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El derecho a no emigrar






En los meses que siguieron al huracán Mitch, decenas de miles de refugiados llegaron a Costa Rica, un país de sólo 3,6 millones de habitantes. Proporcionalmente, fue como si varios millones de personas entraran súbitamente en Estados Unidos. No obstante, en febrero el gobierno costarricense concedió una amnistía migratoria que benefició no solamente a los refugiados del huracán sino también a otros extranjeros que habían estado viviendo en su territorio desde la década pasada.

El Grupo Consultivo elogió la generosidad de Costa Rica, subrayando que merece el reconocimiento y el apoyo de la comunidad internacional. Durante la reunión celebrada en Estocolmo, se realizó un seminario presidido por el director general de la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU, Brunson McKinley, donde se encomió también la actitud de Estados Unidos de haber ofrecido protección temporaria a inmigrantes indocumentados hondureños y nicaragüenses, suspendiendo sus deportaciones por 18 meses.

Las migraciones masivas no son novedad en Centroamérica. Durante décadas recientes millones de sus habitantes buscaron refugio en el extranjero, escapando de la guerra y la pobreza. Costa Rica, México y Estados Unidos recibieron grandes números de centroamericanos que buscaban asilo o simplemente ganarse la vida.

El éxodo causado por el Mitch ha abrumado los ya recargados programas sociales de Costa Rica, dado que los nuevos residentes tienen derecho a beneficios médicos, educación y oportunidades de empleo. Para hacer frente a esas crecientes demandas, Costa Rica presentó ante la reunión del Grupo Consultivo un plan nacional, con un costo de 118 millones de dólares. Además de ampliar sus programas sociales para dar cabida a los recién llegados, el plan procura reducir la vulnerabilidad del país a los desastres naturales, reconstruir la infraestructura dañada y fortalecer su programa de descentralización.

Costa Rica podría estar cerca de cosechar recompensas por su buena voluntad. El diario The Washington Post informó en junio que el Congreso de Estados Unidos había asignado 130 millones de dólares para contribuir a paliar el problema de los refugiados causados por el huracán. Costa Rica, el único país citado por nombre en esa legislación, ha solicitado 100 millones de dólares de esos fondos.

Por otra parte, América Central tiene una particular ventaja sobre otras regiones del mundo donde han ocurrido desplazamientos masivos de población. En 1996 inició una serie de conferencias regionales sobre migración, conocida como el Proceso de Puebla, que congrega a países de origen, de tránsito y de destino de flujos migratorios. En ese foro, los participantes pueden discutir cuestiones de migración desde sus propias perspectivas, aliviando tensiones políticas y ofreciendo soluciones a problemas comunes.

Ofreciendo una nueva perspectiva tras el paso del huracán Mitch, el grupo de trabajo sobre migraciones convocado en Estocolmo declaró que el mayor desafío para Centroamérica es que sus habitantes puedan ejercer libremente su derecho a no emigrar. Naturalmente, eso exige alcanzar las metas de los planes de reconstrucción y transformación, haciendo realidad una distribución más equitativa de los beneficios del desarrollo.

--Peter Bate



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