¿NEGOCIO REDONDO?
Es difícil exagerar el alcance del fútbol como fenómeno social y económico. La Federación Internacional de Asociaciones de Fútbol, con sede en Zurich, tiene más de 200 miembros y calcula que en todo el mundo hay 200 millones de jugadores federados. En casi toda América Latina el fútbol es el deporte dominante. Hasta los países más pequeños tienen docenas de estadios, ligas profesionales, enormes ligas de aficionados e innumerables asociaciones futbolísticas basadas en iglesias, escuelas y entidades vecinales. El fútbol es asimismo un gran negocio. Los equipos profesionales tienen ingresos multimillonarios originados en la venta de entradas, auspicios comerciales, derechos de transmisión y la venta de jugadores de gran talento. Sin embargo, es difícil establecer cifras concretas. Los clubes de fútbol no suelen divulgar sus finanzas. Hasta sus propios aficionados, que pueden mostrar una lealtad que bordea con la obsesión, a menudo ignoran esos aspectos. Inevitablemente, esto termina en los escándalos, huelgas de jugadores y revueltas de “hinchas” que suelen colmar las páginas deportivas de los diarios en América Latina. Pero los problemas futbolísticos de la región tienen un distinguido pasado. Hace unos 100 años, uno de los primeros clubes de “football” de Inglaterra, el Leicester, se halló en aprietos financieras porque había pagado demasiado a sus jugadores y sobreestimado la venta de entradas. Los partidarios del club, ahora conocido como Leicester City, se organizaron y recaudaron fondos para rescatar a los directivos. Pero cuando el problema quedó resuelto, los directivos rechazaron la intención de la afición de tener voz en las decisiones y causaron así una prolongada disputa que captó la atención de la prensa local |