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Mercosur: los próximos pasos



Por UZIEL NOGUEIRA , Buenos Aires **

A juzgar por los números, el Mercosur ha sido un innegable éxito. En menos de una década, el pacto comercial formado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay se ha tornado en el cuarto mercado del mundo en volumen de negocios, sólo menor que el NAFTA (Estados Unidos, México y Canadá), la Unión Europea y Japón. En seis años el comercio entre los países del Mercosur se ha cuadruplicado con holgura, de US$4.100 millones en 1990, a US$16.900 millones en 1996.

El flujo de inversión entre los cuatro países, aunque pequeño comparado con la masa de recursos que llega de fuentes externas, está estimulando el comercio y los negocios en forma nunca vista. Más aun, el comercio dentro del Mercosur, que ahora significa el 1,6 por ciento del producto interno bruto de los cuatro países miembros, tiene espacio para crecer.

Para una región con una historia plagada de fracasos en lo económico, cómo apuntalar este notable éxito es una pregunta crucial. Específicamente, ¿cómo pueden los miembros del Mercosur aumentar el comercio entre ellos sin reducir lazos comerciales con el resto del mundo? ¿Cómo responderá el Mercosur al Area de Libre Comercio de las Américas que se aspira a establecer hacia comienzos del próximo siglo?

Hay dos corrientes de opinión al respecto, según el reciente Informe Mercosur publicado en Buenos Aires por el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe, asociado al BID. El argumento económico sostiene que el peso del Mercosur se verá necesariamente disminuido con la creación de un área hemisférica de libre comercio. El arancel externo común del Mercosur, su principal línea de defensa comercial, perderá efectividad ante sus otros socios hemisféricos, que incluyen a Estados Unidos, la economía más grande del mundo.

El segundo argumento es de carácter político estratégico. Sus partidarios sostienen que el Mercosur es tanto un bloque comercial como una alianza cultural, política y de seguridad. Como tal, puede coexistir perfectamente dentro de un área comercial más amplia para todo el hemisferio. Pero debemos preguntarnos si es realmente posible una integración profunda en áreas ajenas a la económica dentro del Mercosur. Más aún, ¿es sostenible a largo plazo una alianza estratégica entre Brasil y Argentina?

Finalmente, el informe del INTAL reflexiona sobre temas que a menudo quedan al margen cuando se discute la integración hemisférica y regional. La integración es un medio y no un fin. Los países buscan la integración como una vía al desarrollo social y económico, pero en última instancia el desarrollo depende del curso de acción que adopte cada país.

Chile es un buen ejemplo. En 1976 abandonó el Pacto Andino porque decidió seguir una estrategia de crecimiento a contrapelo del espíritu proteccionista que predominaba en ese grupo. Por contraste, Brasil se encuentra en medio de una serie de reformas económicas que incluyen una substancial liberalización del comercio. Su objetivo es fortalecer el potencial del mercado regional y crear al mismo tiempo las bases para competir en mercados internacionales. Reconciliar esos dos objetivos es el desafío que enfrentan Brasil y el Mercosur.

**El autor es economista principal en el INTAL, con sede en Buenos Aires




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