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En esta escala política, dónde se ubica usted?
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Por PAUL CONSTANCE
Cuando las crisis financieras desatadas en Asia y Rusia castigaron a América Latina el año pasado, muchos analistas
políticos predijeron que podría haber una reacción popular contra las reformas de liberalización económica. Sus
argumentos eran difíciles de refutar. Durante la mayor parte de esta década, las naciones más grandes de América Latina
realizaron un duro proceso de ajuste a los efectos de la apertura comercial, las privatizaciones, una mayor inversión extranjera y
una reducción de subsidios. Esa liberalización causó en muchos casos aumentos de precios, brotes de desempleo y amplió la
brecha entre ricos y pobres. De todas maneras, los votantes han tendido a apoyar las reformas porque suelen preferir la
estabilidad y la baja inflación que trae aparajada, y porque esperan beneficiarse eventualmente de una creciente prosperidad. Pero a medida que la crisis financiera de 1998 fue postrando a las economías latinoamericanas, la esperada
prosperidad parecía más lejana que nunca. ¿Llegaría el frustrado electorado a la conclusión de que las políticas liberalizadoras
no podían materializar sus promesas? ¿Comenzaría a reclamar un retorno a una mayor intervención del Estado en la
economía? Las respuestas a esa pregunta pueden percibirse en los resultados de una encuesta de opinión pública
realizada en 14 países latinoamericanos y los Estados Unidos divulgada a comienzos de año por The Wall Street Journal. La
encuesta, titulada "Espejo de las Américas", indicó que aunque la mayoría de los latinoamericanos son pesimistas ante la
presente situación, una clara mayoría sigue apoyando las políticas orientadas al libre mercado. Según la encuesta,
61,2 por ciento de todos los latinoamericanos creen que sus padres vivían mejor que ellos. Sin embargo, no desean volver a las
políticas estatistas vigentes cuando la mayoría de sus padres vivían. Al contrario, 58 por ciento de los encuestados dijeron que
los precios deben ser determinados por la libre competencia, 64 por ciento opinaron que la economía de mercado es la mejor
para su país y 69 por ciento afirmaron que se debe alentar la inversión extranjera. Eduardo Lora, economista senior del
BID que ha escrito sobre la percepción pública de las reformas económicas, cree que esas respuestas muestran que la gente está
distinguiendo más claramente entre los papeles apropiados del Estado y los del sector privado. "Otras encuestas han mostrado
que la gente todavía cree que el gobierno debe brindar un aparato de seguridad social de servicios esenciales en áreas como
salud y educación", dijo. "Pero ya no creen que el Estado debe tratar de participar en la economía en general. En lugar de
criticar al capitalismo, critican al gobierno por no atender las necesidades básicas". La encuesta refleja asimismo otra
tendencia: la gradual despoblación de los extremos del arco político y la creciente preponderancia de una mayoría moderada en
el centro, incluso en países de la región que hace sólo una década eran percibidos como extremadamente polarizados. El
gráfico muestra dónde se autoubican los encuestados en una escala política que va de 0 (izquierda) a 10 (derecha). Como se
puede notar, predominan los segmentos blancos y grisáceos, en la vecindad del centro, aunque en todos los países la balanza
parece ligeramente inclinada hacia la derecha. Naturalmente, los encuestados pueden interpretar de distinto modo
los rótulos "izquierda" y "derecha". Ambos significados han cambiado mucho desde el fin de la Guerra Fría. Pero lo que el
gráfico muestra es que la mayoría de los latinoamericanos ya no cree en soluciones radicales, ni siquiera en medio de un
período de angustia económica.
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