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GUATEMALA
El tejido de la vida
Textiles tradicionales hallan nuevos mercados



Lidia Chile no cree ser elegante para vestirse y ciertamente no es rica. Pero nunca se le ocurriría salir de su casa en Santo Domingo Xenacoj sin ponerse una blusa bordada a mano que vale muchas semanas de trabajo.

En las sierras de Guatemala, el arte textil no es sólo una forma de vida y una fuente de ingresos, sino un pronunciamiento de identidad personal y comunitaria cuyas tradiciones se remontan siglos atrás. La confección manual de telas --cuyo diseño a menudo se le presenta al tejedor en sueños-- podría ser considerada un anacronismo dentro del mundo actual de la moda y los métodos de producción en serie. Pero hacer telas a mano es lo que esta gente sabe, y lo saben hacer bien.

Desafortunadamente, la mayor parte de los tejedores de la serranía son inexpertos en materia de comercio, dice Carmen Santos, directora ejecutiva de la Fundación de Desarrollo de Mixco (Fundemix) una organización no gubernamental apoyada por el BID. Fundemix administra programas de capacitación y crédito para microempresarios y los ayuda a ajustar sus líneas de productos a las realidades del mercado global.

Los agentes de crédito y expertos en diseño y producción de Fundemix orientan a los tejedores hacia los productos más demandados. Además, los ayudan a aumentar su producción con nueva tecnología, como la adopción de telares a pedal.

Cuando Fundemix abrió sus puertas, hace una década, los lugareños sospechaban que sus funcionarios eran cobradores de impuestos, ladrones o guerrilleros. Pero con el correr de los años, microempresarias y Fundemix han aprendido mucho unos de otros.

Carmen Santos, por ejemplo, no se sorprendió cuando en la primera de varias casas que visitó hace poco no respondieron a sus llamados a la puerta. Las familias probablemente están plantando maiz o frijoles en sus parcelas, pensó. Cultivar la tierra garantiza a la gente algo que comer en tiempos de incertidumbre, pero también limita su producción de textiles.

En la tercera casa, Santos halló a las mujeres en sus telares. Todas lucían las coloridas blusas que llaman huipiles, pero sus niños correteaban vestidos con ropas de producción industrial.

¿Está en desaparición el huipil? En absoluto, asegura Lidia Chile. "¿De qué otra forma podría la gente saber de dónde somos si no tenemos puestos nuestros huipiles?", pregunta, apuntando que hasta sus hijas visten huipiles en ocasiones especiales.

Pero aunque los 21 grupos étnicos que componen dos tercios de los 10,5 millones de habitantes de Guatemala están reafirmando su identidad y orgullo indígena, las tradiciones están cambiando. Muchas mujeres jóvenes optan por ropas contemporáneas, y muchas de ellas trabajan en las plantas de confección que existen en las afueras de Ciudad de Guatemala. Cuando al fin de la jornada vuelven a sus casas, les queda poco tiempo o energía para dedicarlo al tejido tradicional.

En su última visita del día, Santos le preguntó al tejedor--un hombre-- cómo iban sus pagos.

"Vea, doña Carmen, estamos muy atrasados", fue la respuesta.

"El problema es que él es hombre", dijo Santos más tarde, bromeando a medias. Los hombres están más propensos a experimentar, se estisran demasiado y acaban en dificultades.

Las mujeres, que constituyen casi la mitad de su cartera de créditos, tienen aspiraciones más realistas y son más inclinadas a volcar sus ganancias en el hogar, agregó.

Pero en general, sus clientes no sólo pagan sus obligaciones puntualmente, sino que están demostrando que saber de negocios puede ser de mucha utilidad para preservar su arte y su sustento.

--Roger Hamilton




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