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Apenas un techo





"Al cuarto dia de lluvia nos despertamos y encontramos nuestra casa partida en dos".

Así recuerda Kenia Elizabeth Cruz los momentos finales de su humilde casita de madera en las afueras de Tegucigalpa, antes de que un deslizamiento desatado por el huracán Mitch la hiciera añicos. "Las cosas comenzaron a desbaratarse", narra su esposo, el albañil Juan Carlos Cruz. "Las paredes se caían y se iban calle abajo. Nos escapamos con lo puesto a una escuela de aquí cerca. Perdimos todo".

El caso de la familia Cruz es típico de las más de 1.000.000 personas que quedaron desamparadas en Honduras tras el huracán. El matrimonio y sus dos hijos tenían una casa precaria construída en una ladera empinada y talada de los árboles necesarios para evitar los deslizamientos. Tres días después de la catástrofe, la familia regresó al lugar, desesperada por juntar las tablas, su única posesión de valor. Con ayuda de su padre, Juan Carlos construyó una modesta choza, empleando los tablones que rescató de su arrasada vivienda. Pero el pequeño refugio está en la misma ladera donde estaba su casa, tan sólo unos metros cuesta arriba, y sin duda será igualmente vulnerable en caso de nuevos temporales.

En ese sentido, la familia Cruz también es típica entre las víctimas del huracán Mitch. Hasta que tengan suficiente dinero para cubrir sus necesidades básicas de alimento, ropa y salud, los Cruz no pueden pensar en mudarse o en comprar terreno y materiales para construir un hogar en un lugar más seguro. Para evitar que miles de familias pobres vuelvan a afincarse en zonas expuestas a crecidas y deslizamientos, el gobierno hondureño tendría que movilizar recursos en créditos, tierras y materiales de construcción.

--Informe de David Mangurian



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