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Abril - Marzo 2000

Una oportunidad demográfica
América Latina está entrando a una singular fase en la cual habrá más trabajadores y menos niños y jubilados





Montaña rusa demográfica

Por ROGER HAMILTON

Un paseo por las callejuelas de cualquier aldea centroamericana deja a los visitantes con la impresión de que hay niños por todas partes, jugando al fútbol, curioseando desde zaguanes, rumbo a la escuela en sus uniformes o en brazos de sus madres.


Estos niños tendrán menos dependientes cuando crezcan y trabajen
(Foto: David Mangurian - BID)

Latinoamérica tiene fama de ser un continente demográficamente joven. Pero esa imagen está a punto de cambiar. Durante las tres últimas décadas la tasa de fertilidad en la región ha caído a la mitad, de un promedio de seis niños por cada mujer a tres. En países como Uruguay, Barbados y Argentina, las proporciones entre jóvenes, adultos y ancianos ya son similares a las de las poblaciones de países industrializados. Se pronostica que la tasa de fertilidad seguirá declinando en las próximas dos décadas.

Ese proceso generará un singular fenómeno demográfico en América Latina. A medida que la presente oleada de niños y adolescentes se vaya sumando a la fuerza laboral en los próximos 20 años, la proporción de adultos económicamente activos aumentará en relación con el número de niños y ancianos económicamente dependientes. Esto se explica porque la nueva generación de trabajadores tenderá a tener familias más pequeñas que las formadas por sus padres. Eventualmente, cuando los nuevos trabajadores se jubilen, habrá menos jóvenes ingresando al mercado laboral, y las proporciones entre los distintos segmentos de la población volverán a cambiar.

Consecuentemente, por un par de décadas, varios países de América Latina podrían sacar réditos de una "tasa de dependencia" muy favorable. Proporcionalmente tendrán más trabajadores generando ingresos y pagando impuestos para educar a los niños y pagar jubilaciones a los retirados. El impacto de ese fenómeno puede ser tan profundo como la globalización y la informática. Sin embargo, según el informe del BID titulado Desarrollo Más Allá de la Economía, sólo aquellos países que opten por políticas correctas podrán beneficiarse de esta "oportunidad demográfica".

"Incluso si las condiciones demográficas son favorables", advierte el informe, "las políticas inadecuadas o la presencia de shocks negativos inesperados pueden hacer desaparecer los beneficios potenciales". Por ejemplo, si el creciente número de jóvenes en edad laboral no encuentra trabajo, muchos de ellos podrían recurrir a la violencia o el delito. Si las naciones y las familias no ahorran, no tendrán recursos para mantener a los ancianos. Si los niños no reciben una mejor educación, no estarán calificados para obtener empleos productivos y perderán la oportunidad de mejorar su nivel de vida.

Las autoridades que ignoren las tendencias demográficas correrán serios riegos. "Sin una comprensión de lo que la demografía está indicándoles, estarán guiando a sus países a ciegas, sin instrumentos, y casi con certeza terminarán planificando para el mundo de ayer y no del mañana", señala el informe. Si América Latina no aprovecha esta transición demográfica, pagará un alto precio durante este nuevo siglo.

Crecimiento más rápido. La reforma económica encabeza la agenda de políticas para convertir la cambiante relación entre segmentos demográficos en niveles de vida más altos para los pueblos de la región. Hacia el año 2020, casi 70 por ciento de la población de América Latina estará en edad de trabajar. La clave para incorporar a estos individuos en la economía es mantener los mercados abiertos y fomentar el crecimiento.

El efecto de la liberalización económica puede ser notable. En un análisis econométrico, el informe del BID describe un escenario en donde la población económicamente activa de un país aumenta a razón de 3 por ciento al año. Si ese país tiene una economía cerrada, el creciente número de trabajadores incrementará el producto bruto interno en sólo 0,5 por ciento cada año. Pero en una economía abierta, la inyección de nuevos trabajadores aumentaría el crecimiento a razón de 1,5 por ciento al año. Las políticas saludables, sostiene el informe, pueden triplicar el dividendo demográfico.

El costo de no adoptar tales políticas sería oneroso. Los trabajadores estarán condenados a empleos de baja productividad y bajos ingresos, dice el informe, "incrementándose la frustración entre la población, con consecuencias potencialmente dramáticas en materia de cohesión social".

Protección de los trabajadores. A medida que avancen las reformas económicas y América Latina se torne más abierta y competitiva, las economías de la región se volverán más dinámicas. Más gente cambiará de trabajo en cualquier momento dado, de manera que se generalizará el riesgo del desempleo. Serán necesarias reformas laborales para dar lugar a esa creciente movilidad de la fuerza laboral. En la actualidad, sólo una minoría de trabajadores con contratos de empleo regulados disfrutan de lo que el BID llama niveles "notoriamente altos" de protección laboral, aun si se los compara con sus pares en países desarrollados. Pero la gran mayoría de los trabajadores no tienen protección alguna.

¿Cómo se puede proteger un segmento mayor de la fuerza laboral sin asfixiar la creación de nuevos empleos en los sectores más dinámicos y productivos? En primer lugar, los nuevos sistemas para apuntalar los ingresos deben reconocer que todos los trabajadores, no sólo los pobres, necesitan ayuda para capear los sacudones económicos que pueden costarles sus empleos.

Prevención del delito. Hay otra razón para crear empleos y brindar seguridad laboral: la prevención del delito. El número de personas jóvenes, que forman el grupo más proclive a cometer delitos, llegó a su máximo nivel durante la década pasada y se mantendrá muy alto durante los 20 años venideros.

Crear oportunidades económicas para los jóvenes es una forma de prevenir el delito. Pero hay otras. En lugar de concentrarse casi exclusivamente en medidas costosas para controlar la delincuencia, como la policía y las prisiones, se deben atacar las raíces del problema. Algunas estrategias prometedoras son la atención pre y posnatal para madres solteras en situaciones de riesgo, los programas de educación para niños y adolescentes en similar situación, y la capacitación en resolución de conflictos. Varias ciudades latinoamericanas han tenido éxito con programas que incrementan la participación ciudadana, como los grupos vecinales de vigilancia y las zonas de promoción comercial orientados a aumentar la seguridad y brindar oportunidades de empleo. Otras medidas efectivas en términos de costos son un mejor alumbrado público, el control de armas, las leyes de edad mínima para consumir bebidas alcohólicas, una mayor presencia policial en las calles y aumentar la probabilidad de castigo.

Finalmente, deben remozarse las fuerzas de la ley. En casi todos los países de América Latina, dice el informe del BID, la corrupción y la represión desmedida han resultado en un alto grado de desconfianza; como se formulan pocas denuncias y se resuelven pocos delitos, se produce una percepción generalizada de impunidad.

Educación. Si bien el cambiante perfil generacional de las sociedades podría tornar a las calles de la región un poco menos seguras, también puede significar un auge para sus escuelas. A medida que baje la proporción de niños en su población, los países tendrán una magnífica oportunidad de mejorar la educación. En lugar de tratar meramente de hacer frente a un aumento constante de inscriptos, las autoridades educativas podrán concentrarse en elevar la calidad de la enseñanza para un número de estudiantes que habrá comenzado a estabilizarse. Los padres podrán invertir más tiempo en criar a sus hijos porque tendrán menos dependientes y también porque las mujeres con menores responsabilidades maternales podrán buscar empleo remunerado. Mientras tanto, un número proporcionalmente más alto de personas económicamente activas pagará más impuestos, parte de los cuales podrá dedicarse a la educación.

Pero invertir más dinero por estudiante no mejorará automáticamente la educación. El informe del BID exhorta a un esfuerzo concertado para mejorar la calidad en las escuelas, una campaña en la cual los padres deben estar en la vanguardia. Pero primero los padres deben estar mejor informados sobre el desempeño de las escuelas, tanto a través de evaluaciones individuales como mediante exámenes uniformes en el ámbito nacional. Con esa información, los padres pueden pedir mejoras y asumir un papel activo en la gestión de las escuelas.

Los administradores de las escuelas también necesitan tener más poder de decisión en cuanto a la asignación de recursos y a la contratación, capacitación y promoción de personal. El informe sostiene que el gobierno central debe abstenerse de administrar distritos escolares y concentrarse en producir información sobre calidad educativa, evaluar progresos y establecer objetivos.

Salud pública. El cambiante perfil generacional presentará asimismo una crucial necesidad de reformar los sistemas de cuidado de la salud en la región. América Latina experimentará una rápida transición epidemiológica en la que una proporción mayor de su población sufrirá de enfermedades no transmisibles como diabetes, cáncer y cardiopatías, que son más costosas de tratar. A medida que los trabajadores envejezcan, se enfrentarán gastos adicionales para el tratamiento de los ancianos, una categoría de atención médica que cuesta casi tres veces más por habitante que la atención al resto de la población.

¿Qué se puede hacer para superar ese aprieto? Como ocurre con la seguridad pública, la prevención debe ser la clave en los años venideros. En países donde una gran proporción de la población es joven, se deberán continuar las campañas contra enfermedades infecciosas e intensificar esfuerzos de educación en las áreas de nutrición, atención prenatal y otras formas de promoción de la salud. Los países con poblaciones más adultas deberán redoblar la labor educativa con referencia a los factores de riesgo que pueden causar diabetes e hipertensión, así como tomar medidas para reducir el consumo de tabaco y alcohol.

Otra respuesta es la descentralización de los servicios de salud. Los ministerios de salud deben seguir apartándose de la prestación de servicios médicos y dedicarse a tareas reguladoras y a fomentar la variedad en la atención médica, desde la pública a la privada. En lugar de crear más centros de atención médica para ayudar a los pobres, el sector público debe subsidiar la demanda de servicios, por ejemplo, comprándoles seguros médicos como medio para incentivar la prestación privada.

América Latina no es la única región con enormes intereses en juego en la transición demográfica. El incremento en la población en edad de trabajar ocurre al mismo tiempo que envejecen las poblaciones de los países desarrollados. En los próximos años, América Latina tendrá una gran fuerza de trabajo todavía en crecimiento, mientras que en los países industrializados aumentará el volumen de ahorros. En un mundo globalizado, ambos grupos de países se beneficiarán con la llegada de flujos de inversión a la región. En América Latina, este capital aumentará la productividad de un creciente número de trabajadores mientras que en los países más ricos los inversores recibirán buenos rendimientos que contribuirán a financiar sus retiros.

En el mundo actual, hasta la demografía es un tema global. La forma en que América Latina se adapte a los enormes cambios que ya están en marcha significará mucho para los pueblos de región como también para el resto del mundo.


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