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Chile ocupa una posición relativamente alta en las comparaciones de competitividad económica que preparan anualmente varios centros de estudios internacionales. Pero cuando el puntaje del país en esos índices es disgregado en sus varios componentes, Chile evidencia una sorprendente dicotomía. En términos de variables macroeconómicas y libertad de mercado, Chile se ubica entre las diez primeras naciones del mundo. Pero cuando se lo juzga en algunas variables de productividad empresarial, está más cerca de las 10 últimas. "Ahora que el país tiene un sólido piso macroeconómico, se hacen más aparentes los retos de innovación tecnológica, capacitación, capacidad gerencial y eficiencia del sector financiero", dijo el ministro de economía de Chile, Alvaro García, en una reciente presentación que ofreció en el BID. Según García, el sector privado de su país no invierte lo suficiente en innovación tecnológica y capacitación. "El Estado debe ayudar a financiar esas actividades, pero siempre junto con el sector privado, de manera que haya un compromiso de parte de ellos", explicó. "Es el sector privado el que debe decidir qué se debe hacer en esas áreas y quién tiene que hacerlo". García instó a fortalecer y actualizar continuamente el marco regulatorio y las instituciones de su país para asegurar el fluido funcionamiento de los mercados. García citó el ejemplo de la altamente competitiva industria chilena de las telecomunicaciones. Las compañías de telecomunicaciones han recurrido varias veces al gobierno en el curso de los últimos años pidiendo más regulaciones --no menos, como hubiera sido antes-- que aseguren transparencia en un mercado feroz. García subrayó que una colaboración más activa entre los sectores público y privado debe acompañarse por una permanente insistencia en la buena salud macroeconómica.
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