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El astillero del ingeniero ecuatoriano Antonio Labra en Guayaquil no iba ni para atrás ni para adelante. Su dique
seco de un solo carril sobre el río Guayas sólo le permitía reparar un barco a la vez. Las ganancias de su empresa, Asenabra, se
estaban secando. La alternativa obvia, construir más carriles, era demasiado cara porque la ribera del Guayas se caracteriza
por ser poco profunda y fangosa. Se necesitarían docenas de pilares de cemento reforzado de 15 metros para soportar los 200
metros de carriles que se requerían.
Una plataforma giratoria permite a este astillero
ecuatoriano reparar más de un barco a la vez. (Foto de David Mangurian, BID)
Entonces Labra recordó que las empresas de ferrocarriles reparan varias locomotoras
simultáneamente llevando las máquinas a talleres con enormes plataformas giratorias llamadas tornamesas. El único carril
apuntalado del que disponía Labra servía para sacar barcos del agua. Todo lo que necesitaba ahora era construir una tornamesa.
Pero hay una gran diferencia entre una plataforma giratoria de ferrocarril y una para barcos: las locomotoras pesan entre 20 y 25
toneladas; los barcos de pesca pueden pesar más de 250. El proyecto costaría 400.000 dólares. Asenabra necesitaba un
financiamiento a largo plazo por 280.000 dólares, pero la mayoría de los bancos ecuatorianos no estaban en condiciones de
otorgarle condiciones convenientes. La excepción fue un banco especializado en préstamos a la pequeña y mediana empresa y a
la agroindustria. Ese banco había recibido un préstamo de 3 millones de dólares e inversiones de capital de la Corporación
Interamericana de Inversiones, una entidad afiliada al BID que trabaja con el sector PYME. La tornamesa de Asenabra
empezó a operar en 1998. Funcionarios de la compañía creen que es la primera de su tipo en América Latina y quizás en el
mundo. Pero la historia tuvo un final agridulce. A diferencia de lo esperado, la plataforma giratoria no aumentó las
ganancias de Asenabra. Unos meses después de completarse el proyecto, Ecuador cayó en una profunda recesión. Los dueños
de embarcaciones se han visto obligados a gastar menos en mantenimiento, señala el jefe de producción de Asenabra, Napoleón
Cabrera. Pero la tornamesa ha permitido a la compañía trabajar con más barcos a la vez, lo cual probablemente la haya salvado
de irse a pique. —David Mangurian
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