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Si no sabe lo que es la resolución alternativa de disputas, está en buena compañía. Hasta veteranos juristas se sienten confundidos por la gama de prácticas ligeramente diferentes que abarca. La variable crucial es el grado de control que las partes ejercen en una disputa. Un extremo de esa gama es la negociación, en que las partes están totalmente en control y procuran resolver su disputa sin la intervención de un asesor ajeno a la cuestión en juego. El siguiente escalón es la mediación o conciliación, en que las partes recurren a un facilitador neutral para llegar a un acuerdo voluntario. La diferencia entre estos dos escenarios gira en torno al grado de intervención que se le acuerda al facilitador: la mediación usualmente implica un papel pasivo, de asesoramiento, mientras que la conciliación generalmente implica un papel más activo en el que la parte neutral fija la agenda de discusiones, asigna tareas y hasta sugiere soluciones. Finalmente, el arbitraje es el caso en que las partes escogen a un individuo o un panel neutral (casi siempre compuesto por tres personas) al que presentan sus alegatos para recibir un veredicto que tiene validez legal. En otras palabras, negociación o mediación implica que las partes están de acuerdo con la solución, mientras que arbitraje involucra un veredicto que favorece a una de las partes en la disputa. La negociación, si se deja de lado el número de horas que implica, es esencialmente libre de costos. Los mediadores y conciliadores, o los centros que suministran esos servicios, suelen cobrar por horas de servicio a las partes en disputa. En contraste, los honorarios por arbitraje típicamente son calculados en base al monto de dinero en disputa. En el caso entre Ecopetrol y TransGas, por ejemplo, un arbitraje hubiera resultado mucho más costoso que la conciliación. |
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