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Una de las vallas que impiden a los bancos comerciales y otros inversores participar más activamente en las microfinanzas en América Latina y el Caribe es la falta de datos confiables sobre instituciones microfinancieras (IMF). Sin información precisa sobre las operaciones de esas pequeñas entidades crediticias, a los grandes bancos les resulta muy difícil evaluar riesgos y comprometer recursos. Una institución que enfrenta esa limitación es la Calvert Social Investment Foundation, una organización estadounidense que le brinda al inversor con sensibilidad social la oportunidad de financiar programas de microcrédito y proyectos de desarrollo comunitario. Shari Berenbach, directora ejecutiva de esta fundación con sede en Bethesda, Maryland, dice que su limitado presupuesto operativo no le permite viajar y hacer las indagaciones necesarias para conseguir la información pertinente para justificar una inversión en una IMF foránea. "Estas no son donaciones, son fondos de inversores que esperan recuperarlos, aunque sea con un rendimiento inferior al del mercado", explica Berenbach. Su fondo frecuentemente debe abstenerse de invertir en promisorias instituciones de microcrédito latinoamericanas simplemente porque no tiene suficiente información sobre ellas. Para tratar de superar ese obstáculo, el BID está trabajando en la formulación de parámetros de desempeño microfinanciero. La meta es brindar a potenciales inversores los elementos que precisan para comparar los resultados de instituciones de microcrédito con los de instituciones similares e intermediarias financieras formales. Los parámetros ayudarán también a las IMF a aumentar su capacidad para usar datos financieros en la administración de sus carteras de préstamos y para elaborar estrategias. El proyecto, lanzado el año pasado, analizará la operación de 18 IMFs en América Latina y el Caribe que han demostrado potencial de lograr crecimiento sostenido. La información resultante generará un conjunto de parámetros para el sector y un caudal de ejemplos que otros microprestamistas en la región podrán emular. El proyecto está siendo ejecutado por Private Sector Initiatives Corp., una consultora con sede en Washington, D.C. que dirige Damian von Stauffenberg, un ex economista del Banco Mundial. Su investigación inicial de ocho instituciones ha vuelto a confirmar que otorgarles créditos a personas muy pobres puede ser un negocio seguro y lucrativo. Sin embargo, von Stauffenberg también encontró poca uniformidad en las prácticas gerenciales y financieras del sector. Por ejemplo, algunas instituciones tienen información actualizada y acceso directo a su posición financiera, mientras que otras están sumamente atrasadas en su contabilidad. Asimismo, una IMF puede calificar un crédito como moroso si el cliente se atrasa en un pago un solo día, pero para otra institución el período de gracia se puede estirar hasta un año. Todas las instituciones analizadas tenían niveles relativamente bajos de apalancamiento; un indicio probablemente favorable, según von Stauffenberg, dadas las normas relativamente débiles en materia de suficiencia de capital que prevalecen en el sector bancario latinoamericano. Von Stauffenberg opina que eventualmente podría surgir la necesidad de una agencia calificadora que evalue el riesgo de prestarle a las IMF. "En el futuro el apetito de microcrédito será casi insaciable", sostiene. "Ni las instituciones locales ni las instituciones financieras internacionales tienen suficientes recursos para responder a esa demanda. Las microfinancieras tendrán que recurrir a los mercados de capital, donde la información es fundamental". --Peter Bate |
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