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Punto de vista
La pendiente reforma laboral




Cuando se trata de cambiar las relaciones entre trabajadores y empleadores, los debates en São Paulo o Managua suenan muy parecidos a los que pueden escucharse en París o Nueva York. Tanto en el mundo industrializado como en los países en desarrollo, los argumentos son conocidos: los trabajadores quieren seguridad laboral, mejores beneficios, salarios más altos. Las empresas demandan más flexibilidad para contratar, despedir y pagar, especialmente ahora que la globalización está convirtiendo a los costos laborales en un componente más decisivo de la competitividad.

En América Latina, como en buena parte del mundo, el debate en torno a la reforma laboral adquiere especial intensidad por recuerdos no muy distantes de la dura lucha por asegurar derechos laborales básicos, derechos que comprensiblemente los trabajadores se empeñan en preservar. Por eso, como dijo recientemente el presidente del BID, Enrique V. Iglesias, la modernización del mercado laboral es todavía una "tarea pendiente" en prácticamente todos los países de la región.

Hablando ante un grupo de ministros de trabajo de países centroamericanos en la sede del Banco en noviembre, Iglesias reconoció que los esfuerzos por mejorar las leyes laborales existentes (incluyendo algunos intentos promovidos por el BID) frecuentemente han provocado fuertes reacciones. Iglesias afirmó que el BID no desea un retorno al "capitalismo salvaje" del pasado. Tampoco insta a "sepultar las conquistas sociales" logradas por los trabajadores, sino más bien a "extender esos resguardos a la sociedad en general, particularmente al 30 ó 40 por ciento de la fuerza laboral que trabaja en el sector informal".

El BID nunca ha tenido una receta única para los temas laborales en la región. Reconociendo que cada país tiene su propia tradición jurídica y que las soluciones duraderas a los problemas del mercado laboral deben surgir de un consenso genuino, el Banco ha optado por promover diálogos entre dirigentes sindicales, empresas, gobiernos y, cada vez más, una variedad de entidades cívicas que representan a los trabajadores del sector informal y a los desempleados.

Esos diálogos, a menudo llamados concertaciones, no son una panacea. Pero en países tan diversos como Alemania, Italia y Chile han servido para superar trabas políticas al crear un marco dentro del cual es posible negociar productivamente.

El Banco está comprometido a apoyar a los dirigentes sindicales y aprender de ellos. Desde hace dos años el BID ha estado financiando un programa coauspiciado por la Organización Regional Interamericana de Trabajadores y el Congreso Caribeño del Trabajo para capacitar a 252 dirigentes sindicales de toda la región en economía laboral y el impacto de la globalización en las políticas laborales. Cada semestre, universidades de Brasil, Chile, Costa Rica y Jamaica ofrecen los cursos de tres semanas de duración.

El Banco se prepara ahora a recibir dirigentes sindicales de países de la región para un encuentro en Washington. Los invitados serán recibidos por el presidente Iglesias, discutirán sus inquietudes con especialistas del BID y esclarecerán el entendimiento que tiene el Banco sobre las negociaciones actuales entre trabajadores y empleadores en América Latina. En el número de abril de esta revista habrá información sobre el encuentro.

--Los editores




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