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HONDURAS
El ingenio salva una represa
Pelotas de juguete y creatividad evitan un colapso



por David Mangurian


Hace tres años, el proyecto hidroeléctrico hondureño Francisco Morazán, la principal fuente de electricidad del país, estaba al borde de convertirse en una pila de US$775 millones en escombros. "El agua se filtraba por todas partes", recuerda William Large, un ejecutivo del BID enviado a Honduras para ver qué podía hacer el Banco para salvar el proyecto. "Sin duda, parecía que la planta generadora se inundaría".

Algunos de los mejores especialistas del mundo habían pasado dos años tratando de contener las filtraciones, pero sin éxito. Nadie imaginó que con ideas originales, 8.650 pelotas de plástico y de madera, y unos 25.000 morrales se estaba a punto de escribir una página en la historia de la ingeniería.

La represa, terminada en 1985, era el más grande proyecto de ingeniería civil llevado a cabo en Honduras. Llevó casi dos años volcar el concreto que abarca un estrecho cañadón, el que da a la represa su nombre popular, El Cajón. La represa arqueada en doble curva, de 226 metros de altura, es la sexta más alta del mundo.

Con capacidad de 300.000 kilovatios, El Cajón iba a proveer 70 por ciento de las necesidades de electricidad del país y un excedente que podía ser exportado a la vecina Nicaragua.

Pero tan pronto fue llenado el embalse en 1986, se hicieron evidentes algunos problemas. Los ingenieros se alarmaron al notar que el peso del agua causaba pequeñas grietas en la cortina de cemento, detrás del dique. El agua había comenzado a filtrarse y a erosionar cavidades de arcilla en la fundación de piedra caliza de la represa.

Los ingenieros hidráulicos siempre esperan filtraciones como resultado de las presiones que causa apresar inmensas cantidades de agua. Fue excavado un gran sumidero en uno de los extremos de la planta generadora para concentrar la filtración y bombearla afuera. Pero hacia 1993 el agua estaba filtrándose a razón de 1.600 litros por segundo. Más alarmante aún era que el agua estaba teñida por la arcilla, indicado que las fisuras y las cavidades en el lecho de piedra caliza se agrandaban. Si no se contenían las pérdidas, la planta generadora eventualmente se inundaría y hasta la represa misma se vería amenazada si su fundación se tornaba más porosa.


AL RESCATE...

El Banco Mundial le prestó a Honduras US$12 millones para financiar una operación de rescate. Conrodio, un consorcio europeo líder en inyección de cemento, fue contratado para efectuar el intimidante trabajo.

Fue necesario designar maquinaria especial de perforación e inyección para resistir la tremenda presión causada por la elevada masa de agua encerrada por el dique. Fueron perforados cientos de agujeros, algunos de hasta 250 metros de profundidad, desde la base de la represa en su fundación de piedra caliza y fueron inyectadas toneladas de distintas mezclas de cemento, arena y ripio. Pero la mayor parte se filtraba y acababa en el sumidero de la planta generadora. Nada daba resultado y se agotaban el tiempo y los fondos.

El 24 de abril de 1994, una sobrecarga causó un corte de energía eléctrica en toda Honduras. Las bombas de la central generadora dejaron de funcionar y el agua comenzó a subir, mientras los generadores de emergencia se negaban a arrancar. "Era tenso", recuerda Jorge Flores, el geólogo jefe de El Cajón. "El agua casi llegó a nivel del piso". La planta generadora estaba a punto de ser inundada cuando las turbinas finalmente arrancaron, generando la energía necesaria para accionar la bomba.

Si se hubieran inundado las turbinas de la planta generadora, El Cajón se hubiera convertido en un enorme elefante blanco, dejando al país en la oscuridad, paralizando a las empresas y a la economía. Honduras ya estaba racionando la electricidad, debido a dos años de sequía y a las filtraciones que habían bajado el nivel del embalse de El Cajón, reduciendo a la mitad su capacidad de generación.

Pero aunque la crisis inmediata estaba superada, las filtraciones seguían empeorando. "Era desmoralizador trabajar sin ver ningún resultado", recuerda Flores.

Hacia fines de 1994, los fondos del Banco Mundial estaban casi agotados. El BID aprobó rápidamente un préstamo de emergencia de US$37 millones que incluía US$5,14 millones para El Cajón.

Geólogos e ingenieros decidieron que necesitaban inyectar algo más grande, de 5 a 7 centímetros, que se atascara dentro de las fisuras y cavidades y evitara que las inyecciones de mezcla se escurrieran antes de fraguar. Pero no había disponibles guijarros redondos de ese tamaño, bien seleccionados, en ningún lugar vecino. Flores tuvo entonces una singular idea: pelotas de juguete de ese tamaño que podían ser rellenadas con cemento. Su personal visitó las tiendas cercanas y compró cientos de pelotas.

"Le decíamos a los tenderos que los peces en El Cajón necesitaban pelotas de fútbol", dice Flores.

Era una idea loca, pero comenzó a funcionar. Los ingenieros necesitaban también algo que flotara para obturar los agujeros en el tope de las cavidades. Trataron de rellenar las pelotas con maíz seco, pero también se escurrían. Después trataron de usar pelotas de madera. Eso funcionó. En total los ingenieros inyectaron 8.650 pelotas de plástico y de madera en los centenares de agujeros que habían perforado. Pero aunque las pelotas permanecieron en su lugar, no retenían suficiente material inyectado para sellar las cavidades.

Flores tuvo otra idea singular: morrales de polipropileno inyectados en las perforaciones podían abrise como si fueran redes de malla y evitar que el cemento inyectado se escurriera. Encontrar morrales en un país agrícola fue fácil y durante los siguientes seis meses 25.000 fueron insertados en las cavidades de piedra caliza bajo la fundación, seguidos de inyecciones de mezcla. Hacia abril de 1995, la filtración se había reducido de 1.600 litros por segundo a menos de 100 litros. La presión hidrostática bajo el dique bajó en un 60 por ciento.

Actualmente el embalse de El Cajón está lleno a plena capacidad y su planta generadora está funcionando al máximo. Las inyecciones de mezcla han resistido hasta ahora el tremendo peso del embalse lleno.

"Lo que aprendimos en El Cajón puede algún día salvar una represa en otra parte del mundo", asegura Rolando Yon-Siu, el especialista del BID que supervisó la operación de rescate.




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