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Medio Ambiente
Una ventana al mundo de la Amazonía
El arte explica un ecosistema único



"El árbol de turimá necesita luz, aire, suelo y agua", explicó Ednelza M. da Silva a sus amigos y vecinos reunidos en la pequeña escuela. "Los insectos, pájaros y peces comen la fruta del árbol. El hombre come los peces. De manera que el hombre no debe cortar el árbol que nos alimenta a todos nosotros".

Da Silva era una de casi una docena de estudiantes de Vila Alencar, una comunidad de la Amazonía a unos 600 kilómetros al oeste de Manaus, participando en un concurso de afiches, parte del programa de celebración del Día de la Tierra. Aunque nativos en su ejecución, los afiches cumplían con el propósito primordial del arte: interpretar el mundo y comunicarlo a otros. Los estudiantes dibujaron lo que conocen: delfines rosados, macacos rojos, manatíes, peces de aspecto prehistórico alimentándose plácidamente de frutas, flores radiantes y árboles de formas inspiradas por un caleidoscopio. Mostraron la tibieza de los dias soleados, la lluvia que cae de las nubes, peces explorando el bosque inundado. Dibujaron también gente y animales domesticados, pero en la misma escala que plantas y animales silvestres.

Los dibujos mostraban un entorno muy complejo y singular. Todas las plantas y animales en esta parte de la Amazonia deben adaptarse al flujo y reflujo anual del poderoso río. Durante los meses de baja marea, los lugareños plantan mandioca y maíz en los claros y atrapan los peces que las aguas menguantes han dejado expuestos. En la otra mitad del año, la tierra seca virtualmente desaparece y la vida se torna más difícil.

Llamado una várzea, o bosque inundado, el singular ecosistema que rodea a Vila Alencar es parte de una reserva administrada por la Sociedad Civil Mamiraurá, una organización no gubernamental que recibe fondos del Programa Nacional de Medio Ambiente, que apoya el BID.

Ocurre que el Día de la Tierra cae en medio de la sesión de marea alta. La escuela, con el agua de color marrón a punto de llegar a los tablones del piso, estaba rodeada de canoas y botes de aluminio, como caballos atados a un palenque.

La audiencia aplaudió cuando Da Silva terminó y la siguieron otros alumnos, algunos hablando con soltura y gesticulando con énfasis, otros con recato y voces apenas audibles.

La ceremonia terminó y la gente puso rumbo a sus hogares, en sus canoas y botes, pasando junto a los árboles de turimá, rebosantes de frutos.

--Roger Hamilton




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