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A unos veinte minutos de Chimaltenango, en las montañas de Guatemala, abrió sus puertas recientemente un singular centro de capacitación. El Centro de Promoción Rural Utz Samaj, un nombre que significa "buen trabajo" en cakchiquel, la lengua indígena local, ofrece capacitación práctica en agricultura, agroindustria, ganadería y otras áreas de la actividad rural. No todos pueden asistir al nuevo centro, financiado en parte con una donación de 2 millones de dólares del BID. Para asegurar que los conocimientos que adquieran sus estudiantes sean subsecuentemente transferidos a una audiencia más amplia, los candidatos típicamente son elegidos por sus propias comunidades. Cada estudiante se compromete a completar un curso específico y a compartir sus nuevos conocimientos con sus vecinos. El centro, que tiene una capacidad máxima de 200 estudiantes, está orientado a las necesidades de agricultores en puntos remotos de las montañas, típicamente dedicados a cultivos de subsistencia como el maíz y los frijoles. Distancias y barreras idiomáticas les impiden asistir a los centros de capacitación en las ciudades. En Utz Samaj las clases se dictan en español y en cakchiquel. Dado que la mayoría de los potenciales estudiantes tendrían que viajar grandes distancias por caminos y senderos precarios, el centro posee un dormitorio, un almacén y una cafetería, además de aulas, terrenos para cultivo y talleres donde se imparten conocimientos elementales de carpintería y electricidad. En todas las clases se enseñan métodos para aumentar la productividad y la calidad y los estudiantes aprenden asimismo conceptos comerciales básicos, como las ventajas de asociarse para reducir costos de insumos y mejorar el acceso a los mercados. Los instructores del centro son generalmente agricultores del área, con alguna especialización. La Fundación para el Desarrollo Integrado, la organización no gubernamental propietaria del centro, está desarrollando una metodología integral de capacitación, en base a clases piloto que se están dictando. El objetivo para los próximos dos años es formalizar una metodología adaptada a las necesidades del campesinado y después compartirla con otros centros de capacitación rural. --Carlos González, Ciudad de Guatemala.
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