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Para los agricultores de Chincheros, Perú, la famosa revolución informática tiene por lo menos una manifestación concreta: el nuevo precio de las papas. Hace algunos años, la típica cooperativa agrícola de 50 miembros en esa área vecina al Cuzco recibía unos US$113 al mes vendiendo papas, ajíes y otros vegetales en el mercado de Chincheros. Un párroco local supuso entonces que debía haber un mejor mercado para esos productos. Mediante una computadora conectada a la Red Científica Peruana (RCP), el sacerdote consultó una nómina internacional de importadores de productos agrícolas. Junto con una de las cooperativas de Chincheros, eventualmente estableció contacto con un distribuidor de Nueva York interesado en papas cultivadas orgánicamente. Ahora, la cooperativa vende directamente a Estados Unidos y gana unos US$1.300 por mes. Se podría sostener que, en términos de competir con productores de papas de otros países, tener acceso a una computadora y una línea telefónica fue para los agricultores de Chincheros tan importante como tener agua, caminos, electricidad y crédito. Casos como éste fortalecen la percepción de la importancia que tiene la infraestructura de información, y específicamente la noción de la fuerte inversión que América Latina y el Caribe deben hacer para mantener el paso de las naciones que se están transformando con una infusión de telecomunicaciones, información y computación. La preocupación que despierta esa brecha en infraestructura es lo que llevó al BID a lanzar su Iniciativa Informática 2000, un amplio esfuerzo para ayudar a la región a planear y coordinar esa inversión. Presentada en septiembre en una conferencia celebrada en la sede del Banco en Washington, la iniciativa involucrará a gobiernos, empresas y entidades cívicas para identificar riesgos y oportunidades y para recomendar los mejores caminos a seguir. "Estamos pasando de la edad industrial a la edad de la información", dijo el vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, en la conferencia. Recordando que hace tres años, en Buenos Aires, exhortó a crear una "Infraestructura Global de Información", Gore reiteró la importancia de extender a todo el hemisferio los beneficios de la revolución informática. El presidente del BID, Enrique V. Iglesias, subrayó por su parte que el Banco ha reservado fondos para ayudar a financiar el desarrollo de infraestructura de la información, "de manera que esté al alcance de los pobres, de la población rural y de los indígenas" (ver artículo "Internet para el pueblo" en este número). Pero definir esta infraestructura puede ser difícil. Dado que la información es inherentemente abstracta, concebir esa infraestructura suele depender de metáforas, flujos de datos e imágenes digitalizados desplazándose por "autopistas" virtuales, que simbolizan cables de cobre, redes de fibra óptica o conexiones satelitales. De manera similar, la gente piensa que las computadoras personales (PCS) son el componente clave de una infraestructura informática, aunque esas máquinas hacen poco más que almacenar y convertir dígitos en letras y formas reconocibles.
Pero, como apuntaron los participantes en la conferencia Informática 2000, el equipo es la parte fácil. Pese al alto costo de tecnología informática y al acceso muy limitado que la mayoría de los latinoamericanos tiene a teléfonos y redes de datos, esta dimensión "física" de la infraestructura de la información se expande a un ritmo espectacular en muchos de los países de la región (ver artículo "¿Quién construye las autopistas de datos?" en este número). La verdadera dificultad, según varios oradores, es suministrar a esas nuevas autopistas digitales el tráfico de información, o sea el contenido que justifique la inversión en equipo y cerciorarse de que sus usuarios puedan digerir y utilizar esa información. Consideremos el Internet. Según algunos cálculos, más del 90 por ciento de la información disponible en esa red está en inglés. Pese a lo mucho que se habla sobre el potencial de Internet en cuanto a mejorar la producción, quienes lo exploran descubren que está consagrado mayormente a entretener, no a trabajar. La experiencia de los agricultores de Chincheros es inspiradora, pero excepcional; la mayoría de los latinoamericanos todavía encuentra muy poco en el Internet que pueda mejorar sus vidas. "El contenido del Internet está influido en gran medida por unas pocas compañías de medios y de software en EE.UU.", dice José Soriano, gerente general de la red RCP del Perú. "De manera que no se trata de simplemente extender el acceso a todos. ¿Para qué tener acceso si sólo se lo puede usar para ver lo que ocurre fuera del país? Lo que tenemos que hacer es producir información local, para uso local".
Concentrarse en el equipo puede además alimentar la ilusión de que más tecnología de la información aumenta automáticamente la eficiencia. Las burocracias públicas en todo el mundo ilustran notoriamente esa falacia. Durante los pasados 15 años, gobiernos de naciones industrializadas y de América Latina han gastado miles de millones de dólares en sistemas de computación destinados a acelerar el procesamiento de documentos y a mejorar los servicios de las dependencias oficiales. Los resultados, con escasas excepciones, han decepcionado. ¿Por qué? "Si la tecnología de la información no es usada como parte de una seria reforma del estado, puede conducir a meramente automatizar prácticas obsoletas e ineficientes", dice Edmundo Jarquín, jefe de la División del Estado y Sociedad Civil, del BID. "Es como poner un motor fuera de borda a una de las carabelas de Colón". Más aun, una deficiente planificación y coordinación en inversiones en tecnología de la información puede aumentar la ineficiencia al crear una proliferación de sistemas singulares "separados" que dificultan el intercambio de información entre organismos. Masato Yokoda, secretario de salud de São Paulo, relató en la conferencia que la mayoría de los principales hospitales de esa ciudad ya han invertido en sistemas de computación que asignan códigos de identificación a cada paciente con fines de mantener sus historias clínicas. Desafortunadamente, cada hospital usa un sistema de identificación diferente, haciendo imposible compartir entre ellos esos antecedentes médicos. Aun cuando puedan coordinar exitosamente sus inversiones en tecnología de la información en múltiples organismos, los gobiernos deben hacer frente al fastidioso problema de la obsolecencia técnica. Las inversiones en tecnología de la información requieren continuas mejoras para mantener su efectividad y eso puede malograr proyectos en gran escala a ser completados en el curso de varios años. Un famoso ejemplo ocurrió en Estados Unidos. La Reserva del Ejército de EE.UU. invirtió más de una década y varios cientos de millones de dólares planeando, diseñando y finalmente implementando una red de datos para automatizar sus operaciones de abastecimiento y logística. Pero cuando las primeras computadoras comenzaron a llegar a las bases militares, ya eran tan anticuadas que todo el proyecto debió ser cancelado y hubo que rediseñarlo por completo.
Estos ejemplos subrayan el hecho de que problemas humanos e institucionales complejos casi nunca pueden ser resueltos con apresuradas inversiones en equipos. "Aprovechar la tecnología de información requiere inversiones masivas en capital humano", dice Jarquín. Pero el capital humano va más allá de gerentes y tecnócratas que puedan decidir inversiones en computadoras y software. Más bien, el capital humano debe ser definido como ciudadanos con suficiente educación para entender el valor de la información. Esos ciudadanos demandan una prensa independiente y responsable, e insisten en que las instituciones públicas cumplan con su responsabilidad de informar pronta y verazmente acerca de actividades que afectan a los contribuyentes. Desafortunadamente, ese tipo de capital humano está todavía en proceso de formación en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe. Según Joan Prats Catalá, director del Proyecto de Gobierno en la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas en Barcelona, la mayoría de las constituciones en América Latina ya consagran el derecho de los ciudadanos a la información sobre presupuestos y actividades de gobierno. Sin embargo, las leyes hacen poco por asegurar que los gobiernos establezcan realmente los medios para el acceso público a sus documentos y los ciudadanos carecen de medios efectivos de hacer cumplir su derecho a la información. En realidad, son pocos los ciudadanos que conocen de sus derechos a saber. En síntesis, como dijo el presidente de Costa Rica, José Figueres, en su mensaje inaugural de la conferencia, la tecnología de la información "no puede suplantar una estrategia de desarrollo" basada en los principios de mejor educación y gobierno genuinamente participativo y transparente. Sólo cuando esos elementos estén presentes, la naciente infraestructura informática de la región, en palabras de Figueres, "impulsará y promoverá el desarrollo sostenible, permitiendo a los países dar un salto tecnológico y abrir oportunidades para todos".
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