Portada | Contenida

Un alcalde memorable





El huracán Mitch robó a millones de centroamericanos sus seres queridos, hogares, trabajos y hasta el propio suelo que pisaban.

También se llevó al alcalde de Tegucigalpa. Esto hubiese sido una mala noticia en tiempos normales o si César Castellanos hubiese sido un alcalde común y corriente. Pero para muchos residentes de la capital hondureña, su muerte, ocurrida el 1 de noviembre, fue una tragedia.

Tras asumir el cargo en enero de 1998, Castellanos se convirtió en un activista totalmente comprometido con mejorar su ciudad. "A trabajar!" era su lema y su llamado a la acción.

También era dueño de una encantadora personalidad. Solía referirse a sí mismo como "el gordito", rompiendo las barreras del formalismo entre su alta función pública y sus conciudadanos.

Cuando el huracán azotó a Tegucigalpa, sus residentes al menos sabían que tenían un líder reconocido y respetado. Castellanos se metió de lleno a hacer todo lo posible para contener la catástrofe, yendo de casa en casa en las zonas de alto riesgo para avisarle a sus moradores que debían evacuarlas. La enorme tarea de reconstrucción vendría después; era el momento de salvar vidas.

El 1 de noviembre, mientras el huracán decargaba un diluvio sin predecentes sobre Honduras, Castellanos abordó un helicóptero para visitar un punto del río Choluteca donde los escombros arrastrados por las aguas habían formado un dique natural y amenazaban con causar mayores daños. El helicóptero apenas se elevó unos metros cuando un desperfecto eléctrico inició un fuego en la cabina. Castellanos, un funcionario municipal, un camarógrafo y el piloto murieron en el accidente.

Recordado por el columnista Mario Posas del diario El Heraldo como "uno de los alcaldes más entusiastas y populares de tiempos recientes", Castellanos también apelaba a gestos teatrales. Decidido a llegar a todos los estratos de la sociedad con su mensaje cívico, sirvió platos de fideos a los pobres, se hizo cargo personalmente de la campaña para limpiar los mercados tegucigalpenses y llamó a la formación de un "Club de Cochinos" para avergonzar a los vecinos que ignoraban sus exhortaciones a mantener limpia la ciudad.

Instando todo el tiempo a los empleados municipales a poner manos a la obra, desplegó cuadrillas para arreglar las calles y propiedades municipales y plantar árboles en los parques. Se reunió personalmente con los dueños de prostíbulos para persuadirlos de mudar sus establecimientos a zonas donde no perturbaran a la comunidad.

Si bien era un político de raza y tenía los ojos puestos en la presidencia, Castellanos dedicó la mayor parte de su actividad profesional a la medicina y salud pública. Especializado en neurocirugía, ocupó cargos en varias asociaciones profesionales nacionales e internacionales e intervino en más de tres mil operaciones quirúrgicas. Como ministro de salud de Honduras, durante tres años consecutivos fue proclamado como el mejor funcionario público de la nación. Presidió el Comité Ejecutivo de la Organización Panamericana de la Salud y fue presidente de la Federación Latinoamericana de Neurocirugía.

Fue el tipo de persona cuya pérdida hubiese dolido aún en las mejores circunstancias. Se extrañará su grito de batalla "A trabajar!".

-- Roger Hamilton



PORTADA
ACERCA DEL BID | DEPARTAMENTOS | INVESTIGACION Y ESTADISTICAS | OPORTUNIDADES DE NEGOCIOS | POLITICAS | PRENSA Y PUBLICACIONES | PROYECTOS |  SECTOR PRIVADO