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Un obispo con los zapatos enlodados







Monseñor Rómulo Emiliani, Obispo del Darién


Por PAUL CONSTANCE

Mucha gente de su diócesis conoce a monseñor Rómulo Emiliani como el obispo con los zapatos embarrados.

El lodo forma parte de la vida de las personas que viven a la vera del camino de tierra que une al Darién, la provincia más sureña de Panamá, con el resto del país. Durante la temporada de lluvias, el camino se transforma en un lodazal que puede vencer al más fornido de los vehículos.

Sin embargo, ni los darienitas dejan de sorprenderse cuando ven al máximo representante de la Iglesia Católica en su provincia, metido hasta las rodillas en el barro, cambiando un neumático del vehículo que él mismo conduce.

Desde que fue nombrado obispo de Darién en 1988, monseñor Emiliani ha recorrido este camino un sinnúmero de veces. Así se ha ganado una reputación de hombre sencillo que resuelve las cosas con sus propias manos. "Cuando viajo con él y nos quedamos empantanados siempre le digo en broma 'es su turno de empujar'", comenta Rosario Aguilar, una vieja amiga y colaboradora del obispo.

Emiliani pone el hombro, y no solamente para sacar automóviles empantanados. Cuando llegó a Darién, halló una región que no sentía que era parte de Panamá. Los problemas eran muchos: extrema pobreza, desnutrición, escuelas que apenas funcionaban, tala descontrolada de la selva, delito, servicios e infraestructura lamentablemente deficientes y un solo camino intransitable durante buena parte del año.

Monseñor Emiliani, una figura reconocida en círculos políticos y sociales de Panamá antes de llegar a Darién, lanzó una vigorosa campaña para destacar las necesidades de su nueva congregación en la escena nacional. Organizó demostraciones en una plaza cercana al palacio presidencial en Ciudad de Panamá para pedir ayuda del gobierno. Las acompañó con fervorosas exhortaciones en cientos de entrevistas difundidas por radio y televisión e impresas en diarios. Bombardeó a fundaciones y organizaciones de caridad en todo el mundo con pedidos de ayuda. Apeló personalmente a las familias más ricas e influyentes de Panamá.


Astuto recaudador. "Es un devoto de la causa de los más desamparados", dice Rogelio Novey, director ejecutivo alterno por Panamá y Venezuela en el BID. "Pero es también muy sutil cuando se trata de recaudar fondos y movilizar a la sociedad civil para responder y contribuir".

Es imposible visitar Darién ahora sin notar la evidencia de los esfuerzos de Emiliani. "En 1990 solía llevarme dos días hacer el viaje hasta Metetí", señala Aguilar, refiriéndose a la ciudad más grande de la provincia. "Ahora, gracias a la difusión del problema que consiguió el obispo, el gobierno mantiene el camino bastante bien y puedo hacer la travesía en cuatro horas".

Aguilar es la directora ejecutiva de la Fundación Pro-Niños del Darién, creada por Emiliani en 1990 para enfrentar la desnutrición crónica que observó entre los escolares de la provincia. Ahora, dependiendo exclusivamente de donaciones del sector privado, la fundación distribuye almuerzos a unos 7.000 alumnos y ofrece a sus padres una variedad de programas de salud, nutrición y extensión rural.

Emiliani fundó asimismo una cooperativa de agricultores para mejorar las técnicas de cultivo y promover la reforestación, un hogar para ancianos, un ministerio religioso para las prisiones y "Cristo Sana", una organización de médicos voluntarios que visitan las zonas más remotas del Darién.

Pero tal vez la señal más evidente de su influencia es la que se escucha en las radios a transistores de prácticamente todos los hogares del Darién. La primera estación de radio regional de la provincia, creada también gracias a los esfuerzos de Emiliani, ofrece una mezcla popular de programación cristiana, noticias y mensajes personales, el principal medio de comunicación para sus apartadas comunidades.

Por ello, era de esperarse que Emiliani fuese uno de los arquitectos del Programa de Desarrollo Sostenible del Darién, financiado por el BID y lanzado en febrero en Metetí (Ver "Lanzan proyecto señero en Panamá"). Como miembro del comité asesor del programa, Emiliani contribuyó desde el comienzo a formular prioridades. Pero aún más importante, señala Novey, ha sido el papel que jugó el obispo como mediador entre los numerosos y a menudo contrapuestos grupos de interés del Darién. "Fue crucial para asegurar que nadie quedase excluido del proyecto", explica Novey.



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