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Repentino auge de mujeres en el poder
América Latina alcanza la mayor proporción de legisladoras del mundo







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Por PAUL CONSTANCE

Cuando de aumentar el número de mujeres en la función pública se trata, los cambios suelen suceder a paso de hombre. A pesar de décadas de bregar por la igualdad, las mujeres ocupan sólo 12,9 por ciento de las bancas en las cámaras de representantes de los congresos y parlamentos del mundo. Esa porción representa un modesto incremento sobre el 8,1 por ciento en 1965.

Hasta hace poco, las naciones latinoamericanas y caribeñas no se escapaban de esa media mundial. En mayo de 1997 las mujeres tenían apenas algo más que 10 por ciento de las bancas en las cámaras de diputados de la región. E incluso esa estadística estaba "inflada" por la influencia de la Argentina, donde una ley de cupo femenino promulgada en 1991 llevó a las argentinas a conquistar 28 por ciento de las bancas de la cámara baja del Congreso. En el Senado, donde no se aplica esa ley, sólo tres por ciento de las bancas corresponden a mujeres.

Sin embargo, en los últimos 18 meses, la actitud de los votantes sobre la representación femenina ha cambiado de una manera imprevista. En nueve países de la región donde se celebraron elecciones parlamentarias durante ese lapso, la proporción de mujeres en las cámaras bajas y legislaturas unicamerales ha aumentado casi 50 por ciento.

Según la Unión Interparlamentaria, que recopila estadísticas sobre legisladoras, este salto sin precedentes ha elevado el promedio regional para América Latina y el Caribe a 15,4 por ciento, un nivel sólo superado por un puñado de países individuales y que sobrepasa al promedio mundial por dos puntos porcentuales. En los senados, el promedio regional está en 14,1 por ciento, contra 10,4 por ciento a nivel mundial.

El efecto ha sido tan repentino que parecería que todos los cambios que sucedieron a nivel global durante las últimas tres décadas se produjeron de golpe en un solo ciclo electoral en América Latina.

¿Qué hay detrás de ese cambio? Según Mark Jones, politólogo de la Universidad de Michigan, las leyes de cupos son el principal factor. Aunque no le faltan detractores, la ley argentina de 1991 puso el tema de la representación femenina en el centro del debate político. "La gente comenzó a preguntarse si la representación femenina le importaba más a los argentinos que a otros. Tuvo un impacto notable y, junto a las leyes de cupos de países europeos, propuso un modelo".

Desde fines de 1997, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Ecuador, Perú, Panamá, la República Dominicana y Venezuela se sumaron a la Argentina al aprobar legislaciones que exigen a los partidos políticos que reserven un porcentaje de los puestos en sus listas de candidatos a las mujeres. Los cupos varían desde el 40 por ciento en Costa Rica al 20 por ciento en Ecuador, y hay diferencias considerables entre las leyes que hacen a algunas más eficaces que otras, apunta Jones.

A septiembre de 1998, no todos los países que aprobaron leyes de cupo femenino habían celebrado elecciones, pero en los cuatro que sí fueron a las urnas, los resultados fueron sorprendentes. Ecuador, donde la proporción de mujeres en su congreso unicameral saltó de cuatro a 17,4 por ciento, mostró el mayor avance. En la República Dominicana subió de 12 a 16,1 por ciento, en Costa Rica de 16 a 19,3 por ciento y en Bolivia de siete a 10 por ciento. En México, donde no hay ley de cupo femenino pero los principales partidos voluntariamente se fijaron cuotas para candidatas antes de los últimos comicios, pasó de 14 a 17,4 por ciento.

La proporción de legisladoras también ha aumentado en otros países de la región que no tienen cupos femeninos. En Bahamas subió de ocho a 15 por ciento y en Chile aumentó de siete a 10,8 por ciento. (Al momento de escribirse esta nota no había datos específicos sobre las elecciones en Brasil, Colombia, Guyana y Paraguay)

Aunque es imposible saber a ciencia cierta las razones de esos resultados en países sin leyes de cupos, la jefa de la División de Programas Sociales del BID, Mayra Buvinic, nota un efecto de "imitación". Los éxitos alcanzados por las mujeres en países con cupos ayuda a eliminar los estereotipos y a cambiar los prejuicios populares sobre el papel que puede desempeñar la mujer, dice. "Ayuda a romper la regla tácita de que las mujeres no deberían estar en el poder".

Buvinic sostiene que la creciente presencia femenina en los gobiernos es auspiciosa para el progreso democrático. "Esto muestra que no hay una escasez de mujeres calificadas que pueden hacer un aporte. Su presencia ayudará a asegurar que los políticos tomen en cuenta las inquietudes de las mujeres, así como a consolidar la democracia".



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