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Por DAVID MANGURIAN
"Una vez llevé a un grupo de japoneses por este camino. Hubiera visto la cara que pusieron cuando vieron los precipicios".Enrique Uscamaita González, geólogo del Servicio Nacional de Vialidad de Bolivia, disfruta narrando la reacción de algunos de los visitantes que ha llevado por lo que al menos una guía turística ha llamado "la peor carretera del mundo". "Gritaban, ‘¡no, no, no!' ante cada curva y fumaban un cigarrillo tras otro", recuerda. "Creo que cada uno se había fumado un paquete para cuando llegamos al pie". La "carretera" es un sendero de un solo carril, tallado en las laderas de montañas espectacularmente escarpadas a unos 50 kilómetros al norte de La Paz. Uscamaita recuerda también la visita de un ingeniero argentino. "Insistió en regresar a La Paz de noche para no ver las pendientes", dice. En muchos lugares los precipicios son de 1.000 metros de profundidad. Los vehículos que bajan y se topan con tráfico que sube deben ceder el paso y arrimarse al borde de la pendiente. Un forastero creerá que el borde cederá y su vehículo se desbarrancará. En realidad, eso ocurre a veces. Durante la estación de lluvias, frecuentemente el camino queda bloqueado varios días debido a deslizamientos de tierra. Tras un alud particularmente grande quedó cerrado por cinco semanas. Uscamaita integra el equipo que está construyendo una nueva carretera de 50 kilómetros de largo que hará el viaje más rápido y eficiente, sin perder el espectacular panorama del viejo desfiladero. Con financiamiento del BID, el gobierno alemán, el Banco Andino de Desarrollo y el gobierno boliviano, el camino de dos carriles comunicará al rico departamento del Beni con La Paz y los mercados mundiales. Uscamaita ha experimentado en persona el terror de esas pendientes. Hace unos años, estaba recogiendo muestras de suelo como parte del proyecto cuando pisó lo que creyó era un montón de hojas secas en el suelo. Pero no había suelo abajo de ellas y en un instante se encontró agarrado de las ramas de un pequeño árbol, con las piernas colgando en el vacío. "Me dí el susto de mi vida", recuerda el geólogo. "Batí todos los récords saliendo de allí". El escarpado terreno exigió una serie de soluciones de planeamiento e ingeniería. Para no interrumpir el tráfico durante la construcción, la nueva carretera sigue un curso completamente nuevo. Con 297 curvas, el nuevo camino bien podría ser el más difícil que se haya construido en América Latina. Desciende 2.230 metros en una distancia de sólo 22 kilómetros a vuelo de pájaro. En 25 puntos la pendiente es tan acentuada que hubo que construir viaductos para bajar costos y evitar problemas ambientales. En otros lugares de marcadas pendientes y suelo muy inestable, la única solución práctica fue perforar túneles a través de 1.300 metros de montaña. El proyecto emplea a 900 personas y 240 unidades de equipo pesado, incluyendo 81 camiones volcadores. Cuatro camiones y una aplanadora pagaron caro el acercarse demasiado al borde del precipicio y se desbarrancaron, pero sus conductores lograron saltar a tiempo. Construir en un terreno tan abrupto, de suelo rocoso e inestable, es una pesadilla para cualquier ingeniero. Para evitar deslizamientos, las cuadrillas deben cubrir las grietas más grandes con alambre tejido y una capa de hormigón literalmente remachada al suelo con largas varillas. Después perforan hasta una profundidad de 10 a 15 metros e insertan caños de desagüe como precaución contra filtraciones de agua. En total, 14 de los 50 kilómetros de la carretera están protegidos por esas paredes de contención. En otras laderas más suaves se recurre a terrazas de vegetación para evitar los deslaves. Pero aun en esos lugares, muchas de las cuestas resultan demasiado empinadas para treparlas y los arbustos se deben plantar bombeando en el suelo una mezcla de semillas, agua y fertilizante. Cuando quede completada hacia fines del 2000, la nueva carretera reducirá en una hora y media el tiempo de viaje entre Cotapata y Santa Bárbara. El viejo camino quedará abierto en caso de que algún deslizamiento cierre la nueva carretera, como también para deleite de aquellos viajeros con gran espíritu de aventura. "La mejor manera de ver este camino es desde la caja de un camión abierto. Realmente es un buen ejercicio para los nervios", aconseja Uscamaita.
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