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Nosotros les diremos cómo frenar al delito
En una comunidad brasileña, los vecinos ayudan a la policía en sus tareas





Un agente de la policía municipal en Cabo de Santo Agostinho recoge datos, quejas y sugerencias dejados por vecinos en un buzón. El alcalde Elías Gomes (izq) atribuye a la colaboración de los residentes una marcada reducción en el número de homicidios.

El alcalde Elías Gomes (left) atribuye a la colaboración de los residentes una marcada reducción en el número de homicidios

Si necesita un programa para combatir el delito, pregunte por Elías Gomes. En tan sólo seis meses, este alcalde brasileño redujo la tasa de homicidios en el barrio más peligroso de su ciudad de seis por mes a cero.

Gomes es el alcalde de Cabo de Santo Agostinho, una comunidad agrícola e industrial en el estado nordestino de Pernambuco. Aunque tiene poco en común con las ciudades más prósperas del sur de Brasil, que fueron pioneras en la participación ciudadana en el gobierno municipal, Cabo de Santo Agostinho decidió adoptar ese enfoque en áreas como los impuestos, el presupuesto y las obras públicas. Pero es en la prevención de delitos donde se han notado los resultados más espectaculares de esa estrategia.

Gomes dice que el programa de prevención del delito en la ciudad, conocido como Seguridad Amiga, está basado en lo siguiente:

  • Identificar un vecindario con problemas de delincuencia para implementar un programa piloto. En el caso de Cabo do Santo Agostinho, el área seleccionada fue el distrito de Cohab, el más violento en la ciudad. Otras áreas serán agregadas en el futuro.
  • Crear un grupo consultivo compuesto por representantes de las policías civil, militar y municipal, dirigentes vecinales, sacerdotes y pastores, autoridades escolares y otros representantes de las fuerzas vivas.
  • Llevar a cabo seminarios sobre prevención del delito para dirigentes comunitarios y funcionarios policiales.
  • Excluir del programa a policías que no estén dispuestos a trabajar en cooperación con la comunidad.
  • Elaborar un “mapa del crimen” que muestre dónde ocurren delitos, con qué frecuencia, por qué razones y a qué horas del día o de la noche.
  • Establecer un puesto de comando policial en el vecindario donde policías estaduales y municipales trabajen conjuntamente.
  • Brindar un trato adecuado a la policía. En los tórridos estados del nordeste de Brasil eso implica ofrecerle refrigerios a los efectivos en tareas de patrulla y aire acondicionado en sus puestos.

    El centro de comando del programa es el puesto policial “interactivo” en el distrito de Cohab. Desde allí, cuatro agentes de la policía municipal, sin armas, apoyados por un agente armado de la policía civil de Pernambuco, se turnan para patrullar la comunidad en un vehículo oficial.

    Un agente der la policía municipal en Cabo de Santo Agotinho recoge datos, quejas y sugerencias que los vecinos dejan en un buzón

    En el puesto policial, el agente municipal Reginaldo Francisco Albuquerque dijo que la clave del éxito del proyecto reside en obtener informes de los residentes sobre actividades sospechosas o amenazas de violencia y en tomar rápida acción. “La gente llama por teléfono para ofrecer pistas o denuncias, viene a la estación o deja mensajes, a menudo anónimos, en buzones de sugerencias colocados en escuelas, tiendas y clínicas del vecindario”, explicó. La policía las recoge y las usa como parte de su red de inteligencia para la prevención del delito.

    El proyecto piloto de seguridad es sólo un aspecto del amplio programa de participación ciudadana.

    Como parte del programa, los ciudadanos asisten a asambleas vecinales en las que eligen delegados encargados de informar a las autoridades municipales sobre las aspiraciones de los vecinos en materia presupuestaria. Según Gomes, esas prioridades típicamente significan mejoras que afectan inmediatamente la vida cotidiana de los residentes, como medidas de seguridad pública, la construcción de muros para prevenir deslizamientos de tierra, caminos, centros de recreación, peldaños de cemento en laderas, zanjas y desagües. “Una persona que vive rodeada de lodo quiere que le pavimenten la calle”, explica.

    Gomes encontró asimismo que la participación ciudadana es una herramienta útil para aumentar la recaudación fiscal.

    El alcalde hizo una campaña casa por casa para exhortar a la gente a pagar los impuestos a la propiedad, estipulando que las obras públicas en cada vecindario sólo se completarían si 70 por ciento de los residentes pagan sus impuestos.

    Como resultado de la campaña de recaudación, que incluyó descuentos para quienes pagan sus impuestos anticipadamente, los ingresos del erario municipal aumentaron al doble y lo recaudado por impuestos a la propiedad se triplicó, según Gomes. La municipalidad hizo su parte también: la proporción del presupuesto dedicada a la inversión aumentó en dos años del 3 al 15 por ciento y el número de empleados municipales nombrados por la alcaldía bajó de 1.000 a 279. Según Gomes, la participación ciudadana en el proceso presupuestario es un contrapeso de la enquistada burocracia municipal, que suele presionar al gobierno de turno para lograr aumentos salariales.

    Pero el alcalde no ve a las formas participativas de gobierno como un forcejeo constante entre ciudadanos y burócratas. En lugar de eso, Gomes cree que implica derechos y obligaciones para ambas partes: más capacitación técnica y eficiencia de parte de funcionarios municipales como también mejor preparación y ejecución de proyectos, con monitoreo por parte de la población en general. Combinando democracia con más eficiencia y eficacia, las municipalidades brasileñas están “abriendo ventanas a un futuro mejor para todo el país”, asegura.

    —Daniel Drosdoff




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