos.
Como resultado de la campaña de recaudación, que incluyó descuentos para quienes
pagan sus impuestos anticipadamente, los ingresos del erario municipal aumentaron al doble y lo recaudado por impuestos a la
propiedad se triplicó, según Gomes. La municipalidad hizo su parte también: la proporción del presupuesto dedicada a la
inversión aumentó en dos años del 3 al 15 por ciento y el número de empleados municipales nombrados por la alcaldía bajó de
1.000 a 279. Según Gomes, la participación ciudadana en el proceso presupuestario es un contrapeso de la enquistada burocracia
municipal, que suele presionar al gobierno de turno para lograr aumentos salariales.
Pero el alcalde no ve a las formas
participativas de gobierno como un forcejeo constante entre ciudadanos y burócratas. En lugar de eso, Gomes cree que implica
derechos y obligaciones para ambas partes: más capacitación técnica y eficiencia de parte de funcionarios municipales como
también mejor preparación y ejecución de proyectos, con monitoreo por parte de la población en general. Combinando
democracia con más eficiencia y eficacia, las municipalidades brasileñas están “abriendo ventanas a un futuro mejor para todo el
país”, asegura.
—Daniel Drosdoff