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¿Pueden los bancos de desarrollo reformar la educación en los países miembros? Absolutamente no, sostiene Claudio de Moura Castro, eonomista brasileño y principal asesor del BID en cuestiones de educación. Instituciones como el BID y el Banco Mundial pueden alentar reformas en la educación, pueden brindar asesoramiento técnico y pueden financiar las reformas. En síntesis, pueden añadir leña a un incipiente "fuego" de reforma. Pero sólo los gobiernos, funcionarios locales, maestros y padres de familia pueden realmente encender y alimentar esos fuegos, dice Castro. Durante una reciente alocución en la sede del BID, Castro comentó las lecciones aprendidas en dos décadas de observar y participar en proyectos de reforma educativa en varios países de América Latina. Castro dijo que el fracaso de muchos proyectos de reforma educativa se puede explicar citando algunos errores que parecen obvios cuando se los examina en retrospectiva: -- Dar más prioridad a la construcción de escuelas que a reformas estructurales, capacitación de docentes y libros de texto. -- No asegurar una gestión vigorosa y bien capacitada a nivel de ejecución y el apoyo político necesario en la cúpula ministerial. --Ejecutar proyectos excesivamente ambiciosos, con el respaldo exclusivo de la plana mayor del sector educativo o del poder ejecutivo, que aspiran a imponer cambios sin el apoyo de los niveles medios de la burocracia y de los sindicatos de maestros. Los proyectos en el sector educativo apoyados por bancos de desarrollo han tenido éxito en casos donde el proceso de reforma ya estaba en marcha, impulsado por un vigoroso liderazgo y participación local. "Los bancos tienen que apostar a caballos ganadores", dice Castro. "A menos que los clientes (de un proyecto de reforma) estén comprometidos a llevarlo a cabo, no se va a ningún lado". A pesar de esas limitaciones, Castro cree que los bancos de desarrollo como el BID tienen un rol vital en la preparación del camino para programas de reforma. Lo hacen dando visibilidad política a cuestiones de reforma que son políticamente delicadas y que las autoridades electas tienen renuencia a tocar, condicionando sus préstamos para fomentar la adopción de reformas, y sirviendo como conducto de experiencia técnica de la que a menudo carecen las autoridades gubernamentales.
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