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Peregrinaje a Warisata
Un santuario de la educación indígena








Bernabé Rojas, Director del Ayllu Warisata


De toda Bolivia y aún más allá de sus fronteras, quienes están comprometidos con la causa de la educación indígena hacen la travesía a Warisata, una localidad al norte de La Paz cercana al lago Titicaca. Allí se encuentra la Escuela Ayllu Warisata, una de las primeras en todo el hemisferio dedicada a preparar maestros para la enseñanza de estudiantes indígenas.

Tras cruzar su entrada y un amplio patio lleno de estudiantes, se sube una escalinata hasta llegar a un bajorrelieve azteca que refleja el vínculo entre Warisata y una escuela hermana en México. Así se llega a la oficina de Bernabé Rojas, el veterano director de Warisata. Está enfundado en un grueso abrigo que lo cobija del frío.

Para entender el papel pionero de Warisata, explica Rojas, se debe mirar al pasado. Mientras el director habla sus colaboradores van y vienen con papeles y carpetas. De cuando en cuando, uno de ellos le acerca un documento para su firma, lo que hace con cierta ceremonia.

Hasta entrado este siglo, recuerda, esta comarca estaba bajo el control de gamonales hostiles a cualquier sugerencia de educar a los indígenas. Pero en ciertos parajes como Warisata, que no estaba bajo el control de los terratenientes, los nativos contrataron gente educada y dispuesta a dar clases entre gallos y medianoche.

Así entra en escena un joven universitario llamado Elizardo Pérez. Idealista y dedicado a la causa de la educación indígena, su misión era fundar una escuela rural. En cada comunidad chocaba con la oposición de los terratenientes, salvo en la localidad autónoma de Warisata. Allí los miembros de la comunidad participaron en la construcción de una escuela, acarreando piedras, mezclando argamasa, erigiendo las vigas. Hasta los labriegos de haciendas vecinas se sumaban por las noches a la tarea.

Con el correr de los años, Warisata se convirtió en el núcleo de 70 escuelas individuales. Así y todo, Pérez no estaba satisfecho. Aunque los maestros en su escuela eran indígenas, eran de clase media y tenían dificultades para relacionarse con los estudiantes campesinos.

Esto impulsó a Pérez a fundar en 1937 una nueva escuela en Warisata para capacitar a maestros indígenas para estudiantes indígenas, explica Rojas. Los estudiantes llegaron de todas partes, de Potosí, de Santa Cruz y de Oruro.

La escuela funcionó durante varios años, pero una vez más, los gamonales manifestaron su desagrado. Veían a la escuela como una amenaza al orden establecido, hasta como un centro de agitación comunista. Los talleres donde los estudiantes producían artículos como sombreros y tejidos fueron cerrados y las huertas donde cultivaban hortalizas quedaron cubiertas por malezas. La escuela entró en un período de declinación.

Sin embargo, por esas vueltas que da la historia, tras la Segunda Guerra Mundial Pérez fue nombrado ministro de Educación y Warisata volvió a florecer, inspirando programas de educación indígena en todo el hemisferio.

Al terminar su relato, Rojas se vuelve hacia un joven maestro de castellano, Policarpio Gutiérrez, quien describe cómo la capacitación que reciben los estudiantes de Warisata difiere de la que brindan las tradicionales escuelas de docentes.

Los futuros maestros aprenden a enseñar a leer y escribir en la lengua indígena, respetando sus símbolos e imágenes tradicionales.

Pero no termina ahí. "El maestro que se gradúa aquí debe conocer a su gente, sus condiciones sociales y económicas, todo. Tiene que tener ese conocimiento para hacer su trabajo", asegura Gutiérrez.

Fuera del aula, el trabajo del maestro es ayudar a la gente a mejorar su nivel de vida. "La gente puede hacer alfarería y tejidos, que son la herencia que nuestros ancestros nos dejaron", agrega Gutiérrez. "El maestro los ayuda a hallar maneras de mejorar la producción y la comercialización. O tal vez encuentra que la comunidad exporta lana de llama al Perú. Puede ayudar a iniciar un proyecto de hilado, tejido y confección de productos en la comunidad para exportar al mercado nacional o internacional".

Lleva tiempo desarrollar este tipo de relación con una comunidad. En muchos países el servicio rural es un requisito para los maestros recién graduados, "casi como un castigo", señala Gutiérrez. Pero los graduados de Warisata invierten a largo plazo. Se quedan hasta completar el trabajo.



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