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Por PAUL CONSTANCE y DAVID MANGURIAN en Salvador,
Jorge Amado puede enorgullecerse de mucho, incluyendo su novela "Doña Flor y sus Dos Maridos" y otras de sus
obras que han sido traducidas a más de 40 idiomas. Ahora, el escritor más famoso del Brasil también puede ufanarse de haber
contribuido a revitalizar un singular vecindario histórico. La mayoría de las novelas de Amado transcurren en
Salvador, capital del estado de Bahía y hasta 1763 capital del Brasil. En la ciudad, pocos barrios ofrecen más vívidamente su
rica herencia colonial que Pelourinho, un intrincado laberinto de edificios que datan de los pasados tres siglos y donde Amado
vivió cuando era estudiante. Miles de los admiradores de Jorge Amado visitan Pelourinho cada año, buscando
saborear el entorno que inspiró su ficción. Para muchos de ellos la primera parada es la Fundaçao Casa Jorge Amado, un centro
de artes fundado en 1987 que conserva una gran colección de material vinculado al autor y organiza eventos culturales y
literarios en el amplio edificio que ocupa en la calle principal del barrio. Algunos visitantes van a Pelourinho con cierta
incertidumbre, habiendo oído advertencias sobre decadencia y delito callejero. Pero últimamente la mayoría encuentra
exageradas esas inquietudes. En una típica tarde de fin de semana, Pelourinho está lleno de visitantes, muchos de
ellos residentes de la misma ciudad. Los atraen decenas de museos y galerías de arte, tres teatros, una veintena de restaurantes,
bares y cafés, tres albergues juveniles y todo tipo de tiendas. Muchos de los visitantes se quedan hasta la noche,
cautivados por la música que emana de bares, parques y escenarios públicos. El ritmo es contagioso y a menudo mueve a bailes
espontáneos en las calles. ¡Que cambio! "La mayor parte de esta actividad no existía hace unos pocos años",
comenta Paulo Gaudenzi, secretario de Cultura y Turismo del estado de Bahía. "Lo que había en Pelourinho eran lotes
abandonados, casa sin tejado, tugurios".
Como los barrios antiguos en muchas ciudades latinoamericanas, Pelourinho
cayó en el olvido a mediados de este siglo, abrumado por la falta de infraestructura moderna y el costo de remozar sus edificios.
Muchas casas fueron abandonadas u ocupadas por indigentes. El delito floreció y los turistas se mantenían a una prudente
distancia. En 1992 el gobierno de Bahía lanzó un programa llamado Recuperación del Centro Histórico de Salvador.
El objetivo era restaurar puntos clave de Pelourinho y otras áreas históricas de Salvador con la intención de promover el turismo
y la inversión por parte de comercios y dueños de propiedades. El programa optó por una estrategia novedosa: el gobierno
municipal renovaría gratis los edificios residenciales a cambio de que sus propietarios le permitieran alquilar por 12 años la
planta baja del inmueble. Los alquileres ayudarían al gobierno municipal a recuperar parte del costo de la renovación. Tras formular un ambicioso plan para el proyecto, comenzó la labor de restauración, manzana por manzana. Después
de ocho años, a un costo de unos 50 millones de dólares, el proyecto está casi terminado. Algunas de las obras más recientes,
incluyendo la restauración de ocho iglesias antiguas y la construcción de una gran playa de estacionamiento, fueron financiadas
en el marco de un programa turístico que el BID apoyó con un préstamo de 400 millones de dólares, aprobado en 1994.
Orientado a tornar a la región más atractiva para la industria del turismo, el Plan de Desarrollo Turístico del Nordeste ha sido
enfocado en construir y mejorar obras de infraestructura como suministro de agua, alcantarillado y eliminación de residuos
sólidos. Asimismo ha financiado proyectos de modernización de los cinco aeropuertos más importantes de la región y de mejora
de los caminos de acceso a áreas turísticas. Hasta ahora, han sido restaurados más de 500 edificios en Pelourinho y
quienes visitan el barrio quedan gratamente sorprendidos por los vistosos tonos pastel de las fachadas y sus hermosos detalles
arquitectónicos. "Este lugar está generando trabajos y ha sido transformado en un punto focal de la ciudad", dice
Gaudenzi. "Además de restaurantes, tiendas, galerías y otros negocios que se han instalado, hemos iniciado un programa
llamado Pelourinho Dia e Noite que presenta más de un millar de conciertos, obras de teatro, lecturas de poesía y otros eventos
artísticos cada año". La joya del programa de restauración es la Praça das Artes, Cultura e Memória. Allí, el gobierno
ha tomado una manzana de edificios que datan de los siglos XVII y XVIII que otrora fueron prostíbulos. En base a su diseño
original, el gobierno municipal está restaurando cada uno de ellos para usos específicos. Eventualmente habrá allí un museo,
un teatro, una sala de cine arte, una librería, un taller escuela de restauración, varias galerías de arte y un instituto de
hospitalidad. Los problemas de tráfico serán aliviados con un garaje subterráneo, excavado bajo un jardín de esculturas. "El objetivo era brindar apoyo institucional a las actividades culturales populares que ya tenían lugar en Pelourinho",
explica Vivian Lene de Correia Lima e Costa, consultora de la secretaría estatal de turismo que contribuyó al diseño del nuevo
complejo. "Por ejemplo, aunque el distrito tenía muchos espacios para funciones artísticas, no había instalaciones suficientes
para las compañías de danzas y teatro que necesitan practicar y ensayar. De manera que construimos una sala de ensayos sobre
la sala de cine arte". El camino por andar Es demasiado temprano para determinar cuánto ha ayudado el programa
de restauración a la industria turística de Salvador, pero hay señales alentadoras. Según un reciente estudio efectuado por
colaboradores de Gaudenzi, 32 por ciento de los turistas venidos de otros estados del Brasil o del exterior dijeron que el
patrimonio histórico de Salvador era el motivo principal de su visita. Eso colocaría a Pelourinho a la par con las populares
playas del área como razón declarada para visitar la ciudad. "En un estudio efectuado antes del programa de
restauración, sólo siete u ocho por ciento de los visitantes decían que las atracciones históricas eran su principal motivo para
venir", apunta Gaudenzi. Por otro lado, el funcionario bahiano reconoce que, en algunos aspectos, el programa no ha
alcanzado sus objetivos. Por ejemplo, ha sido difícil atraer nuevos residentes a Pelourinho. "Tenemos muchos negocios, pero
debido a que no hay muchos residentes, algunas partes del distrito pueden convertirse en una ciudad fantasma por la noche",
explica. "Eso nos preocupa porque en última instancia son los residentes los que sostienen la actividad económica
cotidianamente". Otros señalan que las restricciones presupuestarias limitarán las posibilidades de que el estado de
Bahía siga invirtiendo en la restauración de Pelourinho, por lo cual los fondos necesarios para sostener el programa tendrán que
venir del sector privado. Hasta ahora hubo relativamente poca inversión privada en la escala necesaria para construir los hoteles
que hacen falta, por ejemplo. Gaudenzi señala que el gobierno ha extendido líneas especiales de crédito para nuevos negocios
en Pelourinho, pero reconoce que queda más por hacer. Llevará tiempo y más recursos convertir a Pelourinho en la
zona completamente integrada de residencias, negocios y lugares turísticos que los habitantes de Salvador desean. "No se puede
transformar un lugar como este en unos pocos meses", sostiene Augusta Passos Galvâo Sampaio Reis, propietaria del popular
restaurante Casa da Gamboa en Pelourinho. "Pero se está corriendo la voz. La gente ya no tiene miedo de venir y estamos
recibiendo visitantes de todo el mundo".
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