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De profetas y pobreza





Por BERNARDO KLIKSBERG

Durante esta década, los gobiernos de América Latina han comenzado a reconocer y alentar el papel complementario que las organizaciones de la sociedad civil pueden desempeñar en el desarrollo nacional.

Si bien muchas organizaciones no gubernamentales tienen un larga trayectoria en el campo de la salud, la educación, la microempresa y el medio ambiente que ha complementado los servicios gubernamentales, ahora las entidades religiosas están obteniendo reconocimiento por sus contribuciones en esas mismas áreas.

En casi todas las ciudades, pueblos y comunidades de la región hay grupos religiosos activos en la esfera social. Además de brindar un sentido de identidad y comunidad, las organizaciones religiosas prestan servicios vitales, desde escuelas y hospitales, hasta clínicas rurales, ollas populares urbanas y todo tipo de ayuda durante emergencias. En muchos entornos carenciados, las organizaciones religiosas son las únicas fuentes de esos servicios.

El presidente del BID, Enrique V. Iglesias, quien frecuentemente hace referencia a esta dimensión de la sociedad civil, ha promovido encuentros pioneros con representantes de organizaciones religiosas. El más reciente de ellos tuvo lugar en diciembre, cuando 70 dirigentes de comunidades judías de 12 países de América Latina, junto con funcionarios de las principales organizaciones financieras multilaterales, como también representantes de entidades judías de Israel y Estados Unidos, se congregaron en la sede del BID. Durante el encuentro de dos días de duración, organizado con ayuda del Congreso Judío Latinoamericano y coauspiciado por el Banco Mundial, la OEA y American University, especialistas del BID ofrecieron un análisis de los desafíos sociales y económicos más apremiantes de la región como la pobreza, la desnutrición, los altos índices de deserción y repetición escolar, la disgregación de la familia y la delincuencia. Asimismo, detallaron las lecciones que el Banco ha aprendido a través de sus préstamos para el sector social.

Por su parte, los dirigentes de las entidades judías describieron una rica tradición de solidaridad y voluntariado social enraizada en la fe hebraica. Esa tradición se basa en la exhortación profética a asegurar que "no habrá pobres entre ustedes" y en el principio de la Tzadaka (caridad). Según el pensador judío español del siglo XII, Maimónides, la Tzadaka es más que ayudar al prójimo.

Implica hacer un esfuerzo por restaurar la justicia social violada por la pobreza. La doctrina judía sostiene también que los mitzvoth, o "acciones meritorias", son pilares que sostienen al mundo y que toda persona tiene el deber de trabajar por la justicia humana.

"Como judíos nosotros no podemos dejar de estar activos en problemas sociales", aseveró el rabino Israel Singer, secretario general del Congreso Judío Mundial. "No sólo por razones éticas, sino porque somos uno de los pueblos más perseguidos de la historia. Por esa razón somos especialmente sensibles al drama del oprimido y sabemos que la pobreza es una de las mayores formas de la opresión".

Otros oradores describieron programas sociales implementados en la región por organizaciones judías. Muchos apuntan a ayudar a los "nuevos pobres", familias urbanas cuya calidad de vida ha caído súbitamente debido a crisis económicas. Varios innovadores programas fueron descriptos, como el centro de reorientación laboral para recién desempleados de la Asociación Mutual Israelita Argentina, en Buenos Aires; un grupo voluntario de profesionales, en São Paulo; la Corporación de Desarrollo Social, en Chile; un centro de salud en Venezuela e iniciativas similares emprendidas por las colectividades judías en Uruguay y México.

"Toda la vida me ha impresionado la capacidad de sus comunidades y del estado de Israel de movilizar miles de voluntarios de todas las edades y generaciones al servicio de causas sociales", comentó Iglesias durante el seminario. Iglesias instó a los participantes a unir fuerzas con el BID para desarrollar proyectos conjuntos que amalgamen la experiencia del Banco con el particular conocimiento local de las organizaciones judías.

- El autor, quien organizó el seminario, es coordinador del Instituto Interamericano para Desarrollo Social del BID.



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