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Una guía para reducir riesgos |
Por PETER BATE La gente de La Masica no es más rica, ni más inteligente, ni más afortunada que sus vecinos en otras municipalidades de Atlántida, un departamento de la costa norte de Honduras devastado por el huracán Mitch. Pero a diferencia de millones de otros hondureños, cuando el desastre ocurrió en octubre del año pasado, estaban preparados.En La Masica, una municipalidad rural con 24.336 habitantes, no hubo víctimas fatales en la mayor catástrofe natural que se abatió en Centroamérica en dos siglos. Fue una singular excepción en un país donde más de 5.600 personas perecieron y desaparecieron otras 8.000 a causa de deslizamientos e inundaciones. ¿Cómo lo lograron los pobladores de La Masica? El huracán no los perdonó, ya que destruyó casi toda su infraestructura social y productiva. La diferencia la marcaron sus preparativos. Unos seis meses antes del huracán, la institución centroamericana para prevención de desastres, CEPREDENAC, lanzó un programa piloto con apoyo de GTZ, la agencia de Alemania para la cooperación internacional. El programa es parte de un programa regional que aspira a enrolar comunidades locales en la prevención y mitigación de desastres naturales. Cuando en menos de una semana el Mitch descargó el equivalente de un año de lluvias, la gente de La Masica sabía lo que tenía que hacer. Las personas que vivían en sitios vulnerables fueron rápidamente evacuadas, se movilizó a los pobladores para misiones de rescate, se distribuyeron alimentos y se comenzó a reparar las escuelas dañadas. Algo más distinguió a esta comunidad: en las actividades de alerta temprana y socorro participaron con igual brío hombres y mujeres. En su presentación en un seminario celebrado en junio durante la reunión en Estocolmo del Grupo Consultivo para la Reconstrucción y Transformación de Centroamérica (ver artículo "Ustedes traen las cañerías, nosotros ponemos la zanja"), la jefa de la División Desarrollo Social del BID, Mayra Buvinic, describió cómo las mujeres de La Masica se hicieron cargo del sistema de alerta temprana luego de que los hombres abandonaron sus puestos. En reconocimiento de esa crucial labor, tras el huracán el alcalde de La Masica colgó en su oficina un cartel que dice "Todo va mejor con la cooperación de las mujeres". Los participantes en el seminario dieron cuenta de otros ejemplos exitosos, incluyendo casos de plantaciones y granjas que emplean técnicas como agroforestación y cultivos en terrazas y que sufrieron mucha menos erosión y deslizamiento que sus vecinos. Desgraciadamente esas fueron excepciones en una región constantemente amenazada por peligros naturales y subdesarrollo . Aunque las calamidades como huracanes, terremotos e inundaciones son inevitables, el hombre puede magnificar o mitigar sus efectos. En Centroamérica, la presión demográfica, la caótica urbanización, la expansión agrícola, la deforestación masiva y un desatinado uso del agua se combinan para hacer aún más destructivo a cualquier desastre natural. "El huracán Mitch demostró que los desastres naturales no son a menudo puramente naturales sino que influyen factores humanos", señaló el secretario general de la ONU, Kofi Annan, en su discurso inaugural en la reunión de Estocolmo. "Ciertamente, algunas de las cosas hechas en nombre del progreso, como por ejemplo despejar tierras para cultivo o viviendas, exacerbaron los efectos de la tormenta. Y mucho de lo pendiente en la agenda social de esos países dejó tantas vulnerabilidades que cuando la naturaleza se abatió, un gran número de personas quedaron sin techo, sin empleo, sin escuelas y mucho más desesperadas que antes". Un asunto de ubicación. La mayoría de los centroamericanos vive en lugares proclives a desastres. En las ciudades, los pobres tienden a construir viviendas precarias en sitios marginales y de alto riesgo, como laderas escarpadas, riveras de ríos o planicies anegadizas. En las áreas rurales, la demanda de tierras arables o de pastoreo ha causado una de las mayores deforestaciones del mundo. Los países de Centroamérica no han encontrado aún una forma de administrar conjuntamente las aguas de los ríos que cruzan fronteras. En sus costas se han deteriorado los manglares, los arrecifes de coral y los pantanos, barreras naturales contra huracanes y marejadas, debido al turismo descontrolado y a la contaminación causada por aguas servidas, pesticidas y otros agentes químicos empleados en la agricultura. Buena parte del daño que dejó el huracán Mitch puede ser atribuido al uso indebido de tierras, a asentamientos humanos fuera de todo control y a la falta de preparación ante posibles desastres. Según la CEPAL, alrededor de 75 por ciento de las pérdidas en bienes y servicios causadas por esta tragedia se debieron a problemas como la construcción de edificios demasiado próximos a riberas y de puentes y caminos construidos en sitios vulnerables. Para peor, el huracán de octubre creó las condiciones para desastres aún mayores durante la próxima estación lluviosa. La mayoría de los cauces de los ríos están todavía llenos de sedimentos, lo que reduce su capacidad de contener crecidas súbitas. Muchas laderas han quedado desnudas de vegetación, lo que las hace más frágiles y sujetas a deslizamientos. "Dadas las actuales condiciones, un nuevo huracán, o incluso una tormenta tropical, podría causar un desastre todavía mayor", advierte Mauricio Castro Salazar, director ejecutivo del Comité Centroamericano para el Desarrollo y el Medio Ambiente, con sede en San Salvador. "La gente no estará preparada simplemente porque no ha tenido tiempo suficiente para prepararse". Castro apuntó que la gente desplazada ya está regresando a los sitios de alto riesgo donde vivían antes del Mitch. Una de las tristes paradojas de la tragedia centroamericana es que, aunque estas catástrofes son mayormente consecuencia de la pobreza y el subdesarrollo, los planes de prevención no necesitan ser costosos para ser efectivos. Belice llevó tierra adentro a más de 30.000 residentes del litoral antes de la llegada del Mitch. Costa Rica, aunque no estuvo en la senda directa del huracán, sufrió sólo cuatro fatalidades debido a inundaciones causadas por las lluvias torrenciales. Cuba, una nación con magros recursos financieros, se arregla para evacuar a grandes números de personas cuando se avecina un huracán. La prevención y mitigación de desastres no ha solido ser tenida en cuenta en el proceso de desarrollo de Centroamérica, explica Luis Rolando Durán, secretario ejecutivo de CEPREDENAC, la agencia regional para la prevención de desastres. "Generalmente se la ha considerado como un fin ad hoc", dijo a los participantes en el seminario. "En los países más afectados, el presupuesto para las instituciones encargadas de emergencias apenas alcanza para pagar los sueldos del personal". Durante las sesiones plenarias del encuentro en Estocolmo, los líderes centroamericanos prometieron que eso cambiará. Los países presentaron planes para fortalecer sus programas de prevención de desastres e incluyeron provisiones para mitigación en una amplia variedad de proyectos en sectores como infraestructura, agro, forestación y turismo. Honduras, por ejemplo, dedicó todo un capítulo de su plan de reconstrucción nacional al uso de recursos naturales y al manejo de riesgos. Argumentando que ningún país hubiera podido capear una catástrofe de las proporciones del Mitch, el plan hondureño reconoce no obstante que la degradación ambiental causada por el hombre, la debilidad institucional y la planificación inadecuada empeoraron las cosas. Para hacer frente a esos problemas, el plan propone programas para identificar áreas de alto riesgo, el monitoreo de cuencas hidrográficas, la reorganización del sistema nacional de respuesta a emergencias y el fortalecimiento de los comités municipales para emergencias. Hablando ante la conferencia de donantes, el presidente de Honduras, Carlos Roberto Flores, enfatizó: "Forma parte de nuestro compromiso evitar volver a construir de la misma manera y con los mismos niveles de vulnerabilidad, debido a que ello únicamente nos permitiría un alivio temporal a nuestras heridas, pero mantendría inalterables las condiciones que hacen posible la recurrencia y gravedad de los desastres naturales". Otros oradores subrayaron el hecho de que hay herramientas políticas disponibles para preservar al medio ambiente y proteger a los grupos sociales más vulnerables de los desastres, tanto los naturales como los causados por el hombre. La reunión mostró también algunas tendencias alentadoras, como la disposición de los gobiernos centroamericanos a incorporar a la sociedad civil como socio activo en el proceso de reconstrucción. Asimismo puso a la reducción de la vulnerabilidad como factor indispensable del esfuerzo para hacer de la región un lugar más seguro. Sin embargo, algunos expertos, preocupados por los pronósticos meteorológicos, vislumbran potenciales problemas. Durán, de la CEPREDENAC, dijo que veía poca evidencia de hubiera medidas para la reducción de riesgos en los planes nacionales de reconstrucción. Al mismo tiempo, reconoció que los gobiernos de la región carecían de datos confiables para basar decisiones en ese sentido. "Es una
limitación, dado que uno debe armonizar la urgencia de reconstruir infraestructura con la disponibilidad de
información para hacerla más segura", explicó. "Desgraciadamente, es un hecho ineludible". |
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