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RECURSOS
Nuevas corrientes en manejo de aguas
Ya no se puede ir con el flujo



por Roger Hamilton


Cuando la población de América Latina era más reducida, cuando pocas de sus ciudades tenían más de un millón de habitantes y cuando sus industrias estaban en la infancia, eran poco frecuentes los conflictos a causa del agua. Había suficiente para todos. Cuando se necesitaba más agua la solución era simple: construir más infraestructura para aumentar el suministro.

Pero América Latina ha cambiado. Su población rápidamente creciente, sus ciudades en expansión, su veloz industrialización y los avances en tecnología agrícola ahora están poniendo a prueba sus recursos acuíferos. El volumen per cápita disponible está bajando en muchas ciudades y varios países. En Perú, por ejemplo, el agua disponible ha bajado de unos 4.800 metros cúbicos por persona en 1955 a unos 2.100 en 1990 y se espera que baje a unos 1.050 metros cúbicos por persona hacia el año 2025.

Se calcula que la inversión en infraestuctura en Sudamérica, estimada en 100.000 millones de dólares entre 1990 y el 2025, aumentará la demanda de agua en alrededor de 70 por ciento. El mayor consumidor seguirá siendo la agricultura, seguida del consumo municipal y la industria.

A medida que diferentes usuarios compitan por un mismo escaso recurso, los esfuerzos para suministrar más agua a algunos significarán menos agua para otros. Las inversiones para aumentar el suministro no pueden por sí solas solucionar los problemas de agua de la región a largo plazo. Ni tampoco pueden hacerlo los esfuerzos aislados para su conservación o las medidas para aumentar la eficiencia de su uso.

Crece el consenso de que América Latina y el Caribe deben hacer cambios fundamentales en la forma en que se administra el agua, un cambio de paradigma. Sólo de esa forma pueden ser distribuidos recursos crecientemente escasos entre grupos de usuarios y ecosistemas naturales de manera que la región pueda evitar futuros conflictos y degradación ambiental.


CONFLUENCIA DE POLêTICAS...

El cambio está a la orden del día en América Latina. Los países están redefiniendo la tarea del gobierno y dando más poder al sector privado y a la sociedad civil.

Ese espíritu de reforma ha dado a quienes administran el agua en la región la oportunidad de intentar nuevas estrategias. Respondiendo a esos cambios, el BID está desarrollando ahora una estrategia integrada de administración de recursos acuíferos orientada a cambiar la forma en que el Banco apoya a los países miembros. En lugar de enfocar proyectos individuales para aumentar el suministro de agua, la estrategia reconoce que sólo se deben hacer nuevas inversiones en un contexto amplio que examine el valor social, económico y ambiental de ese recurso. Más aún, las comunidades afectadas y el sector privado deben participar en la toma de decisiones concernientes al agua.

El proceso de desarrollo de esa estrategia incluyó consultas internas y externas como base para un documento de antecedentes que proveerá elementos para una propuesta de estrategia a ser considerada por el Comité de Políticas del Directorio Ejecutivo del BID.

Adaptando y promoviendo nuevas ideas en materia de agua, el BID reafirma su tradicional rol como importante protagonista en ese área en América Latina. El primer proyecto del Banco fue para el sector de agua potable en Arequipa, Perú, y actualmente el Banco invierte cerca de mil millones de dólares anuales en proyectos vinculados con agua. Financiamiento del BID ha ayudado a los países de la región a hacer impresionantes progresos en el suministro de agua y en saneamiento, energía y producción de alimentos. Pero las necesidades no satisfechas siguen siendo enormes: se estima que sólo un 78 por ciento de la población de la región cuenta con agua potable y sólo 69 por ciento con servicios cloacales.

Una nueva estrategia no debe depender sólo de represas y acueductos, sino también de leyes y políticas. Muchos países carecen actualmente de las instituciones necesarias para hacer funcionar un manejo integrado de recursos acuíferos. Por lo tanto el objetivo no es producir un plan basado sólo en análisis económicos, hidrológicos o de ingeniería, sino examinar también formas de eliminar obstáculos institucionales. El desafío es cambiar las instituciones existentes de manera que puedan planear y repartir los recursos acuíferos en forma eficiente y equitativa.

Esto es más fácil decirlo que hacerlo. Las entidades públicas existentes con experiencia en la materia son precisamente las que tienen intereses creados en preservar para sectores grandes y poderosos las prioridades en el uso de agua. Sería irracional esperar que esas instituciones tomen una posición neutral en la asignación de recursos entre diferentes grupos de usuarios.


MONITOR INDEPENDIENTE...

Para contribuir a reducir potenciales conflictos, la estrategia del BID propicia la creación de entidades descentralizadas autónomas que regularán la aplicación de políticas y mecanismos de asignación de recursos previamente acordadas. Esas entidades estarán en mejor posición para resistir presiones de intereses especiales que podrían distorsionar el proceso de asignación de recursos.

Los organismos de gobierno con intereses en el sector agua no estarán ansiosos por ceder parte de su poder a los nuevos entes regulatorios. Como observa el documento estratégico de antecedentes del BID, "los hábitos de la costumbre, inercia burocrática, estructura organizativa, especialización profesional y ventajas políticas, pesa todo a favor de mantener las cosas como están".

Sin embargo, el nuevo enfoque ha sido bien recibido por especialistas en agua en recientes reuniones organizadas por el BID. Mientras la nueva estrategia es completada, el Banco está ayudando a países de la región a revitalizar el manejo de agua. En El Salvador, el Banco está brindando asistencia técnica y financiera a un programa del gobierno para la creación de organismos regulatorios. Densamente poblado, El Salvador enfrenta fuertes presiones ambientales exacerbadas por una seria escasez de agua. Como parte de un amplio programa de modernización del gobierno que ya ha reestructurado los sectores de energía y telecomunicaciones, El Salvador busca ahora racionalizar la administración de agua.

Los miembros del equipo del BID que trabajan en el proyecto con funcionarios salvadoreños dicen que el gobierno tiene una clara idea de lo que se necesita hacer para asegurar que la solución a las cuestiones de manejo del agua no sea entorpecida por naturales batallas de jurisdicción política. Después que los organismos regulatorios del agua sean establecidos y estén en operación, el gobierno usará el financiamiento para fortalecer la capacidad de ellos y formular un conjunto de políticas en materia de aguas que serán la base de su estrategia a largo plazo. Préstamos del BID financiarán también la rehabilitación de los sistemas de suministro de agua y de saneamiento.

Los esfuerzos del BID complementan varias otras iniciativas en el área de manejo de aguas en la región. La Organización Meteorológica Mundial está coordinando un estudio de factibilidad en 13 países de la región para mejorar el pronóstico de agua. Funcionarios en Argentina y Paraguay están hablando acerca de planes maestros de recursos de aguas. Costa Rica, Jamaica y Brasil están interesados en crear comisiones de cuencas fluviales. Perú y Ecuador están discutiendo la opción de privatizar el manejo de aguas. Las naciones de Centroamérica están efectuando detalladas evaluaciones de la situación de los recursos y administración de aguas.




Herramientas para administrar el agua

Aunque el BID no puede dictar las medidas que los países deben tomar para sus planes de manejo de aguas, puede plantear una serie de metas que deberían ser consideradas como parte del proceso de planificación.

-- Lograr sustentabilidad financiera recobrando el costo de las inversiones.
-- Establecer instituciones y capacitar personas para sentar las bases de reformas.
-- Involucrar a los interesados en la formulación de estrategias.
-- Descentralizar el proceso de toma de decisiones.
-- Dar un rol significativo al sector privado para que el agua se dirija a los usos económicamente más valiosos.
-- Considerar el uso de derechos comerciables al agua, tomando medidas para proteger el medio ambiente.
-- Crear consejos de cuencas fluviales como herramientas de gestión.



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