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Por PAUL CONSTANCE
Cuando Rubén Blades compra una casa en Ciudad de Panamá, la gente se entera. Sobre todo si el famoso cantante,
actor y ex candidato presidencial elige un barrio considerado poco elegante. La casa de tres pisos que Blades
adquirió y comenzó a renovar en 1993 ocupa una destacada esquina del Caso Antiguo, un viejo barrio situado en una pequeña
península que entra en el Océano Pacífico en el extremo sudoccidental de la capital. Fundado en 1873, el distrito está lleno de
viejas mansiones y edificios públicos como la Residencia Presidencial y el Teatro Nacional. Además de ejemplos de arquitectura
colonial española y neoclásica, tiene algunos edificios en estilo colonial francés que datan de cuando Francia intentó construir
un canal interoceánico en el siglo XIX. Por siglos el Casco Antiguo fue el área residencial más cotizada de Panamá.
Pero hacia mediados de este siglo comenzó a perder su lustre a medida que las familias ricas se mudaban a otras áreas que
ofrecían residencias nuevas con comodidades modernas. Las viejas mansiones pronto se deterioraron y muchas fueron ocupadas
por personas indigentes. Hace unos años algunos dirigentes locales comenzaron a buscar maneras de bruñir el opacado
brillo del Casco Antiguo. En 1977, con apoyo de un préstamo de 24 millones del BID para un proyecto de desarrollo turístico
urbano, Panamá fue uno de los primeros países en el hemisferio que invirtió seriamente en preservación histórica. Unos 7
millones de dólares fueron dedicados a restaurar monumentos históricos en el Casco Antiguo y a mejorar su red de distribución
de agua corriente. En la actualidad el Casco Antiguo es escenario de una nueva ola de renovación. Pero esta vez gran
parte del dinero proviene de fuentes privadas, de personas como Blades y empresas que ven un gran potencial en el renacimiento
del antiguo distrito. Una segunda mirada. "El vecindario va a florecer nuevamente", asegura José Carranza,
director del Teatro Nacional. "Será conocido como era hace años, como un barrio elegante de casa bellas y será una importante
contribución a los atractivos turísticos de Panamá". La evidencia más concreta del cambio, asegura Carranza, es el auge
del mercado inmobiliario de Casco Antiguo. "Casas derruidas que hace unos pocos años no se podían vender ahora se compran
por 50.000 dólares", explica. "Un departamento remodelado de dos dormitorios cuesta 80.000 dólares. Eso demuestra que la
gente pudiente está regresando". Hay otras señales: camiones cargados con material de construcción van y vienen por las
calles adoquinadas del distrito. Las propias calles, otrora poceadas, están siendo reparadas empleando adoquines similares a los
originales. Viejas fachadas aparecen rejuvenecidas bajo capas de pintura y hasta el imponente Teatro Nacional ha sido
remozado. "La división panameña de la empresa de pintura Gliden donó el material y pagó la labor de pintar todo el edificio",
informa Carranza. A pocas cuadras de distancia, en Plaza Bolívar, el antiguo Hotel Colombia está invadido por
albañiles. La empresa de construcciones Restauro S.A., que se especializa en proyectos de restauración, está convirtiendo el
edificio en un complejo de departamentos de lujo, preservando su fachada original. Varios factores han dinamizado la
revitalización. Uno fue que en 1997 la UNESCO designó al Casco Antiguo como un Sitio del Patrimonio Mundial, hecho que
llevó a muchos panameños a apreciar más la riqueza arquitectónica que alberga el distrito. Otro factor fue la aprobación de una
ley ese mismo año que ofreció exenciones impositivas y créditos a bajo interés a quienes adquirieran propiedades en el Casco
Antiguo y comenzaran a renovarlas en un plazo de dos años. Los planes de restauración deben ser aprobados por una comisión
encargada de verificar que satisfacen pautas históricas, arquitectónicas y estéticas. "El gobierno está muy interesado en
hacer del Casco Antiguo una importante atracción turística", asegura Francisco Rodríguez, asesor del Instituto Panameño de
Turismo. En vista del éxito que han tenido distritos históricos bien restaurados en ciudades como Cartagena de Indias en
Colombia y San Juan de Puerto Rico, las autoridades panameñas esperan que el Casco Antiguo induzca a los visitantes
extranjeros a alargar su estadía en Ciudad de Panamá. "Alrededor de 60 por ciento de los extranjeros que visitan Panamá
vienen a hacer compras o negocios", dice Rodríguez. "La estadía promedio de esos visitantes es muy corta, entre 2,5 y 2,8
días. Nuestra meta es aumentar ese promedio a cinco días, pero para hacerlo necesitamos ofrecerles algo único, algo que no
puedan encontrar en otra parte". Con ayuda de un préstamo de 2,5 millones de dólares del BID, aprobado en 1998, el Instituto
Panameño de Turismo está desarrollando una estrategia para integrar el Casco Antiguo con otras atracciones, como el
ecoturismo, las comunidades indígenas del país y algunas playas poco conocidas del Pacífico y el Caribe. Hasta
ahora, sólo cinco por ciento de los edificios en el Casco Antiguo han sido restaurados y el distrito carece de los hoteles
necesarios para atraer visitantes extranjeros. Los residentes del área saben que queda mucho por hacer, pero su visión se ha
vuelto sumamente esperanzada. "Tenemos mucho optimismo en cuanto al futuro", asegura Mery Troya, gerente de Las
Bóvedas, un restaurante y club de jazz instalado en un antiguo arsenal colonial. "Al comienzo tuvimos problema para atraer a la
gente, pero ahora las calles están bien iluminadas, hay presencia policial y cada día tenemos más visitantes. Les gusta la
comida, la música y adoran este singular entorno".
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