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Algunos se aventuran en las profundidades de la selva en busca de líderes espirituales indígenas. Otros escalan
montañas. A Valentín Mejillones se lo puede encontrar subiendo al tercer piso de un sencillo edificio de El Alto.
A su modo de ver las cosas, no hay mejor lugar para atender las necesidades espirituales de sus hermanos y hermanas indígenas que esta ajetreada ciudad en las afueras de La Paz. Unas 700.000 personas viven en esta urbe, muchas de ellas recién llegadas del interior de Bolivia. Es un lugar donde las tradiciones y creencias aymaras entran en contacto con el mundo moderno. Mejillones, un hombre de silenciosa pero firme autoridad, encabeza el Consejo del Saber Qulla, una red de nacional de dirigentes religiosos aymaras creada en 1995 para preservar la antigua cultura andina y adaptarla al mundo moderno. El consejo ha recibido apoyo financiero del Fondo Indígena Abre la conversación describiendo el sistema aymara de creencias: la Pacha Mama y la espiritualidad de la naturaleza; los apus, espíritus que habitan todo lugar y protegen a la tierra y los tres niveles de existencia. Seguidamente, presenta a otros miembros de su organización: el hermano Genaro, el hermano Casimiro y el hermano Florentino. Su misión, explica, es promover el desarrollo social y económico sobre la base de sistemas tradicionales de creencias y culturas. Su sueño es construir una pirámide de siete niveles, un centro educativo que transmita la sabiduría antigua a las nuevas generaciones. Mejillones baja un modelo de plástico del edificio que reposa sobre un gabinete. El centro tendrá cuatro facultades dedicadas a la educación, la economía, los estudios sociales y los espirituales. "Pongo a lo espiritual al final para que la gente no malinterprete", agrega. "Al principio o al final, no importa". En cada centro venerables maestros enseñarán la práctica de valores tradicionales. "Algunos dicen que el árbol de nuestra cultura se ha secado, que sus hojas se han caído y sus ramas han sido cortadas", apunta Mejillones. "Pero quedan las raíces. De esas raíces queremos crear una nueva planta".
La ciudad ofrece a Mejillones oportunidades de aumentar sus conocimientos y hacer contactos con el mundo exterior, incluyendo visitas al resto de las Américas y Europa. "Nosotros los aymaras vivamos en la ciudad o en el campo, seguimos siendo aymaras", asegura. Mejillones describe una compleja relación entre las creencias indígenas y el cristianismo. Le preocupa la penetración entre los aymaras de otros cultos religiosos. "Nos persiguen casa por casa, a veces ofreciendo dinero, comida o ropas usadas para convertir a nuestra gente". En opinión de Mejillones y otros dirigentes indígenas, lo que está en juego es más que una religión, es toda una forma de vida. Como el idioma, la religión es un lente a través del cual la gente interpreta al mundo. Aunque Mejillones está facultado por sus paisanos para celebrar matrimonios y bautismos, el estado no le reconoce tal autoridad. Incluso un ex vicepresidente boliviano, Víctor Hugo Cárdenas, tuvo que visitar dos sacerdotes hasta encontrar uno que aceptara bautizar a su hijo con un nombre que no era cristiano y que no estaba legalmente reconocido.
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