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Cartagena multifacética
La ciudad sede de la asamblea anual del BID refleja a América Latina en un microcosmos



Por SANTIAGO REAL DE AZÚA


El mero nombre Cartagena de Indias evoca instantáneamente muchas cosas, no sólo a los casi 850.000 cartageneros y a sus compatriotas colombianos, sino a todo el mundo iberoamericano: alternativamente cuna de la cerámica americana, bastión de la corona española, puerto negrero, puerta de entrada hacia América del Sur, primera ciudad colombiana que proclamó su independencia de España, centro turístico y cultural, para no retener sino algunos aspectos de esta ciudad multifacética que en marzo será anfitriona de la reunión anual de la Asamblea de Gobernadores del BID.

Puerta, puerto, puente, Cartagena también es centro de irradiación cultural, una ciudad visual y musical por excelencia. Algunos de los colombianos más ilustres, empezando por el Premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez, la han hecho suya, y aunque a veces no sean particularmente proclives a hablar de ella, sus obras o sus personajes lo hacen por ellos.

Bajo su poético nombre, Cartagena, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, encierra una realidad diversa, fuente de legítimo orgullo para Colombia y también un microcosmos de los más acuciantes desafíos que enfrenta toda nuestra región. Su condición de puerto caribeño pareció desde su fundación en 1504 destinarla a ser un punto de encuentro y difusión, vocación a la que el BID se asoció decisivamente desde la década pasada, contribuyendo a financiar el Centro de Convenciones de la ciudad, que la ha convertido en uno de los principales centros de conferencias internacionales de las Américas.

El Centro de Convenciones, ubicado frente al Muelle de los Pegasos, donde llegaban los barcos cargados de esclavos, ofrece infraestructura y servicios para reuniones de hasta 5.000 personas, con la más moderna tecnología y enriquecido con obras de los mayores artistas colombianos.

"En ese entonces teníamos una infraestructura muy limitada", recuerda Moisés Alvarez, director del archivo histórico de Cartagena y memoria viva de la ciudad, al evocar la inauguración del Centro en 1982. "No teníamos empresas especializadas, aquello fue todo un reto", agrega. El Centro marcó el punto de partida de una nueva vida para la ciudad, que con la sucesión de reuniones de la importancia de la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno del Movimiento de Países No Alineados y de la Conferencia de la ONU para el Comercio y el Desarrollo, ha ido acumulando experiencia y desarrollando servicios para sus visitantes.

El alcalde de Cartagena, Nicolás Curi, quien ya ejerció funciones en la década pasada, aguarda con calma la reunión del BID, a la cual considera tanto un honor para la ciudad como una oportunidad para mostrar a la comunidad financiera internacional las inmensas necesidades de "la otra Cartagena". Y es que junto a la admirablemente preservada ciudad vieja, con sus casas señoriales y calles recoletas, a los modernos rascacielos de Bocagrande y a las mansiones de Manga, existe otra ciudad cuyos problemas están en el corazón del desarrollo latinoamericano y, por ende, muy presentes en la agenda de los gobernadores del Banco.

Una visita a la zona suroriental de Cartagena ilustra muy bien a qué se refieren los cartageneros: al borde de la Ciénaga de la Virgen, donde se vierte 60 por ciento de las aguas servidas de la ciudad, viven miles de personas en condiciones dramáticas de insalubridad, miseria, y desamparo. Unos 250.000 cartageneros padecen condiciones de "pobreza crítica". Las 200.000 personas que viven en la zona suroriental cuentan con un solo hospital, que atraviesa por una profunda crisis económica. Los niños que tienen la fortuna de frecuentar una escuela lo hacen a menudo en áulas decrépitas y superpobladas. El alcalde menor de la zona nos habla de una escuela que cuenta con sólo 10 maestros para atender a 700 alumnos.

Cartagena, considerada en su conjunto, sigue siendo una de las ciudades más pobres de Colombia, pero también es la que mayores progresos ha logrado en los últimos años en el campo educativo y del saneamiento.

La paradoja de esas múltiples caras convierte a Cartagena en un lugar particularmente propicio para eventos como la reunión anual del BID. Por un lado, ofrece un marco histórico excepcional y las más modernas instalaciones para facilitar el trabajo de los expertos, a lo que se suma su hospitabilidad. Por el otro, les recuerda a los asistentes que su misma dualidad y diversidad se vinculan con la misión y la agenda del Banco: desarrollo sostenible, prioridad a la lucha contra la pobreza, integración social y cultural. En todos estos frentes, Cartagena quiere aprender y tiene mucho para enseñar.




Una agenda llena

Más de 2.500 participantes de todo el mundo asistirán a la trigésimo-novena reunión anual de gobernadores del BID del 16 al 18 de marzo en Cartagena.

Antes de la reunión, el Banco realizará cuatro seminarios sobre:
-- Programas sociales y participación ciudadana
-- Construcción de sociedades pacíficas
-- Inversiones y mercados emergentes
-- El desempleo en América Latina

Coincidiendo con la reunión del Banco se celebrará también la décimo-tercera asamblea anual de la Corporación Interamericana de Inversiones del BID.



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